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Jessie Inchauspé, diosa de la glucosa: “Cuidar el equilibrio glucémico es también cuidar la claridad mental”
Jessie Inchauspé descubrió en carne propia que muchas de las “faltas de voluntad” podrían ser, en realidad, el resultado de las fluctuaciones bruscas de glucosa en sangre. Nacida en Biarritz, en el sur de Francia, se mudó a París a los cinco años tras el divorcio de sus padres. A los 19 años sufrió un accidente que impactó en su salud mental. Estudió matemáticas en King’s College London y luego bioquímica en Georgetown. Por curiosidad, un día se colocó un monitor continuo de glucosa y lo que vio cambió su vida: cada pico coincidía con cambios en su energía, su claridad mental y su estado de ánimo.En sus libros Glucose Revolution y 9 meses que contarán para siempre, desarrolla una idea simple y potente: no se trata de prohibir alimentos, sino de entender cómo y cuándo los comemos. Consultada por LA NACION en un mano a mano, la apodada “diosa de la glucosa” profundiza sobre su tema de expertise.Los dos mejores ejercicios para el abdomen, según Harvard, y cuáles evitar—Si resumieses tu propuesta en una transformación concreta en la vida cotidiana, ¿cuál sería?—Que dejen de sentirse víctimas de su energía, de sus antojos y de sus cambios de humor, y empiecen a sentir que por fin entienden qué está pasando dentro de su cuerpo. Cuando descubrís que algo simple puede reducir antojos y aumentar la energía durante todo el día, lo cambia todo. Es un paso enorme de la frustración a la comprensión, y además no requiere restricción ni dietas extremas. Es trabajar con el cuerpo, no contra él. Ese cambio trae muchísimo alivio. Nos permite dejar de juzgarnos y abre la puerta a transformaciones que se sienten sostenibles. Cuando comprendemos la dimensión biológica, la culpa pierde fuerza.—¿Cuáles son los patrones culturales alrededor de la comida están dañando nuestra relación con el cuerpo?—Etiquetamos alimentos como “buenos” o “malos”, glorificamos la fuerza de voluntad, ignoramos el hambre y comemos según reglas externas en lugar de sensaciones internas. Además, se nos dice que sentirnos cansados, inflamados o fuera de control frente a la comida es un fallo personal. En realidad, muchas veces es una respuesta fisiológica. Todo eso nos aleja del cuerpo cuando lo que necesitamos es volver a sentirnos seguros escuchándolo.—¿Es lo mismo vivir intentando controlar el cuerpo que vivir escuchándolo?—Cuando intentamos controlar el cuerpo, confiamos en disciplina y reglas rígidas, muchas veces luchando contra nuestra propia biología. Cuando lo escuchamos, cambiamos las normas por una comprensión flexible. Los datos de glucosa pueden mostrarnos por qué estamos cansados, por qué deseamos azúcar o por qué perdemos foco. Pero incluso sin dispositivos, podemos aprender a interpretar síntomas como señales de cómo nuestro cuerpo está gestionando lo que comemos. Cuando vemos esos patrones, empezamos a tomar decisiones que nos apoyan sin necesidad de restringirnos. Eso permite cambios duraderos.—¿Por qué, aun siendo consejos simples, nos cuesta aplicarlos?—Porque estamos luchando contra hábitos muy arraigados, patrones emocionales y un entorno alimentario diseñado para que compremos productos adictivos. El conocimiento no desarma años de condicionamiento. El cambio se vuelve más fácil cuando sentimos el impacto en el cuerpo: más energía, menos antojos, mejor ánimo. Esa retroalimentación tangible crea una motivación que la fuerza de voluntad no puede sostener sola. No fallamos porque los consejos sean difíciles, sino porque todavía no construimos el entorno y las rutinas que los vuelven automáticos.—Encontraste una relación entre equilibrio glucémico y toma de decisiones importantes, ¿de qué se trata?—Una glucosa estable influye profundamente en la calidad de nuestras decisiones porque afecta la base de nuestro estado mental: foco, paciencia, estabilidad emocional. Cuando la glucosa es errática podemos estar más reactivos, impulsivos o abrumados. Eso hace que decisiones importantes se sientan más difíciles y estresantes. Cuidar el equilibrio glucémico es también cuidar la claridad mental.—¿Qué conexión hay entre el equilibrio glucémico y la salud mental en el largo plazo?—La estabilidad metabólica influye en el equilibrio emocional. Si cada día atravesamos múltiples montañas rusas químicas, nuestro sistema nervioso trabaja en exceso. Eso puede amplificar ansiedad, irritabilidad y dificultades de concentración. No estoy diciendo que la glucosa explique todo, pero sí que es una pieza importante del rompecabezas.—Mencionaste reiteradamente al desayuno como una alerta a considerar. ¿Qué lugar ocupa en esta revolución?—Es un punto de partida muy poderoso. Un desayuno dulce puede generar un pico rápido y una caída a media mañana que desencadene hambre y antojos. Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida. No es una regla moral; es una herramienta fisiológica.—También hablás del orden en que comemos. ¿Por qué importa?—Porque afecta la velocidad con la que la glucosa entra en el torrente sanguíneo. Si empezamos por fibra, vegetales, por ejemplo, luego proteínas y grasas, y dejamos los carbohidratos para el final, el pico suele ser más suave. No cambiamos lo que comemos, sino cómo lo comemos. Esa sutileza hace que la propuesta sea sostenible.—Tu enfoque parece casi demasiado simple.—Lo sencillo no significa superficial. A veces lo más transformador es lo que se puede repetir cada día sin sufrimiento. No propongo eliminar grupos enteros de alimentos ni contar calorías obsesivamente. Propongo pequeños ajustes con gran impacto.—¿Qué te gustaría que quede como idea central en quienes leen tu trabajo?—Que no están rotos. Que su cuerpo no es un enemigo que necesita ser dominado. Que muchos comportamientos que les generan culpa tienen una explicación biológica. Y que con información adecuada pueden sentirse más libres, con más energía y más paz. No se trata de perfección. Se trata de comprensión.
Fuente: La Nación