Toyota tenía puestos que no lograba cubrir y convirtió el problema en una oportunidad para muchos jóvenes

Juan Núñez no sabía hacer tortillas a la parrilla, pero aprendió rápido y salió a venderlas por la calle. Tenía cuentas para pagar y una hija de cuatro años a la que darle de comer. Había abandonado la escuela para trabajar, un atajo que ahora a sus 26 años se parecía más a un callejón sin salida. “Necesitaba un empleo formal, pero me postulaba y nadie me aceptaba”, recuerda.Un mediodía de 2018, mientras almorzaba, sonó el teléfono. Del otro lado le avisaban que había quedado seleccionado para terminar el secundario en una escuela de San Miguel, donde vive. Y que, mientras cursara, una empresa le iba a pagar todos los meses el equivalente a un salario mínimo, vital y móvil. La empresa era Toyota. —No podía creer que fueran a pagarme por estudiar. Cuando las cosas son muy buenas, uno desconfía.Pero la propuesta era seria. Detrás de esa iniciativa estaba el intento de la automotriz por resolver un problema. “En Zárate, donde está la planta, no conseguíamos gente para trabajar que tuviera el secundario completo”, explica sin vueltas Patricia Di Renzo, jefa de Relaciones con la Comunidad de Toyota. Cuando la empresa ofrecía empleo, había puestos que quedaban vacantes porque los postulantes no alcanzaban el piso de conocimientos necesarios que se espera de alguien que completó la secundaria. Esa frustración fue el impulso que los llevó a crear Educate, un programa para que jóvenes de entre 18 y 25 años terminen la secundaria y mejoren sus posibilidades a la hora de buscar trabajo. La iniciativa nació en 2018 y el balance, ocho años después, ofrece algunos resultados interesantes: por el programa pasaron 226 jóvenes, de los cuales 212 egresaron, lo que equivale a un 93,8% de finalización. De ellos, más de 40 consiguieron trabajo como empleados directos de Toyota o en alguna de las empresas proveedoras. Es decir, uno de cada cinco jóvenes que completaron el programa consiguió trabajo formal.Juan es uno de los 15 egresados que hoy son empleados de la automotriz japonesa, que tiene 8.000 trabajadores. Además, cuando una empresa del ecosistema de proveedores, que suma otros 30.000 puestos de trabajo, busca personal, Toyota comparte el listado con los egresados.“Prefiero estar acá y no en casa”Juan creció en San Miguel, en el barrio Santa María, junto a sus 10 hermanos. Su mamá no pudo estudiar y su papá es policía. “Nos mandaban a la escuela y nunca nos faltaron útiles. Éramos nosotros los que faltábamos y quedábamos libres”, dice.A él le gustaba la mecánica y empezó a hacer changas en un taller. En aquel momento, le parecía que trabajar era el camino corto para tener sus cosas. “Cuando uno es chico no valora lo suficiente el estudio”, reconoce.Años después, retomó en una escuela nocturna mientras trabajaba en una fábrica de plástico. Pero la empresa quebró y Juan volvió a quedarse sin empleo, con una hija chiquita y el secundario incompleto. Fue entonces cuando se puso a vender tortillas.Su historia no es una excepción. Quienes coordinan Educate ven cómo se repiten las razones que llevan a dejar los estudios alguna vez: la maternidad o la paternidad tempranas, el trabajo antes de tiempo, el consumo problemático, los problemas de salud mental, la falta de acompañamiento en la casa. Y a veces el contexto es todavía más duro. Di Renzo habla de violencia, de adicciones, de abusos. La consecuencia: el 42% de los chicos que viven en barrios populares del AMBA abandonan la secundaria, según un estudio del CIAS y Fundar. —Hay chicos que nos dicen: “Yo prefiero estar acá antes que en mi casa”. Cuando te dicen algo así, es bravo —revela.Una alianza entre gobiernos y una empresaLa primera edición de 2018 arrancó con cinco sedes: San Miguel, Escobar, Pilar, Zárate y Campana. Eran, en total, algo más de 100 alumnos. Hoy el esquema es más acotado. Lo hacen solo en Zárate y con un grupo de 25 jóvenes. Como desde un inicio, el programa se inscribe como un centro más del Plan Fines, la política del Ministerio de Cultura y Educación de la Provincia para que los jóvenes y adultos terminen la educación básica. Y se cursa en doble turno en aulas de la Universidad Popular de Zárate, que cede el Municipio. Los que terminan la cursada reciben el título de Bachiller con Orientación en Administración y Especialización en Microemprendimientos. Por lo general, tienen entre 18 y 25 años, aunque este año hay también una alumna de 31 y otra de 35. Todos vienen de barrios vulnerables de la zona. Hay quienes vuelven a estudiar por sus hijos, porque ven que se les complica ayudarlos con las tareas. Hay quienes quieren un trabajo mejor. Hay quienes quieren seguir estudiando y les falta el título: uno sueña con ser chef, otro con perfeccionarse en mecánica, dos ya tienen barberías.Para muchos, es la única oportunidad para terminar la escuela. Por lo general, los bachilleratos de adultos son nocturnos. Y de noche no todos pueden: los que tienen hijos, por ejemplo. Educate se cursa a la mañana, mientras los