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Cómo es Pulp: ¿Qué harías por una canción más?, el documental en el que Jarvis Cocker repasa la historia y la prehistoria de la banda
Cuando era un alumno en el colegio secundario, Jarvis Cocker solía pasarse las horas de clase garabateando en su cuaderno. De a poco, las hojas empezaron a llenarse de ideas, bocetos, figurines de vestuario y teorías sobre la cultura pop. Así, el joven delgado y de gafas gruesas escribió lo que llamó The Pulp Manifesto, el manual para tomar el mundo por asalto al frente de una banda de rock. Y para hacerlo, tenía una fórmula secreta: “Barry White + Eurodisco + realismo norteño rasposo = El futuro”. La frase, anotada por el joven Cocker es leída en off en la actualidad por el cantante en uno de los momentos de Pulp: ¿Qué harías por una canción más?, la película dirigida por Garth Jennings que alterna entre la concert movie y el documental, y que ya está disponible en MUBI. En esa enumeración leída por Cocker puede encontrarse el ADN de la música de Pulp a lo largo de sus cuatro décadas y media de carrera, donde la sensualidad (o directamente la lascivia, según la época), la invitación al baile y la vida en los barrios obreros dieron forma a una de las bandas más exóticas y provocadoras del britpop. Mientras Oasis y Blur se sumergían en la contienda por cuál era la banda más popular de su camada, Cocker y compañía se colaban a la fiesta de los noventa sin pedir permiso y la tomaban por asalto con lo que el propio Jarvis define en la película como “una alternativa a la narrativa oficial vestidos con ropa comprada en ferias de segunda mano para poder contar una historia nueva”. “Fue una aventura, porque nunca había hecho algo así, y aprendí muchísimo en el camino”, dice Jennings sobre ¿Qué harías por una canción más?, una película compuesta por dos ejes que corren en paralelo. Por un lado, la filmación de un recital de Pulp en el O2 Arena de Londres, ante 22 mil espectadores. Por el otro, la voz en off de Cocker analizando cada pieza de material de archivo (textos, fotos, presentaciones televisivas, vestuario) para intentar encontrar ahí la historia de su propia banda. Jennings no es ajeno al mundo musical: estuvo detrás de varios videoclips de Blur, Pulp, Radiohead, Beck, Badly Drawn Boy y Supergrass y también escribió y dirigió las dos entregas de las películas animadas Sing: Ven y canta, lo que convierte a esta en su primera película musical con humanos, un dato que le causa gracia al tomar noción. Aunque vista desde afuera, el cruce entre dos formatos de documental en una misma película puedan parecer una invitación a un cruce caótico, para Jennings ese cruce permitió mucha más libertad. “Con la animación tenés que ser muy específico y tenés que hacer las cosas de manera muy precisa, es como trabajar en una fábrica. Lo mismo cuando hacés una película live action, a lo sumo es un poco más dinámico. Esta película fue mucho más libre, a pesar de que no podía controlar el show y no podía crear el material de archivo. Todo iba a pasar y yo tenía que estar ahí para captarlo, juntarlo, encontrarlo y creer que iba a estar ahí”, explica Jennings. El tramo documental de la película es una suerte de adaptación a la pantalla grande de Pop bueno, pop malo, el libro que Cocker escribió al hacer un inventario de lo que encontró en la buhardilla de su casa para explicar la génesis de Pulp. “El libro es increíble, porque es el punto de partida para toda la historia, pero a mitad de camino se termina, entonces teníamos que seguir escribiendo esa historia respetando esa misma voz”, explica Jennings sobre el desafío de mantener ese tono durante todo el relato. A pesar de que es la voz del cantante la única que lleva el relato, para Cocker Pulp nunca se trató de un viaje en solitario sino de una experiencia grupal. Al momento de hacer en pantalla un repaso por las distintas formaciones de la banda que creó en su pupitre de colegio, se encarga de dejarlo en claro: “La habilidad musical nunca fue una prioridad, lo era la de soñar. Un sueño es más divertido cuando tenés otras personas con las que compartirlo”. En otro segmento, el cantante reflexiona sobre el valor de las pequeñas cosas, dado que son con las que uno llena su vida. “Coincido con él totalmente, y la música es una de ellas”, agrega Jennings. “Te enseñan que el pop es sólo insignificante, que son solo canciones, pero después te das cuenta que no son solo eso sino piezas increíbles de magia en tu vida que pueden hacerte viajar por el tiempo o hacerte sentir bien y