Milei se borró de la lucha contra la Lobesia Botrana, pero Mendoza fue consecuente y logró reducir 70% la presencia de esa peligrosa plaga de los viñedos: Ahora pide que el sur provincial sea considerado “libre”

En 2011, el ingreso de maquinaria agrícola traída de Chile para cosechar viñedos en Mendoza arrastró consigo una peste desconocida para la vitivinicultura argentina: la polilla de la vid, una plaga que se extendió a velocidad récord en solo una temporada y obligó a enfrentar un severo desafío.
El insecto, justamente, se alimenta de la vid y desarrolla su ciclo de vida completo en el viñedo. Esto es, el proceso de huevo a larva o gusano, pupa o crisálida y adulto. En consecuencia, desova en el fruto, crece en este y lo va pudriendo. Una hembra puede poner 100 huevos, pero una pareja puede reproducir hasta 250 mil ejemplares en una temporada. Si no se combate el cultivo se arruina.

Durante los años siguientes a 2011, el Gobierno nacional financió junto con el Gobierno de Mendoza la lucha contra la Lobesia botrana, como se la conoce por su nombre científico, pero con la gestión de Javier Milei, los fondos dejaron de llegar para 2025.
Fue allí cuando el Gobierno provincial tuvo que tomar la posta con el cien por ciento de los fondos propios, para asistir a su principal agroindustria que produce uva, pasas, vinos de mesa y también de alta gama y exportación, y que tiene montado un sofisticado circuito turísticos en las bodegas, conocido como “Los caminos del vino”, donde el maridaje del vino y la gastronomía gourmet son un motor extra de la actividad.
“En la temporada 2025/26 hicimos una campaña muy grande combatiendo la Lobesia botrana, trabajando sobre 130.000 hectáreas y con más de 9.000 productores”, cuenta José Orts, titular del ISCAMEN (Instituto de Saneamiento y Calidad Animal Mendoza) a Bichos de Campo.

“Esta temporada, -continúa- la 2026/27, estamos haciendo la misma campaña y ya empezamos a ver resultados positivos muy grandes con una reducción del 70% de presencia del insecto en el relevamiento que hacemos con los tramperos”, añade.
Aunque entre los 9.000 productores vitivinícolas hay de todo, la gran mayoría son pequeños y medianos que no pueden combatir la plaga por sí solos y que, dejarlos de lado, no haría más que poner en peligro, no solo sus viñedos sino al resto de las producciones.
Sin embargo, el principal interrogante que surge es, por qué se pudo lograr un descenso tan abrupto en la última temporada y media y no antes, cuando la polilla está cumpliendo sus 15 años de presencia en la vitivinicultura mendocina y argentina.
La clave es la continuidad del combate. Desde 2016 se utilizan en Mendoza las feromonas de confusión sexual, pero en aquel año se sostuvieron dos campañas intensas de lucha y luego la tarea se discontinuó. El motivo es que estas se hacían con fondos de un programa del Gobierno Nacional que no llegaban de forma regular (desde el macrismo y en adelante), y esa falta de periodicidad terminaba por darle chance a la polilla de la vid de incorporarse y volver a expandirse en los viñedos.
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Así como ocurre en la guerra, la lucha contra la Lobesia no es batalla de un día y se disputa con estrategia, con armas y con permanencia.
El titular del ISCAMEN reveló dos cambios cruciales en la estrategia: “Primero, tomamos la decisión de combatir la plaga con la misma fuerza durante cinco temporadas consecutivas, porque ese es el tiempo que se necesita para aspirar a erradicarla o reducir al máximo su presencia”, detalla Orts.
“Segundo, extendimos la cobertura de ataque avanzando sobre mayor cantidad de hectáreas y productores y sobre todo, en los viñedos abandonados que podrían ser un caldo de cultivo”.

