Celulares y acuerdos parentales

La Argentina ocupa el quinto puesto a nivel mundial respecto del uso de celulares entre personas de 16 a 64 años de edad. El promedio nacional de uso es de ocho horas y 41 minutos, ¡más de un tercio del día!Mientras en el Reino Unido los adolescentes pasan cuatro horas diarias con el celular, en Estados Unidos registran cinco. Desde el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la preocupación en torno de este tema llevó a investigar la realidad de nuestros jóvenes. La cantidad de tiempo es solo un vector, pues es el tipo de relación y dependencia con las pantallas lo que revela el mayor impacto sobre el bienestar emocional.El relevamiento realizado por el Ministerio de Educación de la Ciudad y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) hizo foco en alumnos de 1° y 4° año de escuelas secundarias públicas y privadas porteñas a partir de cuestionarios autoadministrados validados internacionalmente y de mediciones del uso real a través de aplicaciones de monitoreo.El 40% de estos jóvenes refirió alguna evidencia de ansiedad; el 38,1% manifestó depresión; el 31,2%, somnolencia diurna y el 24,9%, uso problemático del teléfono. Este último refiere a la mayor dificultad para desconectarse, con dependencia psicológica del dispositivo.El promedio de tiempo que pasan frente a la pantalla del celular los 3261 estudiantes de 83 escuelas porteñas evaluados por este primer “Monitoreo de tiempo de pantalla y salud mental en estudiantes de nivel secundario” de la ciudad de Buenos Aires no puede menos que sembrar preocupación: seis horas y 10 minutos al día. Este promedio no detalla que, a mayor edad, mayor uso: los que cursan 4° año pasan 51 minutos más con el dispositivo que los de 1°. Omite también que se detectaron casos de hasta 11 horas diarias frente a la pantalla, principalmente usando TikTok. No se observaron diferencias entre escuelas privadas y públicas. En cuanto al nivel socioeconómico, siempre hablando de promedios, los del nivel más bajo dedican hora y media más al día al celular; mientras que las mujeres pasan 30 minutos más al día respecto de los hombres, evidenciando un mayor riesgo.Frente al paso de la restricción al uso de celulares en las escuelas porteñas a la prohibición, los docentes celebran contar con mayor atención por parte de los alumnos, pero se plantea también que durante ese tiempo los jóvenes experimentan algo así como un síndrome de abstinencia que los lleva a un uso mayor en sus casas a modo de compensación.Las dificultades que encuentran los adultos a la hora de poner límites a los jóvenes tienen que ver también con su propio uso problemático del celular, lo cual sienta pésimos ejemplos. La competencia resulta también muy despareja frente a algoritmos diseñados para generar adicción. Brindar a los jóvenes alternativas atractivas en esferas como el arte, el deporte y el contacto con la naturaleza son materias pendientes.Unicef corroboró en 2025 que los chicos reciben su primer teléfono a los 9,6 años en promedio. Hoy vemos cuán caras se pagan esas equivocadas decisiones. Que los padres coordinen acciones en este campo, haciéndose verdadero cargo de la crianza de los hijos -sin esperar la intervención del Estado o los cambios en las plataformas- tal como propone Pacto Parental, parece ser la única forma de no condenarlos a quedar aislados de sus amigos si se les restringe el uso del dispositivo.En este espíritu, hace unos meses que la ciudad de Buenos Aires promueve un Compromiso Familiar por Estudiantes sin Celular para postergar la entrega del primer teléfono inteligente hasta el ingreso al secundario y a las redes a partir de los 16 años. Talleres, materiales y plataformas que nuclean a padres de una misma escuela contribuyen a que las familias no libren por sí solas esta batalla tan difícil. El camino de los acuerdos parentales parece ser el más viable. Urge poner límites.

Fuente: La Nación