Según la psicología, los padres mayores que se niegan a vender su casa tienen una razón emocional que pocos comprenden

Con el paso de los años, muchas familias comienzan a enfrentarse a una situación que puede generar desacuerdos entre padres e hijos: la posibilidad de vender la casa familiar para mudarse a un espacio más pequeño y fácil de mantener. Mientras los más jóvenes suelen considerar aspectos como la seguridad, la movilidad y los gastos de mantenimiento, las personas mayores pueden experimentar una profunda resistencia a abandonar el lugar donde construyeron gran parte de su vida.Cada habitación, mueble y rincón del hogar puede estar asociado con recuerdos de la infancia de los hijos, celebraciones familiares y experiencias que marcaron distintas etapas de la vida. Por este motivo, la negativa de algunos adultos mayores a vender su propiedad no siempre es por miedo al cambio o terquedad.Desde la psicología ambiental y distintos estudios de envejecimiento, algunos expertos explican que existe un fenómeno conocido como apego al lugar, que permite comprender por qué determinadas viviendas adquieren un significado emocional que va mucho más allá de su valor económico.Esta relación fue analizada en una investigación titulada Place Attachment and Aging in Place: Preferences and Disruptions (Apego al lugar y envejecimiento en el hogar: preferencias y alteraciones), realizada por el geógrafo William Clark, del Centro de Investigación de Población de la Universidad de California en Los Ángeles, junto con los investigadores Rachel Ong ViforJ y Christopher Phelps, de la Universidad Curtin, en Australia.El trabajo utilizó información de una extensa encuesta longitudinal australiana que abarcó el período comprendido entre 2001 y 2021. Su objetivo fue comprender qué factores influyen en la preferencia de las personas mayores por continuar viviendo en sus hogares y cómo determinados acontecimientos pueden modificar esa decisión.“Nuestro estudio confirma la fuerte relación entre diversas dimensiones del apego al lugar y la preferencia de las personas mayores por envejecer en su propio hogar. Los vínculos con los hijos, un sólido capital social, la propiedad de la vivienda y la satisfacción con el hogar y el vecindario están positivamente relacionados con una mayor preferencia por envejecer en el propio hogar (...). Para los propietarios, la cercanía a sus hijos es un factor determinante de su preferencia por envejecer en su hogar”, señalaron los investigadores en los resultados de la investigación.Este hallazgo permitió comprender que la idea de desprenderse de una casa no se encuentra vinculada solamente al bien material. La cercanía con los hijos, la relación con los vecinos y el sentimiento de pertenencia al barrio también pueden influir en el deseo de quedarse. Mudarse puede implicar perder esa familiaridad con el entorno, incluso cuando la nueva vivienda ofrece mayores comodidades.

Fuente: La Nación