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Un mundo con final abierto
El tema principal de la Argentina es la incertidumbre global. Es la preocupación de todos los países. No solamente de los estados, sino también de los que tienen que tomar decisiones económicas. Empresariales y, sobre todo, financieras. Es lo que más importa a los consumidores porque está pegando sobre una materia que impregna a toda la economía: la energía, más que nada en los precios de los combustibles, que empuja a la inflación.Esa incertidumbre se debe a varios fenómenos bastante extraños. Uno muy inusual: hay dos guerras simultáneas, algo que no es fácil de ver en la historia, con elementos que están entrelazados y con actores que están en ambos conflictos, como Estados Unidos.Un mundo con final abierto; el editorial de Carlos Pagni en Odisea Argentina (19/10)El primer tema que afecta mucho a los combustibles es la guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán. Es la última derivada de un ataque terrorista, el de Hamas, que lamentablemente pocos recuerdan. Es el punto inicial en la línea de acontecimientos que se sucedieron desde aquel momento hasta ahora.Esta guerra no tiene fin. Donald Trump no le encuentra una salida. Tenemos noticias de que los iraníes proponen una tregua que signifique liberar el estrecho de Ormuz, cuyo bloqueo es la forma que tiene EE.UU. de asfixiar a Irán en sus exportaciones de petróleo. Plantean terminar con ese conflicto, pero desde los Estados Unidos exigen un desmantelamiento del plan nuclear, que en Teherán se niegan a conceder.Este conflicto está impactando en el precio de los combustibles, particularmente en Estados Unidos, en vísperas de las elecciones de medio término. Si vemos el recorrido de los precios de la gasolina, antes de que empiece la guerra el galón estaba a US$2,90, y hoy está a US$4,30. Esto es determinante para la orientación del voto; por eso se supone que muy probablemente Trump pierda, al menos, la Cámara de Representantes.Otra guerra es la que se desató a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania. Está ligada a la anterior porque hay un nexo histórico entre Rusia e Irán. Este conflicto también sigue abierto: Trump, que venía a cerrar todas las guerras, no solo no pudo cerrar ninguna, sino que abrió o estimuló otras.En algún momento, Trump fue el respaldo de Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania. Pero ahora se aproximó a Putin, justamente para poder moderar la disparada de precios de los combustibles, que está provocada por la otra guerra. Trump levantó sanciones contra Rusia para que pueda exportar alrededor de 300.000 toneladas de diesel. Sanciones que él había sostenido. Hay quienes dicen que no hay una alianza, sino un sometimiento de Trump a Putin. Y algunos interpretan que se trata de una cuestión psicológica y personal. Que habría una especie de veneración, admiración o envidia del presidente de Estados Unidos, que es muy personalista en el manejo del poder, respecto de Putin, que manda en serio. Que lidera una autocracia.Según informó The Wall Street Journal, el 18 y 19 de noviembre podría haber una cumbre entre Trump, Putin y un actor muy importante de la escena que se mantiene silencioso: Xi Jinping, aunque todavía no confirmó su presencia. Es una conferencia importante porque no está Europa, ni Ucrania. Aunque quieren hablar de Ucrania y de Europa.Europa es la otra zona dramática hoy en este mundo sacudido. Están afectados Francia, Italia y Albania, por protestas relacionadas a ajustes fiscales y al recorte del poder adquisitivo. Es la aparición de una nueva figura, la misma que en EE.UU. determinó la derrota de Biden: los nuevos pobres. Se trata de gente que está conforme porque la inflación se desaceleró pero no tiene el poder adquisitivo de antes. Los precios están quietos pero el salario no alcanza y descubren lo que descubrió hace años el maestro Juan Carlos Torre: los programas de estabilización dejan un sabor amargo porque se detiene la inflación y, en consecuencia, aparece la verdadera situación de cada individuo en la escala social. Y todos van descubriendo, principalmente la clase media, que quedaron en una situación inferior a la que estaban cuando se desató la crisis.El problema del salario que no alcanza está afectando a todas las sociedades occidentales y produce protestas, que, en algún momento, están estimuladas por Putin. Hay una intervención permanente de Rusia a través de influencers en redes sociales para producir una radicalización, sobre todo en Europa, el continente desde el cual Rusia es observada con mayor preocupación.Europa está atenazada porque no solamente está siendo hostigada por Putin, sino también por Trump, cuya política es recuperar el poder económico que EE.UU. cedió a lo largo de décadas, principalmente en el campo comercial. Washington, para liderar el mundo, admitió tener déficit comercial frente al resto de los países. Estados Unidos, con Trump, quiere recuperar ese poder y, por eso, le pide a Europa que financie lo más caro: la defensa. No van a ser