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Víctor Heredia: sus orígenes, el apoyo de Mercedes Sosa y el balance de sus 60 años de carrera
“Mi mamá se sentía muy perseguida por su condición de india −dice Víctor Heredia, con su voz mansa pero siempre enérgica, durante una charla por Zoom−. Mi vieja era hija de Sebastiana Agüero, una india capayán, casada con un español. Y cuando mamá me veía salir para el colegio siempre tenía preparado un frasco de gomina. ‘Vení, vení. Peinate. No ves que parecés un indio’, me decía. ¿Y qué iba a parecer?"La gomina, en aquellas mañanas de infancia en Paso del Rey, colonizó su cabello pero el “indio” siguió viviendo en sus entrañas. Como prueba irrefutable está Taki Ongoy, aquel disco conceptual que publicó a mediados de la década del ochenta; ese que se transformó en una gran vindicación de los pueblos originarios de este continente desde los años de la conquista europea.En seis décadas de carrera Víctor escribió canciones tan bellas como urgentes. “Razón de vivir”, “Ojos de cielo”, “Todavía cantamos, “Coraje”, “Sobreviviendo” o “El viejo Matías”, su primer gran éxito.A los 10 le regalaron la primera guitarra. A los 20 fue el artista revelación del Festival Nacional de Folklore de Cosquín. Ahí se cruzó con un tal Atahualpa Yupanqui, que le aseguró que todo lo que se decía con la boca había que defenderlo con el cuerpo. Saquemos cuentas: este año se cumplen los cuarenta de Taki Ongoy, y en pocos meses se cumplirán sesenta de su primera parada en la meca festivalera del folklore. El 7 de noviembre, en el Teatro Ópera de Buenos Aires, hará una retrospectiva de su carrera con un concierto que comenzará por aquel Paso del Rey de su infancia. Y el 24 de enero celebrará las seis décadas de aquella primera incursión en Cosquín con una actuación en el festival. El día que eligieron los programadores para que suba al escenario no fue seleccionado al azar. Ese día Víctor cumplirá 80 años.-¿Que se siente?-Que hubo causalidades y hoy hay mojones que tienen un significado especial. La oportunidad que me dio Cosquín fue la de grabar inmediatamente para el sello RCA, y también conocer a “La Negra” Mercedes Sosa, a Armando Tejada Gómez o a Atahualpa Yupanqui, que cada vez que te daba la mano y te decía dos palabras, te enriquecía. Mercedes inmediatamente grabó el tema que hice sobre un poema de Ariel Petrocelli, “Canción del picapedrero”. “Se la voy a grabar”, me dijo. “Uy, Dios mío”, pensé. Revisando esos mojones, esos momentos que son fundamentales, estoy feliz de poder festejar esos 60 de cuando nací como artista en Cosquín. -¿Eras consciente del camino que tomabas, aun con la advertencia de Yupanqui?-“Mire mocito, que todo lo que diga con la boca...” Era sabio el viejo. Sabio. Él ya lo había sufrido y, evidentemente, cuando me escuchó cantar también intuyó y se dio cuenta de mi juventud. Y, quizá, por mi juventud, eso representaba menos riesgo para mí. Entonces me avisó. Y se cumplió con el tiempo un vaticinio tremendo porque después efectivamente tuve que bancar con el cuerpo lo que dije con la boca: censura, amenazas, exilio. -¿Qué te enseñaron los años?-Con los años aparecen los porqués. Te das cuenta de que las situaciones no solo te comprometen a vos, sino que comprometen a tu alrededor, comprometen a tu entorno. Sin censura, otra hubiera sido mi carrera. Pero la decisión que yo había tomado en ese momento, concretamente, era cantar lo que pasaba alrededor, fue inevitable. Siempre me acuerdo de que cuando los fascistas vieron el Guernica y le preguntan a Picasso, ¿Usted hizo esto? Su respuesta fue: “No, lo hicieron ustedes”. Yo pinté a mi manera, que fue haciendo música, escribiendo algún poema. En algún momento me pregunté si valía la pena. La respuesta fue sí. Por otra parte, me hacía dormir tranquilo. Nunca tuve sobresalto cuando apoyé la cabeza en la almohada porque siempre sentí que lo que estaba diciendo era mi verdad. Mi viejo sembró esa ética. Y la verdad que lo agradezco porque en algunos momentos me sentí imbatible. Era un joven con fe, como lo digo en la canción “Paso del Rey”.-¿La casa familiar ayudó a todo eso?