En cuanto a las armas, el funcionario destacó que “continuamos utilizando feromonas de confusión sexual que provocan una reducción en la reproducción del insecto, combate que impulsamos desde varios frentes: por un lado, con los kits de feromonas que se entregan a los productores, y por otro, con la pulverización de feromonas a través de aeronaves y drones”.
Los buenos resultados de este comienzo imprimen gran optimismo para seguir adelante, pero todos saben que lo más complejo llegará a medida que progrese. Y es que, cuando los productores notan que no tienen presencia de polilla de la vid en sus viñedos suelen relajarse con la lucha preventiva, subestimando ese golpe final para noquear a la Lobesia.
Con el ISCAMEN investigando si puede esterilizar polillas como lo hace con la mosca de los frutos y el mosquito del dengue para combatir la paga, y ante la urgencia de hacerse cargo de la lucha, el Gobierno mendocino prefirió apostar a lo seguro.

Así fue que el ISCAMEN, emitió las especificaciones técnicas y la Provincia salió a buscar las feromonas al mercado.
“Nosotros dimos las indicaciones técnicas -cuenta José Orts- y el Ministerio de la Producción llamó a licitación para comprar las feromonas y todo lo necesario para aplicar en la lucha contra la polilla de la vid, una campaña en la que el Gobierno de Mendoza ha invertido 15 millones de dólares”.
El Operativo Lobesia 26/27, al igual que el del año anterior, cuenta con cuatro etapas.


La primera, distribuir sin costo a los productores los emisores de feromonas de confusión sexual, en virtud de los niveles de presencia y detección de la plaga.
La segunda etapa, proveer a los productores de insecticidas específicos a partir de criterios técnicos y disponibilidad, para el control de la primera generación del insecto.
La tercera etapa consistirá en tratamientos aéreos en viñedos en producción, abandonados y semi abandonados en las zonas Norte y Este de la provincia, para reducir la población de Lobesia.
La cuarta y última etapa, avanzará en la pulverización aérea de feromonas tanto con aeronaves como con drones con el objetivo de interrumpir el ciclo de reproducción en todo el territorio provincial.

Respecto del sur provincial, la climatología es una aliada de los productores porque al ser una zona más fría, a la polilla le cuesta expandirse y sobrevivir, con lo cual, el combate del insecto ha tenido éxito con mayor rapidez.
Ya sin ningún tipo de apoyo de la Nación, el Iscamen se arremanga para combatir a la temible polilla de la vid, que el año pasado le hizo perder a Mendoza el 12% de su producción

Por esa razón, el ISCAMEN pidió al SENASA que declare al oásis Sur libre de Lobesia botrana. La solicitud, ya formalizada, está a la espera de una respuesta. Si la institución nacional coincide con el diagnóstico local podría otorgarle esa certificación, aunque se especula que, por una cuestión de procedimiento, antes de eso extiendan una declaración de baja prevalencia.
“Es muy importante mejorar el status fitosanitario porque esto le va a ahorrar costos a quienes venden uva en fresco que se exporta. Si en el sur conseguimos la declaración de baja prevalencia, o la de libre de Lobesia, los que venden uva en fresco ya no van tener que llevar el fruto a bromurar para poder comercializarlo y eso es un costo importante que se ahorra en fletes”, señaló Orts.
Y es que Brasil, por ejemplo, exige que la uva en fresco que se va a exportar a su mercado debe pasar por la cámara de bromuro para autorizar el ingreso, debido a la plaga. Esa cámara está en el departamento de Santa Rosa, distante a más de 200 kilómetros de la Zona Sur o del Valle de Uco, distancia que genera un costo extra importante y que desaparecería con una declaración de baja prevalencia porque ya no se exigiría.

Jose Orts destaca que “hay un gran trabajo en equipo con los productores; ellos vienen al ISCAMEN a buscar las feromonas, los técnicos del instituto visitan las fincas y eso mejora muchísimo los resultados de la campaña, porque los productores también hacen sus propias curaciones y antes por ejemplo, muchos arrancaban en enero o en febrero y no servía, lo que más sirve es iniciar la lucha en esta época de año, cuando está la primera generación, eso muchos productores no lo sabían y lo hemos podido transmitir exitosamente con nuestros ingenieros”.

Fuente: Bichos de Campo