A 25 años de su creación, el Banco de Alimentos busca ampliar su red de donantes ante la caída de los aportes industriales

El 5 de abril de 2001, ocho meses antes del estallido de la crisis argentina, el Banco de Alimentos Buenos Aires realizó su primera distribución: seis toneladas destinadas a seis organizaciones sociales de zona norte. Funcionaba en un depósito alquilado en San Martín y partía de una idea: recuperar productos que habían perdido valor comercial pero seguían siendo aptos para el consumo y acercarlos a quienes los necesitaban. Entre los relatos de aquellos comienzos figura una entrega de latas de paté al hogar La Casita. La organización atravesó crisis y una pandemia. Hoy, a 25 años de su fundación, sigue creciendo y cuenta con un centro de distribución propio en Benavídez. Durante 2025 alcanzó a 354.027 personas mediante 1335 entidades sociales. Sin embargo, llega a su aniversario con una dificultad que contrasta con el crecimiento de su estructura: recibe menos alimentos de la industria y necesita incorporar nuevos aliados para sostener la asistencia.Fernando Uranga, director general del Banco de Alimentos Buenos Aires, reveló a LA NACION que el volumen aportado por la industria cayó un 25% respecto del año pasado. La disminución no corresponde al total de las donaciones, sino específicamente a ese sector. Según explicó, el bajo consumo y los márgenes estrechos llevaron a las compañías a producir menos y reducir sus excedentes disponibles para donar. Por eso, la búsqueda del Banco de Alimentos apunta ahora a productores, supermercados y empresas que puedan colaborar con alimentos o servicios logísticos.El contraste aparece en los resultados del último año. Durante 2025, el Banco distribuyó 7.283.252 kilos de alimentos y productos de higiene y limpieza. Según su reporte de impacto, la asistencia alimentaria representó el equivalente a 21.849.756 platos de comida. Del total de personas alcanzadas, el 61% tenía entre 0 y 19 años. Participaron 385 empresas aliadas, 6184 voluntarios y 21.363 donantes individuales.De un depósito alquilado a una red de asistenciaLa historia comenzó en 2000, cuando un grupo de personas preocupado por el hambre y el desperdicio alimentario decidió investigar el funcionamiento de los bancos de alimentos de los Estados Unidos. Entre los impulsores estuvieron Mercedes Doyhenard de Schilling, Clara de Gotelli y el sacerdote Rafael Braun. La propuesta era recuperar productos aptos para el consumo y distribuirlos entre organizaciones sociales.La primera entrega llegó en abril de 2001. Para diciembre, cuando estalló la crisis, la institución ya estaba en funcionamiento. La demanda creció, al igual que el vínculo con comedores y hogares. Según su cronología, durante aquel primer año, asistió a 29.400 personas a través de 196 organizaciones.El crecimiento exigió infraestructura para recibir, conservar y distribuir las donaciones. En 2003 incorporó su primera cámara de frío, que permitió sumar productos frescos y congelados. Entre 2004 y 2006, el modelo se extendió a otras ciudades y dio origen a la Red Argentina de Bancos de Alimentos. En 2007 obtuvo la certificación de calidad ISO 9001; en 2011 se trasladó a un depósito más grande en San Martín; en 2012 incorporó códigos de barras para mejorar la trazabilidad y en 2014 adquirió su primer camión.La pandemia volvió a poner a prueba esa estructura. Durante 2020, el Banco participó de la iniciativa solidaria #SeamosUno y distribuyó más de siete millones de kilos de alimentos y productos. La asistencia alcanzó entonces a unas 500.000 personas.Para ese momento ya se proyectaba otro cambio. En 2007, el Banco de Alimentos había recibido la donación de tres terrenos en Benavídez, partido de Tigre. En 2019 lanzó una campaña para reunir fondos y, en diciembre de 2021, comenzó la construcción de un centro propio. La mudanza se concretó en 2023 y permitió ampliar un 70% la capacidad de almacenamiento. En 2025, el Banco recertificó la norma ISO 9001 y obtuvo por primera vez la certificación ambiental ISO 14001.El desafío de mejorar lo que llega a la mesaEl crecimiento también modificó la manera de entender la asistencia. La distribución de