Con El Niño ya teniendo efecto en Argentina, el girasol tiene una oportunidad para dar un salto productivo.
No obstante, contar con agua no garantiza rindes: es preciso revisar las decisiones de manejo que preparan al cultivo para aprovechar un ambiente más favorable.
En otras palabras: en lugar de pensar el girasol como un cultivo capaz de sostenerse con una inversión tecnológica moderada, el desafío pasa por adoptar una estrategia ajustada al potencial de cada lote.
La elección del híbrido, la fecha de siembra, la densidad, la nutrición y la sanidad forman parte de una misma ecuación.
EL GIRASOL JUEGA SU PARTIDO
“Las brechas de rendimiento en general son mayores en años buenos que en años limitantes. Esto nos invita a pensar estrategias más ofensivas”, planteó Guido Di Mauro (UNR), especialista de la Red de Girasol de Aapresid, durante el Congreso Aapresid 2026.
En campañas favorables, explicó, las brechas de rendimiento pueden ser incluso mayores que en años con restricciones hídricas: cuando el ambiente permite producir más, un manejo que no acompaña ese potencial puede dejar una parte importante de la oportunidad sin capturar.
Según datos de ASAGIR e INTA el desafío no es menor: el rendimiento promedio histórico nacional se ubica en torno a los 2.100-2.200 kg/ha, mientras que la brecha respecto del rendimiento alcanzable según la disponibilidad hídrica se estima entre el 34% y el 40%.
Con un manejo ajustado, los rendimientos potenciales limitados por agua podrían ubicarse entre 3.200 y 3.500 kg/ha.
¿ESTAMOS FERTILIZANDO EL GIRASOL COMO SE DEBE?
La nutrición es uno de los principales puntos a revisar a la hora de cerrar brechas en girasol. Históricamente, el cultivo recibió menos tecnología que otros cultivos estivales, en parte por su reputación de rusticidad y por su capacidad de explorar el perfil del suelo mediante una raíz pivotante.
Sin embargo, esas características no reemplazan los nutrientes que necesita para expresar su potencial.
Pero esto no significa sencillamente fertilizar más, sino identificar qué limita en cada ambiente y ajustar las dosis a partir de información concreta.
Guido Di Mauro, disertando en el último Congreso Aapresid
Los ensayos de la Red de Girasol de Aapresid refuerzan esa idea: parte de los sitios evaluados no se registraron diferencias significativas de rendimiento ante distintas dosis de nitrógeno.
La explicación puede estar en el aporte del suelo, en el potencial productivo del ambiente o en una demanda que varía según las condiciones de cada lote.
Por eso, ante una campaña favorable, el primer paso es revisar los análisis de suelo y estimar la oferta de nutrientes en función del rendimiento al que se apunta.
La oportunidad no está en aplicar una receta uniforme, sino en detectar dónde una mejor nutrición puede convertirse en más kilos.
Para cerrar una estrategia nutricional equilibrada, debe asegurarse buenos niveles de fósforo y nitrógeno- clave en las primeras etapas del cultivo – y boro – cuya carencia puede provocar fallas en la fecundación y el desarrollo de los granos.
GIRASOL: CANTIDAD Y CALIDAD
Además, en girasol, producir más grano es solo una parte del resultado. El contenido de aceite también tiene un peso económico y puede habilitar bonificaciones comerciales que no siempre se aprovechan.
Esto obliga a mirar la nutrición con una perspectiva más amplia. Una estrategia que apunte exclusivamente al rendimiento físico puede pasar por alto la calidad industrial y, con ella, una parte de los ingresos posibles. El desafío es producir más aceite por hectárea, combinando rendimiento de grano y concentración de materia grasa.
Los resultados de la Red de Girasol de Aapresid muestran que incorporar el rendimiento bonificado por aceite puede modificar la evaluación de los híbridos, especialmente en la región sur.
En otras palabras, el material que mejor se posiciona por kilos cosechados no necesariamente es el que ofrece el mejor resultado cuando se incorpora el contenido de aceite.
CUIDADO CON LA SANIDAD DEL GIRASOL
La llegada de una campaña que promete no escatimar agua invita a revisar otras decisiones. Anticipar la fecha de siembra puede ser una alternativa para aprovechar mejor la radiación, siempre que las condiciones regionales y el riesgo sanitario lo permitan.
La elección del híbrido es otra decisión clave. Di Mauro explicó que, para elegir un material, interesa conocer su rendimiento pero también su respuesta cuando las condiciones mejoran o se vuelven restrictivas. La Red identificó híbridos con mayor capacidad para aprovechar escenarios favorables.
La densidad, en tanto, debe ajustarse al potencial del ambiente y a la capacidad del sistema para sostener un mayor número de plantas.
Girasol afectado por phomopsis
Más agua y un cultivo con mayor desarrollo también pueden modificar el escenario sanitario. Por eso, una estrategia ofensiva debe anticiparse al riesgo de enfermedades.
Sobre esto, los datos de los sitios de la Red de Girasol también hablan: las evaluaciones de fungicidas aplicados en R1 muestran una respuesta promedio de alrededor de 240 kg/ha, con diferencias entre sitios.
Durante el mismo panel en Congreso, el asesor Luciano Belloni, destacó que “la elección del híbrido y las prácticas culturales son pilares para manejar enfermedades como esclerotinia, phomopsis y verticilosis”.
La rotación, la fecha de siembra y los antecedentes del lote forman parte de una estrategia que comienza antes de implantar el cultivo.
El asesor propuso acompañar al cultivo durante todo el ciclo: desde la emergencia, para detectar problemas como mildiu; en estados vegetativos, para evaluar manchas foliares y posibles intervenciones; y desde floración, para registrar enfermedades que condicionarán las decisiones de la próxima campaña.
La campaña que está en marcha ofrece una oportunidad para revisar supuestos y dejar atrás manejos que no siempre permiten expresar el potencial del girasol. Pero el punto de partida es conocer cada lote, identificar sus limitantes y decidir en función de ellas.
Agro & Campo
Girasol: “Es hora de repensar estrategias para cada ambiente”
Fuente: InfoCampo