Poner en marcha una campaña agrícola requiere afrontar importantes desembolsos en semillas, fertilizantes, agroquímicos y labores, entre otros costos, varios meses antes de que llegue el ingreso por la cosecha.
Esa distancia entre el momento de la inversión y el de la recuperación del dinero convierte al financiamiento en una herramienta decisiva para sostener la producción y planificar cada ciclo.
Dos informes elaborados por Franco Ramseyer, Emilce Terré y Julio Calzada, especialistas de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), permiten observar tanto el origen de los fondos utilizados durante la campaña 2025/26 como las condiciones crediticias disponibles para el ciclo 2026/27.
EL FINANCIAMIENTO 2025/26
“La dimensión de las necesidades financieras es considerable. Para la campaña 2025/26, la inversión directa destinada a sembrar soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol se estimó en US$ 14.747 millones, el tercer monto más elevado de, al menos, los últimos diez años”, dice el informe.
Para el ciclo 2026/27, las proyecciones preliminares de la entidad anticipan una superficie sembrada de 44,2 millones de hectáreas, cercana al récord de 44,4 millones alcanzado en la campaña anterior.
La inversión para el récord: el campo “sembró” casi U$S 15.000 millones en la campaña 2025/26
En este contexto, la elección de una herramienta de financiamiento depende de la moneda en la que se pacta la operación, el plazo de devolución, las garantías disponibles y la relación comercial que el productor mantiene con bancos y proveedores.
Las diferencias de tasas son amplias y obligan a evaluar no solo el costo nominal del dinero, sino también la posibilidad de adaptar los vencimientos al momento en que se comercializa la cosecha.
De acuerdo con las estimaciones de la Bolsa rosarina, cerca del 30% de la inversión agrícola de la campaña 2025/26 se habría cubierto con capital propio. En términos monetarios, esto representa aproximadamente US$ 4.424 millones aportados directamente por los productores. El 70% restante, equivalente a unos US$ 10.323 millones, se habría financiado con fondos de terceros.
Dentro de ese universo, los créditos bancarios y las herramientas del Mercado Argentino de Valores (MAV) representaron alrededor del 45%, con unos US$ 4.609 millones. El 55% restante correspondió al crédito comercial, que aportó aproximadamente US$ 5.713 millones y se consolidó como la principal fuente de recursos para sostener la producción.
“La relevancia de este último canal se explica por la participación de acopios, cooperativas, corredores, proveedores de insumos, exportadores, traders y mutuales. A través de acuerdos comerciales, estos actores permiten cubrir los costos de implantación y postergar los pagos hasta que el productor dispone de mercadería o de ingresos por su venta”, marcaron los especialistas.
El informe de la BCR destaca el papel de estos agentes en el esquema de financiamiento agrícola: “El crédito comercial que otorgan los proveedores de insumos, las cooperativas, los acopios, los exportadores, entre otros agentes de la cadena, sigue siendo la principal fuente de financiamiento del productor agropecuario”. La modalidad permite vincular la devolución con la producción y la comercialización de granos, una característica central para una actividad cuyos ingresos son estacionales.
Otro rasgo distintivo de la campaña 2025/26 fue el mayor protagonismo del financiamiento en dólares.
Según el análisis de la entidad, la desaceleración de la inflación y la relativa estabilidad cambiaria redujeron la incertidumbre sobre la evolución del tipo de cambio y de los precios, favoreciendo la utilización de instrumentos denominados en moneda extranjera, tanto en el circuito comercial como en el bancario.
Dentro de los US$ 4.609 millones canalizados a través de bancos y del MAV durante la campaña 2025/26, los préstamos de pago íntegro o bullet fueron el instrumento de mayor participación. Representaron cerca del 24% de los recursos de este canal, por unos US$ 1.114 millones.
Esta modalidad permite recibir el capital al comienzo de la operación y cancelar tanto el monto prestado como los intereses en un único desembolso al vencimiento. De esta manera, el pago puede coincidir con la cosecha y la comercialización. En las operaciones consideradas por el informe, se trató de créditos sin convenios con proveedores de insumos ni garantías prendarias o hipotecarias, otorgados esencialmente contra la firma del tomador.
En segundo lugar se ubicaron los préstamos hipotecarios y prendarios, que explicaron cerca del 20% del financiamiento bancario y bursátil, unos US$ 925 millones. Los hipotecarios se respaldan con inmuebles y los prendarios, con bienes muebles, como maquinaria y equipos. Estas garantías pueden facilitar el acceso a plazos más largos y condiciones más competitivas que las de operaciones sin respaldo real.
“El descuento de cheques y pagarés aportó otro 15% del canal, alrededor de US$ 676 millones. A través de estos instrumentos, las entidades adelantan fondos contra documentos de pago futuro. Una participación similar tuvieron los préstamos con convenios de tasas para comprar insumos mediante plataformas digitales, que movilizaron unos US$ 669 millones y registraron un crecimiento significativo durante las dos campañas anteriores al relevamiento”, dicen los informes.
