Diego Román, el brasileño que heredó de su padre el amor por Boca y Vasco y ahora los verá frente a frente en el Maracaná

RÍO DE JANEIRO (Enviado especial).- Nació en Río de Janeiro, es brasileño y es fanático tanto de Boca como de Vasco da Gama, una combinación que para él nunca tuvo nada de extraña y que ahora lo pone en una situación particular: este martes estará en el Maracaná para la revancha de las semifinales de la Copa Sudamericana. “Mi armario es solo ropa de Boca y Vasco”.Hay otro detalle que completa la historia: se llama Diego por Maradona y Román es su apellido. El año pasado, antes de un partido de Boca, tuvo que mostrarle el documento a uno que pensaba que estaba bromeando. “Le dije mi nombre y me preguntó: ‘¿Vos te llamás Diego Román?’. Le dije que sí, pero no me creía. Entonces saqué el documento y se lo mostré. Cuando vio que era verdad me dijo: ‘Desde ahora te voy a llamar Dios’. Y yo le decía: ‘No, pará, boludo, no hagas eso’”, recuerda entre risas.En su caso, sin embargo, la relación con Boca no nació de Maradona ni de Riquelme, aunque los dos formen parte de esa historia. Empezó en su casa, antes de que pudiera entender de qué equipo era. Su padre había nacido en Buenos Aires, pero pasó parte de su infancia en Misiones y, cuando volvió a vivir con su familia, un primo empezó a llevarlo a la Bombonera. En 1988 conoció a una brasileña, la madre de Diego, y en esos años también empezó a hacerse cada vez más fuerte su relación con Vasco.Ese vínculo terminó de afirmarse en 1984, durante un partido de la Copa Libertadores entre Argentinos Juniors y el equipo brasileño, en la cancha de Ferro. “Mi viejo conocía a Vasco, pero ahí se terminó de enamorar. Había un hincha solo, con pantalón, camiseta, una banderita, una vincha... todo con los colores del club. Se acercó porque veía que podía tener problemas con los barras de Argentinos y habló con los jugadores para que lo llevaran con la delegación, a un lugar seguro. Primero fue con Acácio, el arquero, y después apareció Roberto Dinamite, el gran referente del club, que desde ese día también pasó a ser el ídolo de mi papá”.Con los años, el vínculo fue mucho más allá. Ya instalado definitivamente en Río, su padre terminó siendo conocido dentro de la hinchada como ‘el Argentino’. Viajó por Brasil y también trabajó durante años en la seguridad del club, tanto con el presidente como con los planteles de inferiores.—¿Tus amigos entendían que fueras brasileño y también hincha de un club argentino?—Sí, porque Boca acá es muy querido. Por ejemplo, en Vasco y en Fluminense hay jugadores de inferiores que se llaman Riquelme. Hay muchos Riquelme en Brasil. Yo uso camisetas y pantalones de Boca y Vasco todos los días. Mi armario es solamente ropa de Boca y Vasco. Entonces para mí salir a la calle con una camiseta de Boca es algo completamente normal. Nadie me mira raro por eso. Botafogo, por ejemplo, es un club importante de Río, pero no tiene tantos hinchas. A veces me pasa de ver más camisetas de Boca que de ellos.Su vínculo con Boca también lo llevó varias veces a Buenos Aires. La primera fue cuando tenía dos años, aunque de aquella visita solo conserva algunas fotos. Ya de grande, volvió en 2012 para ver un partido en la Bombonera: fue el 1-1 ante Corinthians, en la ida de la final de la Copa Libertadores. Desde entonces regresó en varias oportunidades: contra River, Estudiantes, Barracas Central y Defensa y Justicia, además del 0-1 ante Vasco.Durante años habló con su padre sobre qué pasaría si Boca y Vasco se cruzaban en un partido importante. El Gringo murió el año pasado y la serie llegó ahora, sin él.“Era algo que podía suceder algún día, claro. Y cuando se confirmó esta serie pensé mucho en mi viejo, porque seguramente la hubiera vivido igual que yo. Para nosotros los dos clubes siempre estuvieron juntos. Nunca tuvimos que elegir entre uno u otro”, explica.—¿Tenías en claro por quién ibas a hinchar?—Demoré mucho en decidirlo. Pensé en ir con la gente de Vasco a la Bombonera y con la de Boca al Maracaná. Fueron pasando los días y me acordé mucho de algo que decía mi viejo: si alguna vez había que elegir, había que pensar que Boca ya ganó todo y que Vasco es un club enorme que necesita volver a ganar algo. Boca no quiere la Sudamericana, quiere la Libertadores. Y Vasco, honestamente, necesita cualquier cosa.—¿Y qué terminó pesando más?—Cuando mi padre falleció todos me dieron mucho cariño, tanto los hinchas de Boca como los de Vasco. Pero los que están conmigo todos los días, con lluvia, con sol y con todo, son los de Vasco. Yo no podría dejarlos de lado. No sería justo con ellos. Si hay un partido un sábado de carnaval y van mil personas a la cancha, yo estoy ahí. Estoy con ellos siempre.—¿Gritaste el gol en la ida?—Lo grité mucho, con mi corazón. Y justamente tiene que ver con eso. Boca significa muchísimo para mí, pero la gente de Vasco está conmigo todos los días. No puedo olvidarme de eso porque justo enfrente esté Boca. No sería sincero.—Entonces, si te pregunto por quién querés que pase...—Es muy complicado. Parece una pregunta simple, pero no lo es. Yo voy a estar con Vasco, porque es donde estoy siempre y porque es la gente que está conmigo. Pero si pasa Boca, obviamente me va a doler por Vasco y al mismo tiempo voy a estar feliz porque es Boca. Y si pasa Vasco me va a doler por Boca, pero voy a estar feliz por Vasco. Es así. No puedo cambiar lo que siento. Como les dije a mis amigos: pase lo que pase, yo ya estoy en la final.

Fuente: La Nación Deportes