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Qué pasó con Valentín Yankelevich, el hijo de Romina Yan
Valentín Yankelevich habló sobre su relación con su papá, Darío Giordano, tras la muerte de su madre, Romina Yan. El piloto de Turismo Carretera recordó su niñez y contó que estuvo marcada por la violencia.Después de la muerte de su madre, en septiembre de 2010, la vida de Valentín, según contó, tomó un giro radical al sufrir violencia física y psicológica por parte de su padre. Durante la noche del lunes 12 de octubre, Giordano compartió un extenso comunicado en el que rechazó las acusaciones de su hijo y aseguró que “esos hechos que se denuncian nunca ocurrieron”. Además, sobre su situación ante la Justicia, en el comunicado Giordano insistió: “Me sobreseyeron, nunca nadie apeló y no hubo pruebas”.De acuerdo a lo contado por el joven de 23 años a Infobae, a los 12 se fue a vivir con su abuelo Gustavo Yankelevich, quien tras denunciar la situación, obtuvo la custodia de él y de su hermano mayor, Franco, mientras que su hermana menor, Azul, continuó viviendo con su padre. “Era un infierno vivir en esa casa”, llegó a decir a ese medio.Respecto a por qué eligió este momento para contar la situación que vivió, Valentín fue tajante: “Yo le pedí a mi abuelo que cuente lo que estaba pasando, y él justamente por querer proteger el proceso judicial me dijo que tenía que tener paciencia. Y también por mi hermana, ¿no? Ella se quedó con él [por Darío Giordano] y no queríamos que tuviera estas reacciones y estas situaciones de violencia con ella. Entonces, por muchos años callamos".Qué pasó con Valentín Yankelevich, el hijo de Romina Yan“Cuando yo tenía 10 años, 9 años, empecé a sufrir violencia física y psicológica de parte de Darío. Mi hermano también. Era un dolor incomprensible. Realmente era un infierno vivir en esa casa”, describió Valentín, quien además agregó: “Las ocho horas que yo pasaba en el colegio eran las mejores ocho horas del día porque no volvía a mi casa. Yo sabía que volvía y se desataba el infierno. Sabía que no tenía escapatoria. Desde agarrarme de los pelos, llevarme por la escalera, pegarme, dejarme encerrado en el cuarto, traerme la comida cuatro horas después fría, apoyarla en el piso”.Según su relato, la violencia empezó después de que Romina Yan muriera, cuando él tan solo tenía 7 años. Desde entonces empezó a vivir, al igual que con su hermano Franco, diferentes actos de violencia en su hogar.En medio de ese contexto, confió en Gustavo Yankelevich para revelarle la situación que vivía en su casa. Su abuelo se volvió su confidente, al igual que el de sus hermanos. En la actualidad, Valentín no llama “papá” a Darío y cambió su apellido paterno por el materno.Desde el momento en el que se judicializó el asunto, Valentín y Franco no volvieron a su hogar. Caso contrario su hermana, Azul, siguió viviendo con su padre, algo que preocupó al protagonista de esta historia, quien decidió callar su historia para proteger a su hermana.“Fue duro al principio. Para ella fue muy duro. Siempre nos entendió, siempre supo por qué nos fuimos. Pero al principio cuando ella era muy chiquita sentía que la habíamos dejado sola digamos. Después nos terminó entendiendo y hoy tenemos una relación espectacular”, contó sobre el dramático hecho de separarse de Azul. Hoy en día, su hermana vive fuera del país. Eso lo motivó a contar su historia.El joven agradeció en varios fragmentos de su relato a sus abuelos e hizo un paréntesis en Cris Morena, su abuela, quien también cobijó a él y su hermano. “Fue una pata importante cuando nos fuimos a vivir con mi abuelo. Nos acompañó y estuvo presente”, recordó.En las últimas horas, tras hacerse mediático el caso, Valentín acudió a sus redes sociales para apoyar a su abuelo, quien lo acompañó en su infancia marcada por la violencia física y psicológica.“Siempre juntos”, escribió el joven piloto de 23 años junto a los emojis de un corazón blanco y un signo de infinito.Gustavo Yankelevich explicó por qué Darío Giordano fue sobreseídoTras el comunicado de prensa de Darío Giordano, Gustavo Yankelevich se hizo eco de sus palabras y se refirió a la situación del papá de Valentín, Franco y Azul.“Él dijo que fue sobreseído, pero fue porque la causa cayó, no porque no haya sido culpable. No es inocente”, expresó, contundente, contradiciendo la palabra del productor televisivo.El relato de cómo Gustavo se enteró de la violencia que vivían sus nietosLa notificación que hizo pública Giordano expresa que la causa por “lesiones leves agravadas por el vínculo” fue archivada por prescripción, es decir, porque pasó demasiado tiempo sin que el proceso avanzara hasta una sentencia firme.