más sus custodios.Estados Unidos se dedicó durante muchos años a financiar la defensa europea, beneficiando a empresas americanas que vendían la tecnología que se utilizaba. Esto implica una discusión en cada país respecto a aumentar el presupuesto de defensa y, en consecuencia, cómo incrementar los impuestos. Lo que genera mayor malestar. Se trata del derrumbe de algo que se conoció durante toda la posguerra como el “Estado de Bienestar”.En los últimos 50 años, los europeos vivieron como nadie había vivido en toda la historia. Este bienestar está en crisis en Europa y genera movimientos de insatisfacción, en muchos casos muy violentos. Algunos pueden estar siendo estimulados por los rusos.Zelensky fue a pedir auxilio a los europeos explicando que, si no lo protegían, Putin iba a ir por ellos. Los europeos están en una situación muy incómoda, tironeados por las distintas fuerzas.Todo este panorama de incertidumbre encarna en gente con mucha preocupación, que son los actores del sistema financiero. Hace unos días, el titular de un fondo de inversión que está enfocado en la compra y venta de bonos soberanos me decía que es una situación desesperante porque están perdiendo plata todos los meses, pero, a su vez, todos están esperando una gran ganancia para cuando se anuncie el fin de alguna de estas guerras, sobre todo la de Medio Oriente. Como la paz se insinúa todo el tiempo, nadie quiere desprenderse de esos títulos que un día pueden multiplicar su valor. Mientras tanto, pierden la plata.Frente a este escenario, apareció la voz de quien probablemente sea la persona más importante del sistema financiero internacional: Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, el banco más importante del mundo. Advirtió, desde Wall Street, que puede haber una crisis financiera internacional seria porque, por la defensa, los países se van endeudando; las empresas, a su vez, se van endeudando para poder mejorar su perfil en inversiones tecnológicas de inteligencia artificial. El crédito se va volviendo cada vez más caro. Y a esto hay que agregarle la inflación, derivada del aumento de combustibles. Así, Dimon pidió a los actores políticos que terminen con esta dinámica belicosa.Estos vientos que sacuden al mundo e inyectan en la vida política montos muy difíciles de procesar de incertidumbre afectan también a la Argentina y al programa de Milei, principalmente a través del plan contra la inflación. El último índice mayorista, de septiembre, arrojó un número preocupante: 3,2%. El 15% de ese aumento se explica por el aumento de las naftas y el gas, en una economía que se sustenta en una matriz gasífera. Esto afecta a la principal oferta política del Gobierno, que es bajar la inflación.No se logra bajar la inflación, que hace ya más de un año que viene siendo la misma, para inquietud del Presidente y del equipo económico. Milei y Caputo podrían contestar que es un problema de todos los países, lo que es cierto, pero, si uno mira cuánto aumentó en América Latina, la Argentina encabeza la lista.Aumenta también la otra gran variable: el riesgo país. Milei tuvo un discurso importante este lunes en Neuquén, en una convención sobre petróleo, y se ufanó, con derecho, de cómo aumentan los ingresos en la Argentina por las exportaciones. Es verdad, esto no empezó con Milei, sino que en el gobierno anterior, pero está beneficiando a la Argentina en su conjunto y, también, al gobierno de Milei, con un superávit de comercio en materia energética muy importante. Un experto como Daniel Gerold lo adelantó muy temprano, durante la gestión de Alberto Fernández.Aún así, el mercado financiero no le cree a un gobierno al que le ingresan más dólares que antes y va a tener un superávit de comercio muy importante. Sospecha que tiene problemas para pagar la deuda del año que viene y el riesgo país se vuelve a disparar. Uno puede pensar que eso sucede en todos lados y es cierto, pero no pasa de la misma manera. Desde el 9 de octubre hasta hoy, la Argentina tuvo un aumento del riesgo país de 56 puntos básicos. Pasó de 592 a 648.En cambio, en México, el incremento fue de 11 puntos y, en Brasil, de 9, en medio de la incertidumbre por el resultado electoral. Mientras la Argentina está en 648, nuestro país vecino, el Brasil de Lula, está en 167. Por su parte, Colombia subió tres y quedó en 220 y Chile, que siempre es la niña bonita, aumentó dos, y llegó a 96. La Argentina sigue con un problema de desconfianza del mercado financiero. Es una limitación curiosa porque este es un programa pensado por financistas para Wall Street. Los cerebros de este programa vienen del mundo de las finanzas, empezando por Luis Caputo. El mercado sigue desconfiando, frente a un país que va camino a las elecciones. El Gobierno lo define como el “riesgo kuka”, el miedo a Axel Kicillof, que como candidato está muy visible. Caputo lo llamó “el anticristo”. ¿Es eso o son deficiencias del propio programa económico, que estabiliza la economía con algunas palancas riesgosas, como el atraso cambiario?El Presidente habló de esta situación e
Fuente: La Nación