Tras 10 años en la política, Martiniano Molina vuelve al mundo de la cocina

¿Martiniano volvió a la cocina? La frase se repitió aquí y allá en el mundo gastronómico cuando, tras diez años de gestión en política, Martiniano Molina se reencontró con los fuegos. El regreso se dio de la mano de la reciente apertura de Casa República en un imponente edificio patrimonial de calle Florida, que lo tiene como curador de sus distintos espacios culinarios.“Tenía hermosos recuerdos de la cocina y no quería perderlos. ¿Cuánto de eso puedo recuperar? Era una pregunta que me hacía constantemente", cuenta Martiniano, de 54 años, que comenzó su carrera junto al Gato Dumas, con quien incluso fundó su escuela de cocina. Tras muchos años de exposición televisiva con distintos programas en El Gourmet, en la TV Pública, América TV y el 13, a mediados de la década pasada se abocó a otra de sus pasiones (heredada de su padre, Jorge Molina): la política. Primero fue electo Intendente de Quilmes (2015-2019) y luego ejerció como Diputado de la Provincia de Buenos Aires (2021-2025).Hoy, su regreso al universo gourmet se da en el marco de un proyecto muy ambicioso ya que Casa República funciona dentro del Palacio Peña, un petit hotel construido a principios del siglo pasado por el arquitecto belga Julio Dormal (el mismo detrás del Teatro Colón) que, hasta hace unos años, fue la sede de la Sociedad Rural Argentina. Tras un laborioso proceso de restauración, el palacio abrió como un multiespacio que cuenta con restaurante y bar. Allí, Martiniano desarrolló una propuesta de gastronomía argentina clásica, basada en productos locales de todo el país y apuntando lo que considera su esencia: la simpleza.–Martiniano, ¿te costó dejar la cocina cuando te metiste en política?–En realidad, tenía la esperanza de poder hacer las dos cosas. No sé si fue ingenuidad o qué, pero yo entendía que podía, al mismo tiempo, seguir trabajando de cocinero y haciendo mis cosas. Pero el primer día que salí a la calle después de haber sido electo y me encontré con los vecinos, me entregaron como 500 pedidos. Ahí me di cuenta de que iba a ser imposible, porque me iban a ver cocinando en la tele e iban a decir: “Flaco, ¡encargate de nuestros temas! Nos falta luz, nos falta el agua, necesitamos seguridad”. Lo que sí creo que es el ideal, y que de hecho es algo que estoy demostrando, es que un político se puede correr por un tiempo de la política (en mi caso no sé si es para siempre, el tiempo lo dirá) y volver a lo que hacía antes.–¿Cómo viviste ese tiempo alejado de la gastronomía?–La verdad es que una parte muy particular de mi personalidad es que soy un tipo que me adapto a los nuevos desafíos. Y entrar en política como intendente era un enorme desafío por todas las necesidades que había para cubrir. Entonces, al asumir, yo me comprometí conmigo mismo primero y dije: “No me voy a mudar de mi casa, voy a seguir caminando la calle como el primer día”. Y eso al día de hoy lo cumplo, sigo viviendo en la misma casa, ando en bicicleta y me vinculo con mis vecinos como siempre. Lo único que hago es que todas las semanas voy a Rosario y vengo, porque mi mujer es rosarina. Pero el resto, no cambio nada. La política no me cambió mis amigos, no me cambió mi mujer, no me cambió mi familia, no cambió mis bienes. Quizá parece un montón, pero para mí debería ser lo normal.–¿Qué te llevó a volver a la cocina?