Pitágoras: “No digas poco con muchas palabras, sino mucho con pocas; calla o di algo más valioso que el silencio”

En la sociedad contemporánea, la acumulación de mensajes y la inmediatez priman en la comunicación. Sin embargo, la historia del pensamiento occidental ofrece perspectivas que priorizan la calidad de las ideas sobre la abundancia. Durante la época clásica de la Antigua Grecia, el dominio de la palabra pública marcaba la dinámica en los tribunales, los debates políticos y la transmisión del conocimiento, por lo que la oratoria funcionaba como una herramienta fundamental para el desarrollo social y la búsqueda de la verdad.En ese sentido, Pitágoras de Samos integró este principio en su sistema filosófico. Para la escuela pitagórica, el universo respondía a leyes de armonía, proporción y medida exacta. No obstante, esta visión sobre el orden no se limitaba a la geometría o a la matemática, sino que abarcaba la conducta ética y la expresión oral. “No digas poco con muchas palabras, sino mucho con pocas; calla o di algo más valioso que el silencio”, expresaba. Bajo esta doctrina, el uso de la palabra requería precisión absoluta, por lo que para la academia pitagórica los períodos prolongados de silencio obligatorio eran fundamentales. La frase de Pitágoras propone el uso eficiente de las palabras, una idea que aún cobra vigencia. Su principio enseña que hablar demasiado y sin un objetivo claro solo malgasta tiempo y resta fuerza a la idea principal. En el trabajo o el estudio, la falta de brevedad dificulta la comprensión y frena la toma de decisiones. Del mismo modo, la prisa de la comunicación digital motiva respuestas apresuradas. El filósofo sostiene que pensar antes de hablar protege la independencia individual, mientras que el impulso al expresarse causa confusiones y resta credibilidad.La postura de Pitágoras no permaneció como un hecho aislado en la antigüedad. Diferentes corrientes filosóficas mantuvieron líneas de pensamiento similares sobre la prudencia verbal. El fundador del estoicismo, Zenón de Citio, destacó la desproporción anatómica entre los órganos de la audición y la fonación como una señal biológica para escuchar con mayor frecuencia de la que se habla. Por su parte, la tradición de Esparta promovió la brevedad lacónica, un estilo de comunicación caracterizado por la ausencia de adornos inútiles y el foco directo en los hechos. Valorar el silencio no significa quedarse callado por debilidad ni evitar las discusiones. Al contrario, supone una pausa necesaria para analizar si lo que se va a decir es verdadero, útil y respetuoso. Con este criterio, la comunicación se vuelve más reflexiva y profunda. Si un comentario no aporta nada de valor, la mejor alternativa es no hablar. En conclusión, la brevedad y la precisión hacen que el mensaje tenga más impacto y cumpla con su función real en la comunidad.

Fuente: La Nación