“La gente de la Oficina de Violencia contra Niños, Niñas y Adolescentes actuó de oficio al tratarse de golpes y violencia; ellos hicieron la denuncia penal, no nosotros. Lo que nosotros queríamos era la tenencia, no hacerle un juicio al padre”, manifestó el empresario de 76 años.Y, agregó: “Ellos lo veían y se hacían encima, tenían pánico. Cuando citaron a los chicos para la cámara Gesell, ellos fueron, iban a entrar pero el que estaba parado en la puerta era el padre. Me dijeron que no podían hablar porque él estaba parado ahí”.Cómo siguió el camino de Valentín, Franco y AzulTras la muerte de Romina Yan en 2010 y la historia relatada por Valentín Yankelevich donde confirmó la violencia física y psicológica por parte de su padre, Darío Giordano, el camino de los tres hijos se reconstruyó con el correr del tiempo.En el caso de Franco, el mayor de los tres, incursionó en el mundo de la música y la actuación. Su caso es el más reconocido ya que tiene una fuerte injerencia en las redes sociales, lo que catapultó su carrera profesional.Valentín armó un recorrido dentro del deporte, siendo piloto de Turismo Carretera, donde debutó en marzo de 2025. Por otra parte, con un perfil más bajo, Azul emigró a los Estados Unidos, más precisamente a California. Allí estudia en Chapman University, con una formación académica más vinculada a los negocios. El comunicado completo de Darío Giordano tras ser acusado de violenciaComunicado de prensaSoy una persona simple. Me crié en un barrio, rodeado de amigos y, sobre todo, de mucho amor. Nos enamoramos profundamente con Romina y decidimos formar una familia. De ese amor nacieron nuestros tres hijos, que fueron y siguen siendo lo más importante de mi vida. Fuimos padres muy jóvenes, aprendimos mientras construíamos nuestra propia historia y compartimos sueños, alegrías y dificultades, como cualquier familia. La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella. De un día para otro perdí a mi compañera, a la mujer que amaba y a la persona con la que había imaginado pasar el resto de mi vida.Pero no tuve tiempo de detenerme. Había tres chicos que también habían perdido a su mamá y que necesitaban a su papá. Desde entonces, todo cambió.Muchas personas quisieron ayudarme. Todos tenían una opinión sobre lo que debía hacer, cómo debía seguir y cómo tenía que criar a mis hijos. Agradezco la ayuda de quienes estuvieron cerca en ese momento, pero viudo a los 36 años y en medio de ese dolor había algo que tenía absolutamente claro: quería estar con mis hijos y seguir siendo su papá.Sin embargo, a la pérdida de Romina se sumaron conflictos y situaciones que jamás hubiera imaginado atravesar. En el momento de mayor vulnerabilidad de mi vida, cuando intentaba reconstruir una familia atravesada por una ausencia irreparable, también me encontré teniendo que defender mi lugar como padre.Y no siempre fue en igualdad de condiciones. Hay personas poderosas que tienen la posibilidad de instalar su versión de una historia. Otras, como yo, apenas tenemos nuestra palabra. Pero la exposición pública, los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado.Tuve que aprender a vivir con la ausencia de Romina y, al mismo tiempo, acompañar a tres chicos que también habían perdido a su mamá. No fue fácil. Seguramente cometí errores. Nunca pretendí ser un padre perfecto. Hice lo que pude, con las herramientas que tenía y en circunstancias que jamás hubiera imaginado atravesar.Pero una cosa es reconocer mis errores como padre y otra muy distinta es aceptar que se construya sobre mí una imagen que no reconozco. Hoy me encuentro frente a acusaciones públicas de una gravedad enorme que me producen un profundo dolor.Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia. Estas cuestiones fueron objeto de una causa judicial y considero importante que se conozca lo que efectivamente resolvió la Justicia, se trata de una causa en la cual fui sobreseído en el año 2018. Como siempre sostuve, esos hechos que se denuncian nunca ocurrieron y por lo tanto nunca fueron comprobados.Además de Franco y Valentín, tengo dos hijos más, Azul y Dante. Estoy seguro que ellos no reconocen vivir ni haber vivido ninguna situación como las que escuchamos estos días en los medios. Siempre me resultó extraño que alguien ayudara a salir de un hogar supuestamente violento a dos menores y dejara allí a una pequeña de apenas siete años. Hoy una hermosa mujer de 20, que estudia en el exterior, y cada vez que retorna al país vuelve a nuestra casa.Pero hay algo que para mí es todavía más importante. No voy a discutir públicamente con mi hijo Valentín. No voy a responderle a través de los medios de comunicación. No voy a cuestionar sus sentimientos ni a exponer episodios de nuestra intimidad familiar para intentar demostrar que tengo razón. Lo amo y siempre lo amaré con toda mi alma, como lo amamos con Romina desde el momento en que decidimos traerlo a este mundo. Aunque es posible que, en ese momento de duelo y dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso y puedo entender su angustia.No escribo esto para enfrentarme con nadie ni para volver a
Fuente: La Nación