–Tenía más que ver con algo que yo tenía ganas de hacer. Tengo 54 años y dije: “Podría seguir en la política” porque ahí es donde estaba cómodo, pero me gusta correrme de los lugares de comodidad y buscar nuevos desafíos. No desde la ambición, no desde el poder, no desde lo económico, sino desde los desafíos personales. Y la verdad es que tenía hermosos recuerdos de la cocina, de la televisión, de la radio, de todo lo que hice en El Gourmet, y no quería perderlos. ¿Cuánto de eso puedo recuperar? Esa era una pregunta que me hacía constantemente. Y la verdad es que estuvo lindo el proceso. Empecé con Violeta, mi hija, ayudándome a hacer contenidos de cocina para las redes. Arrancamos grabando con su celular en casa. Hacerlo de esa manera, como sencilla, simple, sin tanto equipo, me hizo poner muy contento y me generó una vibra muy linda. Entonces dije: “Es por acá”. Además, se fue generando mucha repercusión con las recetas que hacía en redes. Empecé a ver que había un crecimiento importante de seguidores y algunas marcas empezaron a llamarme. “Che, mirá, está bueno esto”, me dije.–¿Cómo surge Casa República?–Estaba en ese proceso y conozco lo que es hoy Casa República, lo que entonces eran las oficinas de la Sociedad Rural Argentina, a través de un amigo. En ese entonces calle Florida todavía estaba muy caída después de la pandemia, así que todo eso quedó medio stand by. Al tiempo pasé otra vez y la verdad es que la zona había cambiado. Así que volví a hablar con mi amigo y le dije que una de las posibilidades del lugar era la gastronomía. “Bueno, pensate una idea y tráela”, me respondió. Ahí hablé con algunos conocidos, que son hoy los socios del proyecto, y arrancamos con la restauración del lugar que demandó bastante tiempo. Abrimos el 9 de julio y tuvimos una muy buena repercusión de la gente.–¿Cuál es tu rol en el proyecto?–Soy como un curador de la carta. Eso hace que no tenga la responsabilidad de la gestión del día a día, y la verdad es que se formó un equipo hermoso de trabajo. A la hora de pensar los platos partí de que, ante todo Casa República, el Palacio Peña, es mucho más que un restaurante, mucho más que una cafetería, mucho más que un bar. Es un lugar con historia que busca ser un punto de encuentro de los argentinos. Y porque la historia en nuestro país es muy rica, el desafío de Casa República era gigantesco. La idea era abarcar todo ese mapa de la Argentina, de esa historia, en la carta. Ahí están los productores, está el campo, está el río, está el mar, los vinos, los aceites, los quesos, los embutidos, las carnes. Es como un mapa infinito. Entonces dijimos: “Si es infinito, tiene que ser simple”. Porque además creo que el común de la gente busca lo simple.–¿Cuál es tu idea de simpleza?–A un gran producto –puede ser un corte de carne o una provoleta– lo podés dejar impecable cumpliendo con el estatus que ya tiene ese producto en sí mismo. Pero también podés bajarlo, si no lo tratás bien, o subirlo. Convertirlo en algo sublime es la gran maestría de los cocineros. El desafío es ese: poner ese producto de primera en la mesa y que sea reconocido de inmediato; que uno encuentre en él representada nuestra historia. Yo siempre fui así, el Gato Dumas decía: “Martiniano es el cocinero más simple que conozco: cocina con tres cosas”. Y es verdad, yo sigo haciendo eso. Es mi esencia. Si hago un listado de los productos que componen las 2000, 3000 o 4000 recetas que he hecho en el transcurso de todos estos años, no sumás muchos ingredientes.–¿Qué cambios viste en la gastronomía?–Hay una velocidad gigantesca en los cambios. Yo viví el paso de los medios convencionales a las redes y el enorme cambio asociado a eso. No nos olvidemos que cuando comencé a cocinar en la tele los cocineros, en las cocinas, se ponían de espaldas para que nadie viera sus secretos. Esos cocineros se enojaban conmigo porque yo mostraba esos secretos en la pantalla. Después vinieron las redes. Cuando yo empiezo política me pierdo un poco ese mundo online, que es algo muy vigente y en lo que ya me empecé a meter hace un tiempo.

Fuente: La Nación