Dallas: un villano icónico, el disparo que marcó la historia de la TV y el mal sueño que lo hundió todo

Familias poderosas y disfuncionales. Dinastías con los bolsillos abultados y las manos sucias. Imperios corporativos basados en la traición más que en los negocios. Si Yellowstone y Succession sumaron millones de seguidores en el mundo es porque en los ‘80 hubo un programa que modificó la historia de la televisión. Protagonizado principalmente por Larry Hagman y Patrick Duffy, Dallas empardó el éxito económico-financiero con las bajezas éticas, los manejos turbios y las componendas políticas. Durante 14 años, J.R. Ewing corporizó la figura del moderno magnate capitalista: un tipo manipulador, carismático e inescrupuloso, adicto al exceso y la desmesura. Las mismas características que, dentro y fuera de la ficción, llevaron la serie a la gloria total y al fracaso estrepitoso.La Pesadilla AmericanaCuatro matrimonios. Amigos y vecinos, compartiendo tiempo y charlas en una calle cualquiera de Los Ángeles. Se conocen tanto que ya saben sus gustos, sus deseos y sus problemas. La idea era abordar el efecto de la rutina en la vida cotidiana marital, antes, durante y después de la crisis y el divorcio. Una versión libre de Escenas de la vida conyugal de Ingmar Bergman, desgranando cada semana una reflexión puntual sobre la pareja, el sexo, la convivencia, la soledad, la crianza de los hijos, la dependencia económica, la reconversión del amor en cariño.Corría 1977 y David Jacobs estaba reunido con los directores de Lorimar Television. Periodista ocasional, investigador y escritor de enciclopedias, Jacobs había acercado el piloto de Vecinos y amigos a la productora después de estudiar en profundidad las razones que habían consagrado al producto estrella de la casa, la serie de TV Los Walton, drama histórico familiar que arrasaba con el rating, el aplauso del público y el favor de la crítica. “Les encantó mi manera de escribir -recordó Jacobs-, pero me rechazaron el proyecto de inmediato. No les atraía el costumbrismo intimista, estaban buscando una saga capaz de definir la coyuntura sociopolítica del país. Y me dieron una semana para que desarrollara una nueva propuesta”.En la cabeza de Jacobs, “saga” era sinónimo de “western”. Pero él sentía que los Estados Unidos del momento ya no eran los de Bonanza o las películas de John Wayne y John Ford. “La tierra de la Libertad y el Progreso, forjada en el trabajo duro y férreos valores morales; no encajaba con la historia que nos mostraba el caso Watergate, la humillación de Vietnam o la segregación racial -afirmó-. El prestigio, el dinero y el poder ya no eran el resultado de un proceder patriótico, honorable y solidario con la comunidad, sino de conductas reprobables, maniobras ilícitas y descaradas manipulaciones políticas. Si no podía usar al western para representar la modesta grandeza del Sueño Americano, entonces podría utilizarlo para mostrar la obscena opulencia de la Pesadilla Americana”.En vez de cowboys recios y honestos, la premisa enfocaba las relaciones personales y comerciales entre dos inescrupulosas familias industriales. Y en lugar de la ocupación de las tierras pertenecientes a las tribus indoamericanas, la trama estaría centrada en la explotación vertical y horizontal de esos territorios. “Era una especie de Romeo y Julieta ambientado en Dallas -definió Jacobs-, con el amor y el dinero puestos permanentemente en jaque por el devenir de los negocios petrolero y ganadero. En un momento en que las dinastías Ewing y Barnes, enfrentadas por décadas, se unían forzosamente por el matrimonio de sus hijos más jóvenes”.A los directivos de Lorimar, la propuesta no les pareció gran cosa. Pero como les interesaba contar con la capacidad creativa de Jacobs para generar nuevos productos, decidieron darle una oportunidad. En concreto, una miniserie de cinco episodios a emitirse los sábados por la noche, un horario históricamente amesetado para la televisora. Todo comenzaba con el regreso a casa del hijo pródigo de los Ewing, el altruista Bobby (interpretado por Patrick Duffy, que venía de estelarizar El Hombre de la Atlántida), unido en matrimonio con la hermosa y misteriosa Pamela Barnes (Victoria Principal). Juntos, deberían intentar mediar entre el odio ancestral que enfrentaba a sus familias. Del lado de Bobby, sus padres Jock y Ellie (Jim Davis y Barbara Bel Geddes), su amoral y manipulador hermano J.R. (Larry Hagman, famoso por su papel protagónico en Mi bella genio), su alcohólica cuñada Sue Ellen (Linda Gray); y su descarriada sobrina adolescente Lucy (Charlene Tilton), hija de Gary Ewing, el hermano del medio que había huido del rancho familiar. De parte de Pamela, su vengativo hermano, el magnate y abogado Cliff Barnes (Ken Kercheval).Entre enredos de alcoba y delirios de espionaje industrial, lobbies políticos y venganzas pasionales, los Ewing y los Barnes intentaron separar a los tortolitos sin éxito. Contra todo pronóstico, Bobby y Pamela no sólo continuaban juntos, sino que además estaban esperando un hijo. Pero