mercadería comenzó a complementarse con programas destinados a mejorar la calidad nutricional de las comidas, capacitar a referentes de las organizaciones y promover hábitos alimentarios que perduren.Para Uranga, existe una población que necesita acompañamiento de manera permanente, más allá de los cambios económicos y políticos. En diálogo con LA NACION, destacó especialmente a los chicos y la importancia de una alimentación adecuada para su futuro.Una de las respuestas fue Desayunos Saludables, dirigida a niños de entre 3 y 12 años que asisten a organizaciones comunitarias, jardines maternales y espacios de apoyo escolar. Incluye frutas, lácteos y cereales, además de talleres para quienes preparan las comidas. En agosto de 2025, durante los primeros cuatro meses de su segunda edición, había entregado 324.000 kilos de alimentos, equivalentes a 860.460 desayunos, a 11.539 chicos de 100 organizaciones del AMBA. Al cierre del año, la cifra ascendió a 1.734.850 desayunos completos, distribuidos durante ocho meses mediante 304 entregas quincenales. La meta para 2026 es alcanzar a 18.000 chicos.En 2025 también se puso en marcha el Programa Legumbres. Su origen estuvo vinculado con una encuesta realizada a fines de 2024 entre las organizaciones asistidas: apenas el 37% incorporaba legumbres a sus comidas más de una vez por semana. Una de las barreras era el desconocimiento sobre cómo prepararlas. El programa combina entregas, talleres y alianzas agroindustriales.La recuperación de frutas y hortalizas, por su parte, creció un 30% interanual durante 2025. Mediante acuerdos con productores y mercados concentradores se rescataron más de 1,5 millones de kilos. En conjunto, Desayunos Saludables y Legumbres alcanzaron a 47.991 personas, según el reporte de impacto. El objetivo también es ofrecer comidas de mayor valor nutricional.Menos donaciones industriales y nuevos caminosMientras el Banco amplió sus instalaciones y programas, el abastecimiento comenzó a enfrentar una dificultad. Uranga explicó que la reducción de los excedentes industriales obliga a diversificar las fuentes de donación. Una de las oportunidades está en los supermercados, donde existen productos que podrían recuperarse antes de quedar fuera del circuito de consumo.En septiembre, la institución difundió un comunicado en el que citó un estudio de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Según ese relevamiento, durante 2025 se descartaron alrededor de 73 millones de kilos de alimentos en supermercados y autoservicios, con pérdidas estimadas en 370.520 millones de pesos. El Banco sostiene que parte de esa mercadería podría aprovecharse mediante mecanismos de recuperación y redistribución.Uranga señaló la necesidad de difundir el alcance de la Ley Donal, cuyo artículo 9 contempla un resguardo de responsabilidad para quienes entregan alimentos bajo las condiciones previstas por la norma. La institución identifica, además, obstáculos económicos: según la interpretación expuesta en su comunicado de septiembre, el tratamiento del IVA puede desalentar la donación frente a determinadas formas de descarte. Por eso, junto con la Red Argentina de Bancos de Alimentos, impulsa cambios normativos que faciliten recuperar productos aptos para el consumo.La búsqueda de aliados incluye alimentos, aportes económicos, transporte, apoyo a programas nutricionales y voluntariado corporativo. Para muchas entidades, el traslado y almacenamiento son dificultades adicionales.La tecnología abrió otra vía. Mediante una aplicación propia, el Banco conecta a empresas y productores con organizaciones para canalizar entregas pequeñas o urgentes, especialmente de productos con vencimientos próximos. Durante 2025 permitió gestionar más de 9000 microdonaciones, equivalentes a 244 toneladas de alimentos y productos, que beneficiaron a 179 organizaciones.Entre los proyectos de 2026 figura un nodo territorial en la zona sur del conurbano, pensado para acercar la distribución a entidades que enfrentan dificultades logísticas. La iniciativa forma parte de cuatro prioridades: educación alimentaria, cercanía con las organizaciones, eficiencia logística y transformación digital.

Fuente: La Nación