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Nostalgias del Principito y el rey mandón
En el Capítulo 10 de El Principito, la obra más conocida de Antoine de Saint-Exupéry, el niño viajero visita un asteroide habitado por un rey solitario, quien se jacta de la eficacia de sus órdenes, pues tanto el sol como las estrellas lo obedecen. La clave es que ordena lo que sus súbditos quieren hacer, sin contradecir el orden natural.En la Argentina hemos vivido muchos gobiernos populistas que ordenaban que ocurriese lo que la población pedía, aunque siempre fallaron pues las personas, a diferencia de los astros celestiales, no responden a rutinas gravitacionales, sino que tienen inteligencia y voluntad, respondiendo a incentivos, fueren premios o castigos.Para liberarse de la deuda externa, se incurrió en nueve defaults y ahora no tenemos crédito. Para que Cristina Kirchner pudiese gastar más, se incautaron las AFJP y se destruyó el incipiente mercado de capitales. Para recaudar impuesto inflacionario, se emitió hasta el hartazgo y el peso se evaporó. Para satisfacer la mesa de los argentinos, se prohibió exportar carne y leche, y cesó su producción. Para abaratar el gas y la luz, se congelaron tarifas y también las inversiones. Para que la salud fuese barata, se impusieron el Programa Médico Obligatorio y 16 leyes especiales a obras sociales y prepagas que, además de fundirlas, impulsaron un próspero negocio judicial. Para absorber la emisión, los bancos debieron tomar letras por 64 mil millones de dólares y desapareció el crédito al sector privado. Y así, ante cada escasez, los reyes de nuestro asteroide dieron órdenes que provocaron reacciones opuestas a las deseadas. Al final, todas se reflejaron en el punto neurálgico que hoy demora la reactivación: la destrucción de la moneda y con ello, el ahorro en pesos, el crédito bancario y los 300 mil millones de dólares que siguen fuera del sistema, rehusándose a entrar para impulsar la actividad.Con su habitual picardía, ignorante de economía, Cristina Kirchner siempre sostuvo que el problema argentino es “la falta de dólares” y de ese modo dispuso, como el amable reyezuelo, un cepo cambiario para administrarlos. De ese modo, los dólares oficiales desaparecieron, excepto para los empresarios de Tierra del Fuego y para los amigos de Sergio Massa que se enriquecieron negociando las SIRA.Luego de casi tres años de gobierno, llueven las críticas sobre Javier Milei. “Cruje el plan libertario”; “Grietas en el modelo”; “El programa hace agua”. Myrian Prunotto, vicegobernadora de Córdoba, luego de la semana argentina en Paris, sostuvo que “el Gobierno se olvidó de la gente”, como dice el peronismo, olvidándose de su propio olvido. Ya no importa que la inflación anual haya bajado del 211% a cerca del 30% y que la pobreza se haya reducido desde diciembre de 2023; que el 75% de presupuesto se destine a gasto social para paliar miserias anteriores; que se haya desarmado la “bomba” cuasifiscal (US$ 64.000 millones) y la enorme deuda pendiente de importadores (US$ 50.000 millones). Ni que las exportaciones crezcan y avancen inversiones monumentales en energía, minería y agroindustria. Todo eso se da por descontado y ahora se reclama más, para que ese bienestar alcance ya a todos los conurbanos.Cuando Milei asumió, la Argentina carecía (y aún carece) de las principales herramientas que se necesitan para actuar sobre la economía: moneda y crédito. Y todavía hay enormes cargas que limitan su capacidad de acción y que no se pueden reducir para bajar el costo argentino como reclama la Unión Industrial Argentina. Desde los más de 7 millones de beneficios previsionales desfinanciados, hasta los 4 millones de empleados públicos (3 millones provinciales y medio millón municipales); desde los subsidios sociales a la energía y el transporte hasta los aportes sindicales y las obras sociales de los Moyano y compañía, cuyo destino nunca es auditado y que quitan competitividad a las industrias. Además de los tantos “derechos adquiridos” que blindan gastos del Estado con amparos en todas las jurisdicciones, sumado a un federalismo “rentista” que, al defender intereses creados, obstaculiza la modernización de las provincias y del país, con sus votos en el Congreso.Según la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, desde 2023 se cerraron 32.290 empresas: una noticia bomba para presagiar el fracaso del modelo. Pero esa definición incluye cualquier quiosco que opere con un empleado registrado. Durante 80 años, la Argentina mantuvo una estructura productiva aislada del mundo exterior, no preparada para los cambios que ocurren de súbito: el aluvión chino, la robotización, la inteligencia artificial, la crisis energética, el comercio dominado por aplicaciones, los trabajos a distancia, la caída de la natalidad, la extensión de la vida y la crisis de los sistemas jubilatorios.El populismo fomentó un contubernio entre empresarios, sindicalistas y políticos al permitir trasladar a precios el costo de privilegios concedidos a unos y a otros. Por eso se toleró el exceso de gasto público, el negocio de la inflación y la violación de contratos. Ahora se culpa a la apertura y a China, cuando la producción local carga con una mochila de plomo que fue parte de las reglas de juego históricas y que aquellos luchan por mantener tanto como por derogar el DNU 70/23.Existe una reducción del empleo formal pues el costo de operar “en blanco” con esa mochila es imposible en un contexto de apertura, sin crédito para la reconversión y sin confianza respecto del gobierno futuro. Pero creció el trabajo por cuenta propia y la informalidad ya que los jóvenes quieren trabajar y hay otras formas de hacerlo gracias a la tecnología. Cuando sindicatos, gobernadores, intendentes y la oposición lo permitan, bajará el costo argentino y nuevas empresas se formarán, dando empleo regular.Cuando se critica “el modelo” libertario, cabe preguntarse frente a cuál otro “modelo” se lo compara, pues en lugar de mirar de dónde venimos, se sueña con una ilusión alejada de nuestra realidad. Luego de décadas de demolición institucional, sin moneda ni crédito y con las limitaciones para reducir el costo argentino que se señalan arriba, no parece haber muchas otras alternativas que el programa actual. Y mucho menos parecen existir dirigentes con convicciones para profundizarlo, sino todo lo contrario.Flaco favor a la reactivación hacen los integrantes de la “mesa política” del Gobierno, que, ansiosos por no perder votos, cuestionan al ministro de Economía para que flexibilice la regla fiscal sin advertir que esos dimes y diretes generan temor y en lugar de impulsar la economía, la frenan, pues esa regla es el soporte de la confianza.Más les valdría preocuparse por quienes se fugan al voto en blanco pues, si bien aplauden de pie el programa de Milei, no toleran groserías ni maltratos y mucho menos, la manipulación de la Justicia. Creen en su discurso, pero dicho sin agresiones. De reyes mandones están hartos y ahora dudan, no como reyes, sino como príncipes de Dinamarca.
Fuente: La Nación