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Se me pianta un lagrimón: el PJ ya no es el PJ
Señoras, señores, guardemos un respetuoso minuto de silencio: el peronismo ha pasado a mejor vida. Perón hubiese cumplido años el jueves 8 y no hubo un alma que se acordara de él. El último tuit de Cristina fue el 7 de septiembre; nada de recesión, cierre de empresas o riesgo país: despidió al historiador Norberto Galasso. Tres gobernadores piruchos le hicieron la claque a Milei en París. ¿Un minuto? Una hora y me quedo corto. ¿Que los estoy matando antes de tiempo? Nada que ver. Acabo de decir que pasaron a mejor vida. La anterior fue una vidurria divertida, excitante, próspera -un mundo de poder y dinero, de mucho poder, de incalculables dineros-, pero algún día tenía que terminar. El punto final no fueron las sucesivas derrotas electorales (a nivel nacional, cuatro sobre seis en los últimos 10 años: ¡arde Troya!), incluido el traspié más oprobioso: en 2023, con todo el aparato y todas las cajas del Estado en sus manos, les ganó un excéntrico panelista de televisión sin historia, sin partido y sin plan; peor: un tipo al que su candidato, Massita, le había pagado la campaña para que dividiera la derecha. Tampoco fue el punto final haber hecho presidente a un sujeto que usaba el sillón de Rivadavia como fetiche de sus fantasías amorosas. La vida signada por bastones de mando, lujurias y placeres concluyó cuando, el 10 de junio del año pasado, la Corte Suprema de Justicia confirmó lo que todos ya sabíamos después de los fallos del Tribunal Oral Federal N° 2 y de la Cámara de Casación: que Cristina Elisabet pasaba a ser conocida como Tobi. Siempre me divirtió que la primera condena a la más compulsiva oradora que hayamos tenido fuera de un Tribunal Oral. El pez por la boca muere. Poco después de convertir en prisión lo que venía siendo un coqueto siete ambientes a la calle, Cris fue confirmada como presidenta del PJ. Acaso, el acto de defunción de aquella vida anterior. Por esos días le pregunté a un amigo pirucho cómo era que seguían teniendo de jefa a una mujer que estaba en cana por haberse afanado medio país. “Te voy a ser muy sincero -me dijo-. Por un lado, no había ningún candidato o candidata en condiciones de reemplazarla. Por otro, le imputaron haber robado... Che, no mató a nadie”. Lo entendí: tampoco es cuestión de superpoblar las cárceles. La mejor vida a la que ha pasado el peronismo es que dejó de ser un movimiento aluvional, caótico, revolucionario, sediento de líderes inmunes a la kryptonita, para transformarse en plataforma de emprendedores e influencers más atentos a las demandas de nichos que de aquel viejazo llamado pueblo. Sus gobernadores solo aspiran a seguir siendo gobernadores, no presidentes; salvo Kichi, del que todavía no estamos a salvo. Donde hubo un Perón, una Evita, un Néstor y una Cristina, ahora aparecen las pretensiones de Kichi. Es decir, de un PJ elitista a uno igualitario. Chiquito, insignificante, marxistón y, dicen, honesto: en el viejo partido no pasaba del zaguán. De un fenómeno de masas, a Massita, founder y CEO del mayor unicornio del país: el Frente Renovador. Si pudiera replicar en política su suceso en el business, Qatar. Aguanten las PASO: qué linda final sería Axel vs. Sergio. La hora, referí. Pelu, si llegan a volver, no te vuelvo a hablar. El peronismo ya no es Club del Helicóptero, delivery de piquetes, incubadora de paros, aceleradora del ecosistema de organizaciones sociales, hoy totalmente desorganizadas (Grabois tiene que andar a las trompadas en Diputados para que nos enteremos de que todavía existe). En estos tiempos se impone la lógica de la franquicia: entre sus gobernadores, Gustavo Sáenz representa a la marca La Libertad Avanza en Salta, Raúl Jalil en Catamarca y Osvaldo Jaldo en Tucumán. Por el pase del pronista Santilli el Presi no tuvo que pagar nada porque ya estaba trabajando para él. Otro tanto puede decirse del pronista Ritondo, invitado VIP al casamiento de Pablo Otero, el “Rey del Tabaco”, con la tanguera Andrea Ghidone, el próximo sábado. Peronista es el amigo Miguel Pichetto, recién vuelto a la grey y defensor de la inocencia de Tobi, y también Carli Bianco, ministro de Gobierno de Kichi, que declaró esta semana que un eventual dictamen favorable a Tobi en Naciones Unidas “no es vinculante para la Justicia argentina”. Perokirchnerista cultural es Santi Caputo, Caputín, el que más ha remado la perokirchnerización de Javi. Hay mucho de gratitud en Javi al haber convocado a Scioli: Dani, entonces gobernador con aspiración presidencial, supo darle un buen sueldo de asesor, pagado con facturas truchas por el Banco Provincia. Pero, además, el Pelu quería tenerlo cerca para aprender; Dani es un libro abierto: candidato a presidente de los Kirchner con programa económico libertario. Maldito sea no haberlo votado. Antes, el peronismo era anatema para los que profesan la fe gorila, y hoy es un simpático meme: “Los españoles y los argentinos festejamos el 12 de Octubre. Ellos, el 17”. El 17, hoy. Ya los llamo para hacerles acordar.
Fuente: La Nación