rescatarte en momentos difíciles”, completa. Y agrega: “Tengo un montón de cositas en mi escritorio y mi lugar de trabajo. No son valiosas económicamente, pero cada una tiene una historia atada”. Dado que los segmentos documentales de Pulp: ¿Qué harías por una canción más? tienen una importante cuota de intimismo, Jennings tuvo como desafío replicar ese mismo espíritu en la filmación del concierto para transmitir una sensación de cercanía gracias a un criterio que privilegia la cámara fija por sobre la edición abrupta que en estos últimos años se volvió la norma. “Gran parte de eso es mérito de Jarvis. Incluso cuando estás en un concierto con 22 mil personas alrededor, te sentís muy conectado a él. Él interpreta como si te estuviera hablando a vos, e incluso la gente que estaba en los asientos del fondo dijo que lo sintió como un show muy íntimo”, explica Jennings, que define al vocalista como “mi activo más importante”, por lo que priorizó fimarlo como si el espectador estuviera viendo el show desde el lugar de los hechos. “No quisimos hacer muchos cortes como si fuera algo hecho para la televisión. Traté de que los planos se mantuvieran estáticos y que te sintieras como el público en el lugar, mirando lo que está pasando”, dice Jennings sobre la película, que se toma su tiempo para mostrar todo lo que ocurre en escena, desde las manos de Candida Doyle en el teclado, la coreografía de Cocker contra un sol naciente en la pantalla durante “Sunrise” o el gesto adusto del baterista Nick Banks concentrado para no perder el ritmo. El éxito tardíoA medida que repasa su adolescencia, Cocker vuelve varias veces sobre la importancia de la confianza en uno mismo para poder salir a intentar conquistar el mundo desde las calles de una ciudad industrial. Como una especie de mito de Sísifo en la cultura pop, Pulp tardó quince años en conocer el éxito: se formó en 1978, lanzó su primer disco en 1983, pero recién comenzó a vislumbrar las mieles del éxito con la llegada de su cuarto álbum, His N’ Hers, de 1994, hasta su consagración con el disco siguiente, Different Class, de 1995. “Ese convencimiento es clave porque, si no lo tenés, tenés que fingirlo de inmediato hasta que lo consigas. La ropa puede ayudar mucho, pero lo que te lo termina dando es hacer cosas constantemente sin miedo a perder”, analiza Jennings sobre la historia de Cocker y compañía, un recorrido en el que cualquier otro se hubiera bajado a mitad de camino. “En esta historia hay muchos fracasos, desastres, un montón de razones para rendirse, y creo que si superás todas esas cosas podés ser premiado con la confianza. No es que de repente sos a prueba de balas por el resto de tu vida, pero puede ayudar a que seas una persona más fuerte”, completa. Más allá de un repaso por los grandes éxitos de Pulp (“Common People”, “Babies”, “This is Hardcore”, “Disco 2000”, “Spike Island” y “Something Changed”, por nombrar sólo seis) uno de los momentos más logrados de la película aparece con los únicos testimonios que no son de Cocker: su madre y su abuela dejan en claro que desde niño Jarvis parecía destinado a ocupar un lugar sobre el escenario, y que el histrionismo corre por el código genético de la familia. “Si conocés a la madre de cualquiera vas a entender bastante sobre esa persona, y si encima conocés a la abuela es como una ventana enorme a su mundo”, reconoce Jennings entre risas, que asegura hay un tono compartido entre las tres generaciones, que cobra aún más relevancia cada vez que Jarvis recorre su propia historia. “Cuando escuchás su voz en la narración, lo hace con humor, pero de una manera muy genuina, es como si te lo estuviera diciendo en privado, como un amigo que te quiere contar algo”. Aunque es una película centrada no en una época ni en un movimiento contracultural, sino en la historia de un grupo en particular, Jennings anhela que su documental haga algo más que predicar para los conversos. “Ojalá los fanáticos la amen, pero el mayor elogio posible sería que alguien que nunca escuchó a Pulp pueda verla y se vuelva un seguidor, porque ese sería mi sueño. Así fue como me enamoré de la música, gracias a otra gente que compartió su amor hacia otra cosa, una banda o un concierto y la manera en que lo mostraron hizo que me gustara a mí también”, dice con entusiasmo. Su intención tiene cierto correlato con un planteo que hace Cocker sobre no quedarse con los sueños y salir a concretarlos, y en lo posible, acompañado: “la versión real de Pulp fue bastante más interesante que cualquier cosa que hubiera podido imaginar solo”.
Fuente: La Nación