-Mi mamá tenía absoluta convicción para acompañarme. Papá tenía sus temores. Yo volvía a las 5 de la mañana y él a esa hora se iba a trabajar. Teníamos nuestros choques. Él creía que yo venía de jolgorio y, en realidad, lo que estaba haciendo en ese momento era cantar, tocar mi música donde podía. Imaginate que terminaba a las 2 o 3 de la mañana en las peñas y luego había que volver a Paso del Rey, tomando el tren en Once. Eso llevaba su tiempo. Pero se suscitaba un debate. ¿Te estás portando bien? ¿Cómo es la gente que tenés a tu alrededor? Más allá de eso, no hubo oposición. La guitarra que tuve a los 10 me la había regalado él y así me puso en esta vocación.-Se cumplen los cuarenta años de Taki Ongoy. ¿De qué hablaría si hubiera sido escrita recientemente?- Bueno, fíjate que, frente a esto que nos está pasando con la extranjerización del territorio, los que más sufren siempre son los pueblos originarios. Corren peligro de perder lo poquito que tienen. Lamentablemente para ellos, algunos de esos territorios contienen riquezas muy fuertes, muy poderosas y son asediados permanentemente. Siempre han sido asediados o abandonados. Hay chicos en el norte de nuestro país que mueren envenados por arsénico. Eso es tremendo. Es muy triste que hayamos llegado a esta instancia de nuestra democracia.-Si tuvieras que elegir una canción de todo tu repertorio para definir el momento actual de la Argentina, ¿cuál sería?-“Informe de la situación” creo que define este momento. Pero no le puedo echar la culpa a un sector determinado ideológico partidario. Creo que quienes han tenido la obligación de sostener esta democracia han fracasado. Porque el pueblo lo sufre en carne propia los errores políticos y no hay marcha atrás. Las conciencias no nacen de un repollo, nacen de lo cotidiano. Si en lo cotidiano no ha habido respuesta adecuada, ese voto se va para otro lado. No es algo que esté pasando solo en la Argentina, lo acabamos de ver en Brasil, lo estamos viendo en Europa. Los discursos no alimentan. Lo que alimenta son las acciones.-Escribiste esta canción a finales de los setenta. Recién se publicó en democracia. Desde su metáfora “Informe de la situación” habla de una langosta que se está llevando todo, arrasó un país de norte a sur. Pero también habla de que eso puede cambiar si se actúa con “celeridad”. ¿Es posible? -Sí. ¿Sabés por qué? Porque más allá de los errores políticos y de la falta de concepto de unidad que debiera existir hoy, la gente es capaz de sobreponerse y buscar caminos. Entiendo que no se quiere que vuelva a pasar lo mismo. Yo voy a cumplir 80 años y hay viejos golpeados frente al Congreso. Pucha, es tristísimo que nos esté pasando esto. Muy triste. Injusto desde todo punto de vista. Y en el plano general, estamos destruyendo el planeta. Somos la única especie que va a romper su propio nido.-Haciendo retrospectiva artística y cerca de los 80, ¿te quedan cosas pendientes?-Mi carrera no estuvo mal. Era un pibe que salió de Paso del Rey, pueblo chico que en esa época estaba en el “lejano Oeste”, y Mercedes Sosa le terminó grabando más de veinte canciones. Le dio difusión y entidad a un repertorio. No sé si yo solo hubiera podido hacerlo. Mercedes, con su voz y su postura ayudó mucho a eso. Y después pasaron otras cosas. Después vino el Víctor Heredia canta Pablo Neruda, impulsado por el hecho de que yo había estado en Chile, en el Festival de Viña del Mar, durante el gobierno de Salvador Allende. Tuve la oportunidad de pedirle permiso a Pablo, quien estuvo unos pocos minutos porque estaba muy enfermo. Eso también fue un mojón en mi carrera que tuvo que ver con el devenir de los tiempos que se vivían en esa época. Años después vino “Informe de la situación”, de la que ahora hablamos. “¿Por qué escribo “Informe de la situación”? Porque sentí que tenía que avisar.-Ya no estabas en la Argentina.-En 1978 arranqué mi primer exilio en Madrid; después, en el 80, fue otro exilio en Roma, porque se habían recrudecido las amenazas. Yo había vuelto, impulsado por la necesidad de conseguir algún dato sobre mi hermana, que había sido secuestrada en el 76. Volví y me tuve que ir inmediatamente en el 80 porque recrudecieron esas amenazas. Y después, con el advenimiento de la democracia, vinieron los grandes hitos: canciones como “Sobreviviendo”, “Todavía cantamos”, “Dulce Daniela”, “Razón de vivir”. Por eso creo que no tenga deudas conmigo.
Fuente: La Nación