chicos están en el colegio.Todos los días, a las 8 de la mañana, empieza una jornada que se parece poco a una cursada común. Por la mañana, el grupo asiste a las materias oficiales. Por la tarde, hasta las 16, cursan talleres que dictan empleados voluntarios de Toyota. Aprenden, por ejemplo, cómo armar un currículum que ayude a ser ponderado por los sistemas de IA que usan las empresas para contratar, educación financiera, seguridad e higiene laboral, primeros auxilios, nutrición y hasta algunas nociones de mecánica.La que sostiene el engranaje es Gimena Chelini, la coordinadora. Su tarea parece simple y no lo es. Si alguien falta, pregunta qué pasó. Si un alumno llega sin dormir porque trabajó de noche o porque el nene tuvo fiebre, puede entrar en la segunda hora y no pierde el día. “Ya dejaron una vez y no queremos que vuelvan a dejar”, dice.Gimena es uno de los tres recursos que aporta Toyota. Los otros dos son la beca, que hoy es de 391.200 pesos mensuales, y los voluntarios, que son empleados de la automotriz y dan clase por la tarde. Los salarios de los docentes del turno mañana los sostiene el Estado provincial, mientras que la disponibilidad de las aulas y la infraestructura la aporta la Municipalidad de Zárate.Para Juan, el acompañamiento personalizado fue lo que más importó. No una materia ni un contenido. “Estaban presentes”, destaca. Cuenta que siempre le mandaban mensajes y que tenían mentores dentro de la fábrica. Él, que de adolescente quedaba libre año tras año, cuenta con orgullo que durante toda la cursada faltó un solo día. Jorge, un empleado de Toyota, era su tutor. Juan recuerda que le decía que no abandonara, que tenía que perseverar y esforzarse porque le iba a hacer bien. Durante la semana cursaban y los fines de semana seguía haciendo tortillas o lavando autos. Hoy Juan sigue en contacto con Jorge. Hace unos días, de hecho, conversaron: el hijo de quien fue su tutor está haciendo una pasantía en la fábrica. El primer trabajo formalEn 2018, Educate intentó abarcar demasiado. Con cinco sedes en diferentes municipios y más de 100 alumnos era imposible seguir a cada alumno. “Con 100, se te escapan”, resume Patricia. Después llegó la pandemia, que frenó el relanzamiento previsto para 2020. Recién en 2022 el programa volvió, pero con una sola sede, en Zárate, a la que llegan chicos de ese partido y también de Campana y Lima. Ya van seis ediciones.Una vez que egresó, Juan dejó currículums en varios lugares. No lo llamó nadie. Con lo que había ahorrado compró una hidrolavadora y una aspiradora y se puso a lavar autos en su casa, junto con su hermano. Los dos estaban sin trabajo. Hubo un día en que no habían lavado un solo auto, y tenían cuentas que pagar e hijos que alimentar. Hasta que sonó su teléfono: le ofrecían un puesto de trabajo en Toyota.Hoy está en el sector de movimiento de materiales, donde reciben las piezas, las clasifican y llevan a la línea de producción. Viaja 80 minutos a la ida y 80 minutos a la vuelta en el transporte de la empresa. Es su primer trabajo formal, un tipo de empleo que se ve cada vez menos en los contextos vulnerables. Se estima que apenas tres de cada cien jóvenes que viven en ese segmento acceden a un puesto en blanco, según datos de la UCA. Cuenta que lo primero que hizo con los primeros sueldos fue ponerse al día con las cuentas porque estaba muy endeudado. Después empezó a hacerse la casa y se compró un auto. Ahora, Juan tiene una hija más, de casi dos años. La mayor, que está por cumplir 10, va a un colegio privado y a una academia de inglés. “Todas las posibilidades que yo no pude tener se las brindo a ellas”, dice con orgullo.Una iniciativa replicableEducate es una iniciativa que podría replicarse en otras ciudades porque, en buena medida, lo central ya existe. El plan Fines funciona en toda la provincia de Buenos Aires. Lo que suma la empresa es la beca, la coordinadora y los voluntarios que dictan talleres. Después está lo intangible: el oído fino de Gimena y el mensaje que siempre llega cuando alguien falta.Stefanía Rodríguez Shawtz, secretaria de Educación y Deporte de la Municipalidad de Zárate, reconoce la importancia del trabajo conjunto entre el Estado, las empresas y las instituciones educativas. “En una ciudad con un perfil industrial tan importante como Zárate, generar oportunidades para que los jóvenes puedan completar sus estudios y prepararse para los empleos que demanda el sector productivo es una prioridad”, dijo la funcionaria.En el Barrio 25 de Mayo, donde está ubicada la Universidad Popular de Zárate, la pregunta vuelve cada tanto: cuándo se abren las inscripciones. Mucha gente se acerca a averiguar y preinscribirse.“Al principio entraban los primeros que se anotaban. Ahora hacemos entrevistas. Buscamos a jóvenes que valoren la oportunidad”, dice Di Renzo. Cree que esa es la principal razón por la que el programa tiene un porcentaje tan alto de egresados. Juan cuenta que va a una iglesia y habla con jóvenes que buscan trabajo y no tienen el secundario completo. Los impulsa a

Fuente: La Nación