Inflamación y seisieteochización de la info en TV

El jueves, frente al Congreso y a la misma hora, chocaron física y metafóricamente dos noticias de muy distinto tenor: por un lado, la marcha universitaria en reclamo de que el Gobierno cumpla con la ley de financiamiento aprobada por ley y ratificada legislativamente tras el veto presidencial, y, por el otro, los que se montaron en ella enojados porque se cayó la sesión en Diputados en la que la oposición más recalcitrante planeaba voltear el megadecreto 70/2023. Detrás de la primera, más multitudinaria, marchaban pacíficamente los que defienden la universidad pública; detrás de la segunda, iban unos pocos y más beligerantes decididos a empujar al Gobierno al precipicio si conseguían el número para derogar aquella norma. En esa fisura tan contrastada se metieron los infiltrados de siempre con lo único que saben hacer: pudrirla con violencia y desmanes. Así, los incidentes, de los que se acusaron mutuamente libertarios y antilibertarios, pasó a ser la noticia excluyente. Hoy el ecosistema informativo estalla en tiempo real cuando hay episodios de esta naturaleza en las redes sociales. Solo en un par de horas estos temas lograron 2.500.000 de interacciones y 15 millones de vistas, con un 56% de la conversación negativa hacia el Gobierno, principalmente en X. Los influencers libertarios morigeraron esa tendencia al actuar de manera coordinada difundiendo imágenes de manifestantes que atacaban a la policía, generaban daños y agredían a la diputada Lilia Lemoine. Es lo que midió la consultora INGOB, que dirige el estratega político digital Daniel Vico (@vico, en Instagram). Percibimos la política de manera mucho más dramática de lo que es por su amplificación constante y monstruosa en el espejo agigantado en el que se refleja y propala. Si la televisión ya hace años eyectó de su pantalla a la ficción local (refugiada mínimamente en las plataformas internacionales), la mayor parte del espacio que dejó vacante fue cubierto por noticias de actualidad, política y chimentos. La Argentina es el país con más señales de noticias per cápita del mundo. Actualmente son ocho. Uruguay no tiene ninguna y España, apenas una sola. Francia posee cuatro e Italia y Chile coinciden en tres. Con una población casi cinco veces más grande que la nuestra, Brasil cuenta con tres señales menos que nosotros. Sufrimos, pues, una severa “inflamación” informativa a la que no solo contribuyen la superpoblación de señales de noticias y el constante cotorreo de las redes sociales. También se suman noticieros y magazines de la TV abierta y los variados streamings –algunos muy politizados como Carajo, Gelatina, Futürock y Neura–, más los videítos que graban para YouTube miembros de esta fauna en expansión. A todo esto, se registra un crecimiento exponencial de TikTok por encima de los 30 millones de usuarios, que ya no es meramente una red juvenil y de entretenimientos. Si en 2020, menos del 1% de quienes la frecuentaban la usaban para informarse, en este 2026 ya llegan a un 19% y, entre jóvenes de 18 a 24 años, dicho porcentaje se eleva a un 29%. Y acá viene tal vez el dato más sugestivo: “La gente ya no busca noticias –subraya Vico–, sino que muchas veces las noticias encuentran a la gente a través de los algoritmos”. Así como antes se iba por propia iniciativa y voluntad en busca del diario, la radio o la TV para informarse, hoy cada vez más personas que están escrolleando otro tipo de contenidos tropieza con noticias u opiniones sin solicitarlas. Algo parecido viene pasando desde hace años cuando entramos en una confitería o a la antesala de un consultorio en las que un televisor sintonizado en una señal de noticias nos interpela con sus contenidos sin pedirnos permiso. Este escenario tan sobrecargado de información a toda hora y en todo lugar físico y virtual le complica la vida a cualquier gobierno hoy en día por encontrarse en primera fila para que lo destrocen. Si nos retrotraemos a la época de Raúl Alfonsín, sus frentes mediáticos eran poderosos, pero mucho más acotados: LA NACION y Clarín, a la mañana; Radio Mitre, cuando pasaba algo, y al fin del día, el amable Telenoche. Y las audiencias permanecían en silencio, sin el constante parloteo 7x24 al que incitan las redes sociales. Hoy son demasiadas las opiniones vociferantes al mismo tiempo, empezando por el mismísimo Javier Milei, en su doble papel de presidente de la Nación y áspero influencer, fogoneando disputas obsesivas y escatológicas. Una complicación extra: el tumor maligno que en su momento representó la aparición, en 2009, en la TV Pública de 6,7,8 por contaminar la información política de militancia sectaria, terminó haciendo metástasis en todo el espectro televisivo de opinión con sesgos muy marcados hacia extremos antagónicos.

Fuente: La Nación