Las costas de la República de Mozambique se bañan con las aguas del Océano Índico, las mismas que, unos años antes de que comience el siglo XVI, recorriera el explorador Vasco da Gama y que luego vieron llegar a otros portugueses dedicados a conquistar las tierras del Pueblo Suajili.
Mozambique declaró su independencia recién en 1975. Su economía se basa en la agricultura y, en menor medida, de la actividad turística e industrial. La mitad de su territorio es apto para la actividad agrícola, la cual está representada en más de un 80% por pequeñas explotaciones familiares con economía de subsistencia. El 20% de la población mozambiqueña se dedica a la agricultura, cultivando maíz, mandioca, porotos y muchas verduras, entre ellas el tomate.
La base dietara es el maíz blanco, con el que elaboran una polenta que se llama Xima que se moldea y se unta en diversas salsas acompañada con una ensalada.
“Si no es en ensalada se consume como salsa. Todos los días, el tomate es parte de la dieta de los pobladores”, comienza comentando Juan José Agüero, quien viene realizando diferentes viajes desde Argentina a Mozambique, para asesorar a productores de tomate de ese país.
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“Este es el tercer viaje que hacemos, junto con un equipo de compañeros del INTA, para trabajar con productores de las localidades Chimoio, Sussundenga y Manica, parte del Corredor de Beira, una zona con alta producción de tomate y muchos problemas sanitarios”, agregó.
Juan José Agüero es un agrónomo jujeño. Se doctoró en Ciencias Agronómicas. Cuando se recibió, trabajó en el INTA de Yuto, luego se trasladó al suelo tucumano de Famaillá y, hace más de una década, cumple funciones como técnico en la Agencia de Extensión Rural de Hornillos, en el corazón de la Quebrada de Humahuaca. Además, Juan coordina un proyecto nacional del INTA de manejo de cultivos hortícolas con intensificación sostenible.
“En muchas cosas hay similitudes con lo que sucede con los productores de la Quebrada de Humahuaca”, prosigue. “Ellos hacen un poco de todo, son sistemas muy complejos. Tienen un cultivo principal y otros accesorios. En parte, lo cosechado fortalece el sustento de las familias, pero también participan en los mercados locales con sus productos”.
Según explica Agüero, los productores que asisten en Mozambique mantienen algunas lógicas similares a las que llevan adelante muchos pequeños productores familiares de Argentina, pero tienen mucha menos capacidad de inversión y de capitalización.
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“La horticultura que allí se practica es completamente convencional, pero una gran diferencia es la disponibilidad de tierra. Allí los productores que quieren disponer de ella para cultivar la solicitan al Estado y se la dan. No hay restricciones para ampliar la superficie. Se ubican cerca de un río, ponen una bomba de agua y a sembrar”, comenta a Bichos de Campo.
“Allí entra el tomate, pero los productores solo lo siembran en tierra virgen. Esa misma tierra queda abandonada al año siguiente por el alto nivel de bacteriosis que queda en el suelo. Si un productor decidiese volver a sembrar en el mismo lote el nivel de pérdida que sufriría sería muy alto”, contextualiza.
Juan alerta que la tierra será una limitante si siguen con las mismas prácticas agronómicas. En nuestro país el promedio de tomate a campo por hectárea oscila las 60 toneladas. “En Mozambique mantienen un promedio de 20 toneladas por hectárea y tienden a ocupar más superficie para que sea medianamente redituable. A ese nivel de utilización de tierras y, si además no las siguen utilizando por los inóculos que quedan en el suelo, prontamente se encontrarán con un límite que ahora no tienen”, explica mejor la situación.
Frente a este complejo problema productivo, la ONG TechnoServe gestionó un proyecto financiado por el Reino de los Países Bajos. Estos fondos posibilitaron que un grupo de técnicos del INTA viaje para proponer un plan de mejoras en base a una serie de recomendaciones técnicas, seguimientos y monitoreos.
