Como te ven, te tratan: Tres periodistas europeos probaron la carne argentina y contaron qué imagen tienen del país y de su ganadería

La carne argentina volvió a cosechar elogios en París, esta vez de parte de tres periodistas agropecuarios europeos que visitaron la SIAL, conversaron con exportadores locales y almorzaron en el restaurante del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).
Desde Francia, Austria e Irlanda, sus miradas coincidieron en destacar el sabor y la calidad del producto nacional, aunque mostraron matices al comparar los sistemas ganaderos y analizar las regulaciones que condicionan el comercio entre ambos continentes.
Yenne Boloh, periodista freelance francesa especializada en producción animal, quedó especialmente impresionada por el bife argentino. “Es el paraíso para degustar esta carne”, afirmó después de probarla. Al describir su experiencia, destacó el sabor, la textura y la calidad de la grasa intramuscular, una característica asociada al marbling.

“Cuando comí el ribeye (ojo de bife), me recordó a algunas degustaciones de wagyu en Japón por su terneza, pero al mismo tiempo es realmente diferente”, explicó. También resaltó que una preparación sencilla, a la parrilla, alcanza para apreciar todas sus cualidades. “La grasa es muy agradable al comerla. Es realmente sabrosa y la textura es perfecta”, agregó.
Boloh también valoró el componente cultural de la ganadería argentina, vinculada a la producción sobre pastizales. Sin embargo, su mirada sobre las exigencias europeas de trazabilidad y el reglamento antideforestación fue menos entusiasta. Según planteó, la normativa nació con el objetivo de proteger los bosques, pero terminó generando una carga administrativa considerable. “No estoy tan segura de que eso suponga un avance para los bosques”, señaló. Y advirtió que Argentina no presenta el mismo riesgo de deforestación que otras regiones, aunque igualmente debe construir sistemas complejos para demostrar el origen de su producción.

Markus Habisch, periodista agropecuario austríaco con unos 17 años de trayectoria, fue todavía más contundente al evaluar la carne. “Es maravillosa. Creo que producen una de las mejores carnes del mundo, o la mejor”, sostuvo.
Austria también tiene ganadería sobre pasturas, con animales que pasan los meses de verano en los Alpes. Pero Habisch encontró diferencias en la escala y en las condiciones productivas argentinas. A su juicio, las razas Hereford y Angus, junto con el tiempo y el espacio disponibles para los animales, ayudan a explicar la calidad. “La carne de animales criados lentamente sobre pasto es muy buena”, resumió.
Sobre el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, consideró que los productores de ambos lados necesitan defender su actividad, pero también acceder a nuevos mercados. Para el austríaco, la carne argentina puede ocupar un segmento de calidad dentro de Europa sin necesariamente desplazar a toda la producción local. “Es una carne de alta calidad que tiene demanda en Europa”, afirmó.

Charles O’Donnell, periodista de AgriLand Media, de Irlanda, tuvo su primer contacto con la carne argentina durante la feria parisina. Su evaluación también fue positiva: “El sabor fue fantástico y la textura también. Sin dudas, la volvería a probar”.
A diferencia de sus colegas, no percibió una distancia demasiado marcada respecto de la carne que consume habitualmente en Irlanda, donde buena parte del producto proviene de la propia producción nacional. Sobre el comercio, sostuvo que no ve un problema en que Argentina exporte carne a la Unión Europea, aunque reconoció que se trata de una discusión sensible, especialmente en Irlanda, donde las importaciones desde Brasil generaron controversias entre productores.
O’Donnell interpretó que las preocupaciones europeas se relacionan principalmente con cuestiones sanitarias, aunque admitió que el debate comercial despierta fuertes reacciones. Así, entre elogios gastronómicos y diferencias sobre las reglas de acceso, los tres periodistas dejaron una señal favorable para la carne argentina: su calidad despierta interés, pero convertir ese reconocimiento en más negocios dependerá también de las condiciones que Europa imponga al comercio.

Fuente: Bichos de Campo