Otras líneas bancarias y el financiamiento a través del MAV concentraron alrededor del 12%, equivalente a US$ 573 millones. Allí se incluyen herramientas como los forwards cedidos —operaciones en las que una entidad adelanta fondos contra la cesión de contratos de venta de granos con entrega futura—, la prefinanciación de exportaciones, los créditos para inversiones y los microcréditos. En el mercado de capitales se destacan los pagarés, los cheques de pago diferido y las facturas de crédito electrónicas.
Por último, las tarjetas agro representaron aproximadamente el 8% de los recursos de este canal, con unos US$ 346 millones, mientras que los acuerdos en cuenta corriente explicaron el 7%, alrededor de US$ 306 millones. Las tarjetas permiten adquirir insumos y maquinaria y diferir el pago hasta la cosecha; las cuentas corrientes, en cambio, apuntan a resolver necesidades inmediatas de liquidez dentro de límites previamente acordados.
ACOPIOS Y PROVEEDORES, PROTAGONISTAS
El financiamiento comercial movilizó unos US$ 5.713 millones durante la campaña 2025/26 y explicó aproximadamente el 55% de los fondos de terceros. Dentro de ese segmento, los corredores, acopios y cooperativas concentraron el 55%, por unos US$ 3.142 millones. La modalidad predominante fue el canje de insumos por mercadería, junto con operaciones pactadas en dólares contra contratos de granos. También se utilizaron cuentas corrientes denominadas en moneda extranjera.
Los proveedores de insumos y los exportadores aportaron el 40% del financiamiento comercial, equivalente a unos US$ 2.285 millones. Según las consultas relevadas por los especialistas de la BCR, la mayor parte de esos fondos se canalizó mediante operaciones de canje, seguidas por el uso de cheques. También se recurrió a créditos en dólares respaldados por contratos forward y a pagarés, mayoritariamente nominados en moneda extranjera.
El 5% restante correspondió a las mutuales, con alrededor de US$ 286 millones. Esta modalidad tiene una presencia más frecuente en localidades pequeñas e incluye la negociación de cheques y los préstamos con garantía hipotecaria, entre otros instrumentos.
EL PANORAMA FINANCIERO 2026/27
Para la campaña 2026/27, la BCR vuelve a ubicar al crédito comercial como una fuente central de recursos. A diferencia de los canales bancarios y bursátiles, no existen estadísticas oficiales que permitan dimensionar con precisión este segmento, por lo que las condiciones se estimaron a partir de entrevistas con agentes del sector.
Según el relevamiento, el financiamiento comercial se pacta casi en su totalidad en dólares y con pago a cosecha. Las tasas se ubican mayormente entre el 6% y el 10% anual, aunque en casos excepcionales pueden reducirse hasta el 5% para clientes con una larga trayectoria comercial. El canje continúa siendo la modalidad más difundida: el productor recibe los insumos financiados y los paga con mercadería física una vez que cosecha. También se utilizan préstamos en dólares y pagarés.
El relevamiento de la BCR, realizado durante septiembre de 2026, identificó una amplia variedad de alternativas bancarias en pesos y dólares, con diferencias según el instrumento, el plazo, el monto, la escala del productor y la habitualidad de la relación entre las partes.
Los valores corresponden a tasas nominales anuales vencidas (TNAV) informadas por entidades que operan con el sector agropecuario. La Bolsa advirtió que las condiciones pueden cambiar entre el momento de la consulta y la publicación, por lo que los datos funcionan como una referencia de las opciones existentes y no como una cotización uniforme para todo el mercado.
“En pesos, los acuerdos en cuenta corriente constituyen la línea más costosa del relevamiento. Diseñados para cubrir necesidades inmediatas de liquidez, ofrecen plazos de hasta 180 días, aunque la mayoría de las entidades concentra las operaciones en vencimientos a 30 días. Las tasas oscilan entre el 35% y el 68% anual, con una mayor concentración de respuestas en la franja del 40% al 55%”, explicaron los referentes.
El descuento de cheques y pagarés presenta un rango de entre el 30% y el 42,3% anual, para plazos que van de 30 a 365 días. En este caso, el productor obtiene fondos anticipadamente mediante el descuento de documentos, mientras que la entidad financiera cobra por adelantar el dinero antes de su vencimiento.
Una de las alternativas más competitivas en moneda local son los préstamos con convenios para la compra de insumos a través de plataformas digitales. Estos instrumentos se estructuran mediante acuerdos de tasas entre las entidades financieras y las empresas proveedoras. L
Agro & Campo
¿Cómo se financia el campo?: el crédito comercial manda y las tasas en pesos llegan al 68%
Fuente: InfoCampo