Economía
“Otro agro”: cuál es el futuro de las economías regionales, según un informe
El sector registra un deterioro relativo frente a las producciones de la pampa húmeda, advierte el Ieral
CÓRDOBA.- El agro pampeano mantiene una ventaja apoyada en volumen y eficiencia. Las economías regionales, en cambio, deben hacerlo "por estrategia y reconversión continua". La conclusión es de un trabajo del economista Jorge Day, del Ieral, de la Fundación Mediterránea, quien advierte sobre el deterioro relativo del llamado “otro agro”.La referencia es al conjunto de producciones del interior que incluye frutas, vinos, legumbres, ajo, azúcar, olivo, yerba, té, frutos secos y otros complejos alejados de la lógica de la pampa húmeda.Plantea que exportar desde las regiones productivas del interior “sigue siendo posible”, pero dejó de ser algo “automático”. Con costos internos en dólares más altos, precios internacionales débiles y un tipo de cambio menos favorable, esas producciones enfrentan un escenario mucho más exigente que hace una década.“¿Qué va a pasar el segundo semestre?“: la Argentina ya completó el 32% de la cuota de carne vacuna a China y crece la expectativa por mejores preciosLa advertencia aparece en un contexto en el que muchas de estas actividades sostienen buena parte del empleo privado en provincias alejadas de los grandes centros industriales y portuarios. En varios casos, además, se trata de producciones con fuerte arraigo territorial y escasas alternativas económicas.El informe muestra que el desempeño del agro pampeano y el de las economías regionales viene separándose desde hace años. Mientras los grandes complejos de cereales, oleaginosas y carnes operan con escala, mecanización, mercados profundos y precios internacionales de referencia, las economías regionales enfrentan mayores costos logísticos, menor escala y una fuerte dependencia de mano de obra.Según el análisis, sus exportaciones alcanzaron un pico en 2011 para después iniciar una tendencia descendente, con apenas una leve recuperación reciente. Además de exportar menos que en su mejor momento, también perdieron participación relativa frente al agro pampeano.“El otro agro” ya no crece al ritmo del núcleo exportador tradicional de la Argentina. Muchas están lejos de los puertos y necesitan transporte refrigerado o cuidados especiales. Eso determina que el costo logístico tenga un peso mucho mayor en la estructura final, a lo que se suma la menor escala productiva y comercial, que encarece insumos, dificulta certificaciones y reduce capacidad de negociación internacional.También influye su alta dependencia del trabajo humano para cosecha, empaque, clasificación y procesamiento. “Cuando los costos internos suben en dólares y los precios internacionales no acompañan, los márgenes se comprimen rápidamente”, sintetiza Day.Enfatiza que el problema no puede explicarse sólo por el valor del dólar; plantea que varias cadenas regionales siguieron perdiendo dinamismo incluso en períodos de tipo de cambio más alto. En esa línea apunta a “la necesidad de reconversión permanente".En mercados internacionales cada vez más competitivos, muchas economías regionales necesitan invertir de manera continua en nuevas variedades, sistemas de riego, tecnología de frío, empaque, certificaciones sanitarias, trazabilidad y adaptación a las demandas de consumidores externos.“La competitividad, entonces, ya no depende únicamente del precio. El problema también es productivo, comercial, financiero e institucional”, resume.Dentro del sector también conviven realidades muy distintas. Algunas cadenas lograron sostenerse o incluso crecer en los últimos años, mientras otras retrocedieron con fuerza. Esa heterogeneidad impide pensar soluciones uniformes.Cada cadena combina de manera diferente variables como productividad física, acceso a mercados, precios externos, logística, escala y calidad. Por eso, la agenda de competitividad debe diseñarse “cadena por cadena”.Entre las medidas necesarias aparecen la mejora de productividad, la diferenciación de productos, la apertura de mercados, la mecanización parcial, la renovación varietal y la reducción de pérdidas logísticas. También inversiones en infraestructura, riego eficiente y acuerdos de integración comercial.