Cómo convertir un rincón complicado en uno de los mejores sectores del jardín

Hay rincones del jardín donde las plantas parecen tener pocas ganas de colaborar. Un suelo que se seca demasiado rápido, una pared que acumula calor, una sombra que nunca cede, viento constante o un terreno que retiene agua pueden convertir un cantero en una sucesión de intentos fallidos.La solución no siempre está en buscar una planta todoterreno. Muchas veces funciona mejor algo bastante más preciso: encontrar la especie que está adaptada justamente a ese problema y convertir esa condición en parte del diseño.Un jardín no tiene un único clima; tiene pequeños espacios con condiciones propias: a pocos metros de distancia pueden cambiar la cantidad de luz, la temperatura, la humedad, el viento, el drenaje e incluso la estructura del suelo. Y una planta que prospera en un sector puede fracasar rápidamente en otro.De ahí que algunas de las especies más interesantes para estos lugares no sean necesariamente las más exóticas ni las más delicadas. Son plantas que tienen estrategias para convivir con condiciones poco amables.El rincón que se seca primeroHay sectores donde el agua parece desaparecer apenas llega. Puede ocurrir junto a una pared, en un suelo arenoso, en un desnivel o en un cantero expuesto durante muchas horas al sol. Para estos lugares, las gramíneas ornamentales ofrecen una combinación interesante: tolerancia, estructura y movimiento. Nassella tenuissima es un buen ejemplo: su follaje fino forma masas livianas y se mueve con el viento, pero además tiene una demanda de mantenimiento relativamente baja. Otra posibilidad es Muhlenbergia capillaris, una gramínea que puede convertirse en protagonista cuando aparecen sus inflorescencias rosadas. Tiene buena tolerancia a la sequía una vez establecida. En estos casos conviene pensar en grupos: una masa de gramíneas puede resolver visualmente un sector seco con mucha más contundencia que una colección de especies diferentes repartidas al azar.Resistentes al calorHay lugares donde el sol se combina con otro factor: las superficies que lo rodean. Una pared, un piso de piedra o un muro pueden absorber calor durante el día y devolverlo después, generando un microclima mucho más exigente que el que registra el jardín en general. Ahí aparecen especies adaptadas a ambientes cálidos y secos.Parkinsonia aculeata, por ejemplo, tiene una estructura liviana, follaje delicado y floración amarilla, pero detrás de esa apariencia frágil hay una especie capaz de desarrollarse en condiciones de aridez y en distintos tipos de suelo.El olivo, Olea europaea, es otro caso interesante. Su aspecto escultórico permite utilizarlo como elemento estructural del jardín y, al mismo tiempo, tiene una tolerancia considerable frente a la sequía y el calor. También soporta frío y heladas una vez establecido.En un sector complicado, un ejemplar de estas características puede convertirse en el elemento que organiza toda la composiciónDonde casi no llega el solLa sombra exige cambiar de estrategia. Cuando la luz es limitada, intentar reproducir el mismo cantero que funciona a pleno sol suele ser una batalla perdida. La oportunidad está en trabajar con aquello que la sombra permite destacar especialmente bien: el follaje, las texturas, los tamaños de hoja y las distintas tonalidades de verde.Además, conviene distinguir entre sombra luminosa, media sombra y sombra profunda. No es lo mismo la luz filtrada por la copa de un árbol que la oscuridad permanente de un patio encerrado entre construccionesEn estos espacios, una composición basada en follajes puede resultar incluso más sofisticada que otra sostenida por floraciones. Hojas grandes junto a otras pequeñas, superficies brillantes junto a texturas mate y diferentes alturas pueden construir profundidad sin depender de una sucesión permanente de flores. Las monsteras, los helechos, las boinas de vasco y el pasto inglés son especies que se desarrollan bien en la sombra.Cuando el suelo juega en contraLos suelos compactados tienen menos espacios de aire y pueden dificultar el crecimiento de las raíces, la circulación del agua y el intercambio de gases. En otros casos ocurre lo contrario: el terreno drena demasiado rápido y no consigue conservar suficiente humedad.Por eso, antes de elegir una planta, conviene mirar qué ocurre con el agua. Dietes grandiflora, por ejemplo, resulta interesante porque tiene una considerable capacidad de adaptación a diferentes tipos de suelo y tolera calor, frío y períodos de sequía una vez establecida. Eso no significa que pueda plantarse en cualquier terreno sin preparación, pero sí que tiene un margen de tolerancia mayor que especies más exigentes.Una planta resistente no es una planta que pueda vivir en cualquier condición; es una planta que tiene un margen de adaptación amplio frente a determinadas condicionesDonde el viento no da treguaEl viento también modifica el microclima porque aumenta la pérdida de agua por las hojas, puede quebrar tallos, desarmar plantas de porte alto y hacer que una maceta se seque mucho más rápido. En terrazas y jardines elevados, el efecto puede ser todavía más marcado.En estos casos, además de elegir especies con buena tolerancia, el propio diseño puede funcionar como protección: un arbusto, un cerco permeable, una cortina de plantas o incluso un cambio de nivel pueden reducir la intensidad del viento y generar un pequeño espacio protegido. Las plantas más flexibles o de estructura resistente suelen tener ventaja frente a aquellas de tallos rígidos y frágilesCuando sobra el aguaEl exceso de agua es otro clásico de los rincones difíciles. Un sector que permanece húmedo después de una lluvia puede ser una pesadilla para una planta acostumbrada a suelos drenantes. Cuando los poros del suelo quedan ocupados por agua durante demasiado tiempo, disminuye el oxígeno disponible para las raíces y aparecen problemas que muchas veces se confunden con falta de nutrientes.Cuando las plantas elegidas comparten necesidades similares, el jardín empieza a verse coherenteAquí aparece una posibilidad de diseño interesante: en lugar de intentar convertir ese lugar en un terreno seco, se pueden elegir especies capaces de convivir con mayor humedad, como puede ser una planta palustre.Un rincón húmedo puede tener una identidad propia y diferenciarse del resto del jardín; entonces la condición que parecía un defecto pasa a ser parte de la composición.Por eso, antes de elegir, conviene identificar qué hace difícil a ese rincón. ¿El calor? ¿La falta de agua? ¿La sombra? ¿El viento? ¿La compactación? ¿El exceso de humedad? ¿La competencia con las raíces de un árbol? Una vez detectado el problema, la elección de la planta deja de ser una lotería.

Fuente: La Nación