la tragedia llegó justo sobre el final. Después de una fuerte discusión con un ebrio J.R., Pamela sufre un accidente y pierde al bebé. Con todos los lazos vinculares rotos, la historia cerraba dejando más preguntas para el futuro que respuestas sobre el presente.Del 2 al 30 de abril de 1978, Dallas ocupó la pantalla de CBS. La respuesta fue superior a la esperada. Muy superior. Tanto, que la cadena le encargó a Lorimar la continuación en formato de serie semanal. “Me pidieron una vuelta de tuerca que aumentara y multiplicara los conflictos internos de los personajes -confió Jacobs-. ¿Qué podía ser más dramático que Shakespeare? La Biblia”.Caín y AbelA la hora de recrudecer el tono dramático, Jacobs puso en segundo plano el melodrama romántico para enfocar de lleno la rivalidad fraterna de los Ewing, habitada por los celos, la envidia y la tragedia. “Sólo adapté la alegoría de Caín y Abel -aseguró-. El conflicto moral, encarnado en los enfrentamientos entre J.R. y Bobby, representaba la fractura expuesta en el seno de la familia, las oficinas gerenciales de las empresas y el corazón del país”.Bajo el paraguas general del resentimiento, la serie se lanzó hacia una espiral creciente de soberbia, orgullo y violencia desatadas. Mientras la empresa Ewing se dedicaba a facturar millones en base a negociados, chantajes, mentiras, calumnias, sobornos, irregulares negocios urbanísticos, tráfico de influencias y financiamiento ilícito de campañas políticas, el entramado familiar estallaba a causa de escándalos éticos y sexuales, infidelidades, traiciones, engaños, adulterios, bigamias, triángulos amorosos, divorcios, embarazos buscados y no deseados, abortos espontáneos e inducidos, trastornos mentales, asesinatos reales y muertes fraguadas. Y como si todo esto fuera poco, también se sumó la aparición física de Gary Ewing y Valene Clements (David Ackroyd y Joan Van Ark), padres de Lucy y accionistas de la petrolera en disidencia con las prácticas corporativas de J.R.A pesar de este atractivo combo telenovelesco, Dallas no terminaba de despegar. Dispuesta a no tirar la toalla, CBS empezó a mover la serie dentro de su grilla de programación. Del sábado pasó al domingo, donde tuvo un importante repunte. Y del domingo se trasladó a los viernes, donde explotó hasta transformarse en uno de los programas más vistos de la televisión estadounidense. Y por una única razón: J.R. Ewing.Con una copa de bourbon en la mano y esbozando su cínica sonrisa bajo el ala de su sombrero vaquero, Larry Hagman supo concentrar en su actuación lo peor de la condición humana y lo mejor de la serie. Carismático, maquiavélico, déspota, mujeriego y brillante para los negocios, J.R. patentó la avaricia y los excesos que definirían al magnate capitalista de las salvajes décadas de los ‘80 y ‘90. Con su solvencia escénica, Hagman acuñó al icónico personaje que colonizó las teleaudiencias del mundo entero; y facilitó la aparición de los antihéroes complejos y moralmente grises que pululan por el entretenimiento contemporáneo.“Cualquier persona puede identificarse con J.R. -aseguró Hagman-, porque todas tienen a un tipo de esa calaña en su familia o en su trabajo. Un padre o un tío, un hermano o un primo, o un cretino que lo único que sabe hacer es imponer su autoridad por la fuerza. Por eso la serie se volvió inmensamente popular en los Estados Unidos. En el extranjero, principalmente en Europa y América del Sur, el éxito estuvo dado porque no veían el comportamiento de un personaje, sino el reflejo de la política exterior del gobierno norteamericano”.De repente, Dallas parecía no tener techo. CBS duplicó el presupuesto destinado a la serie y exigió centuplicar los conflictos pasionales entre los Ewing y el resto del mundo. No podría haber paz entre los personajes; y por sobre todos los disturbios debía reinar, generando pasiones y rechazos extremos, J.R. Aprovechando la volada, Jacobs insistió con su primer proyecto, Vecinos y amigos. Lorimar le dijo que sí. Con una sola condición: tenía que funcionar como desprendimiento de Dallas.Sin dudarlo, Jacobs aceptó. Tomó a los recién llegados Gary y Valene y los mudó de Dallas a Los Ángeles, instalándolos en el ficticio barrio de Knots Landing. Por problemas de agenda, David Ackroyd abandonó la serie y el papel de Gary Ewing pasó a ser interpretado por Ted Shackelford. Vecinos y amigos (Knots Landing) debutó en CBS el 27 de diciembre de 1979. Y para que no quedaran dudas sobre la estrecha relación entre series, Lucy, Bobby y J.R. tuvieron participaciones especiales en la primera temporada.“Rindió bien de entrada -confirmó Jacobs-. Por eso, elegí concentrar mis esfuerzos en esta nueva iniciativa e irme alejando paulatinamente de Dallas, que quedó en las sabias manos de Leonard Katzman. En mi fuero íntimo, sabía que los forzados verosímiles dramáticos de J.R. y Bobby ya habían sobrepasado su límite. Un paso más en esa dirección y la serie se iría al demonio. Y el público, definitivamente, nos daría la espalda”. Estaba equivocado. Muy equivocado.¿Quién l

Fuente: La Nación