“Los coordinadores del proyecto pudieron haber contratado al mejor técnico de tomate de Israel o Sudáfrica, pero optaron por el INTA, entiendo que por la forma de trabajar que tenemos, que funcionamos como un todo. Si alguien necesita resolver un problema o conocer más sobre una temática particular, cuenta con un referente. Hay problemas que yo sólo no puedo resolver, pero sí cuento con el respaldo institucional que ofrece todo su conocimiento acumulado. Además, esa forma de trabajar que vincula la investigación con la extensión es muy valorada en otros puntos del planeta. Para nosotros es común y constitutiva, pero en otros países es una novedad, una meta”, expone Agüero.
El pedido llegó a Cancillería, que contactó a las autoridades del INTA y ellos a Daniel Kirschbaum, referente institucional en horticultura. Daniel, evaluando la problemática y las características agroclimáticas de la zona a asistir (similar a Orán, Salta), convocó al fitopatólogo Ceferino Flores del INTA Yuto y a Ignacio Fernández de la EEA Salta, con experiencia en el manejo del cultivo con enfoque regenerativo.
“La problemática arranca con altas temperaturas y abundantes precipitaciones en verano, que lavan los nutrientes del suelo y lo acidifican, trayendo como consecuencia enfermedades bacterianas. A mí me convocaron por mi experiencia en desbalances catiónicos en frutilla, donde en determinadas variedades altas concentraciones de calcio impedían la absorción de potasio”, comentó nuestra fuente.
Que completa: “El caso en Mozambique es diferente, ya que no hay absorción de calcio por lavado. La falta de calcio debilita a la planta, quita firmeza al fruto e incrementa la susceptibilidad a enfermedades bacterianas como las del Complejo Ralstonia, que tanto afecta a los productores que vamos conociendo”.
Los técnicos argentinos presentaron una propuesta de trabajo que guía los pasos que van proponiendo. “Como los viajes son limitados y acotados en el tiempo, tenemos unas experiencias controladas en Instituto de Investigación Agraria de Mozambique (IIAM) y en el Instituto Superior Politécnico de Manica (ISPM). Allí, lo que proponemos se cumple más acabadamente, en tiempos y actividades. Con los productores es un poco más complejo, pero vamos avanzando”.
Una de las líneas de trabajo es la de minimizar la incidencia de las bacteriosis utilizando híbridos más tolerantes. Además, proponen técnicas de cultivo que “al principio fueron resistidas”.
“Se miraban pensando que eran inapropiadas, pero fuimos demostrando que no era así”, amplía Agüero.
“En los ensayos controlados estamos utilizando riego por goteo y cobertura con un plástico negro que evita que el suelo se lave. El riego gravitacional traslada las bacterias de una planta a otra en la misma línea de cultivo. También, buscamos escalonar las fechas de siembra para asegurar la provisión de tomate durante todo el verano, y detectar cual esquiva mejor las lluvias torrenciales, caldo de cultivo para las bacterias”, agrega.
El uso de plástico negro en la frutilla busca que se levante la temperatura y haya fruta primicia en otoño, en este caso no. “En el tomate, además de proteger el suelo de las intensas lluvias repentinas, trata de mantener el poco calcio que hay en el suelo. Adentro del plástico, un tiempo antes, lo agregamos a través de cal agrícola”, sigue explicando Agüero.
El proyecto cuenta con muchos técnicos locales, como era aquí con Cambio Rural. “Nosotros vamos cada tres meses, pero se nota que ese productor fue asistido y eso es algo invalorable. El plan está muy bueno, contempla ayudar con algunos insumos y asesoramiento a los productores. No les resuelve todo, pero les da un espaldarazo”.
“A mí me llamó mucho la atención que la gente es muy trabajadora. Sin embargo, se nota que hay que trabajar mucho las cuestiones de género: en la calle ves a las mujeres con niños en brazos, cargando la mercadería en su cabeza, mientras la pareja va libre o está ausente”, comenta.
Y cierra Juan José sus impresiones: “Aún en la adversidad, la gente es muy alegre, se la pasan cantando y bailando ya sea en encuentros amistosos o en cortejos fúnebres. Te hacen sentir seguro e integrado a pesar de las diferencias físicas o idiomáticas”.
Agro & Campo
“Aún en la adversidad, la gente es muy alegre, se la pasan cantando y bailando”: Un equipo del INTA colabora para mejorar la producción de tomate en Mozambique
Fuente: Bichos de Campo