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“Los docentes no cobran nada y encima son agredidos”: así se sintió el paro en las escuelas bonaerenses
El silencio fue la primera señal. En escuelas donde un día cualquiera cientos de alumnos recorren pasillos, ocupan aulas y llenan los patios, este jueves había sillas apoyadas sobre los bancos, persianas bajas y puertas que apenas se abrían. Según los gremios convocantes, la adhesión al paro superó el 95% y en algunos casos alcanzó el 98%. LA NACION recorrió cinco establecimientos del conurbano bonaerense, desde San Isidro hasta Virrey del Pino, en La Matanza, para observar el impacto de la medida de fuerza. La protesta tuvo distintos niveles de acatamiento y también explicaciones diversas entre quienes trabajan en las escuelas.El paro por 24 horas fue convocado por Suteba, la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB), la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET) y la Unión de Docentes de la Provincia de Buenos Aires (Udocba), cuatro de los cinco sindicatos que integran el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB). La medida se produjo después de una sucesión de agresiones contra trabajadores de la educación en distintos distritos bonaerenses y en medio de reclamos salariales y la negociación paritaria con el gobierno provincial.“La adhesión fue superior al 95% en los dos turnos”, dijo María Laura Torre, secretaria general adjunta del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la provincia de Buenos Aires (Suteba).La primera parada fue la Escuela de Educación Secundaria (EES) N° 8, conocida como Colegio Nacional de San Isidro. En las aulas, las sillas estaban colocadas sobre los bancos. La imagen contrastaba con la que describió una auxiliar cuando contó cómo es habitualmente el lugar: por allí pasan alrededor de 700 estudiantes y, en sus palabras, “es un lío bárbaro”. Esta vez no había clases. Según explicó, todos los docentes menos dos habían adherido a la medida.Para esa comunidad educativa, al menos según el testimonio de la trabajadora, el salario tuvo más peso que los episodios de violencia que originaron la convocatoria. “Acá más que nada fue por el tema salarios más que por la violencia porque acá no pasa, pero sí acompañan eso también”, señaló. LA NACION intentó conocer la posición de los dos docentes que habían concurrido a trabajar, pero prefirieron no hacer declaraciones.La recorrida siguió en San Martín. Las persianas de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 1 Manuel Belgrano estaban bajas y la puerta, entreabierta. En ese escenario apareció un adolescente de 16 años en bicicleta. Abrió la reja, entró con el rodado y, ante la consulta de este medio, aclaró que no había ido para cursar: “Hay chicos, pero venimos a las pasantías. La escuela está de paro”.Una auxiliar que salió del establecimiento aseguró que ningún docente había concurrido y ubicó las dos demandas en un mismo plano. “No solo es por el hecho de la violencia y que acompañamos el reclamo sobre la violencia hacia los docentes y lo que pasó. También es el tema salarial, los docentes no cobran nada y encima son agredidos”, afirmó.En esa escuela, agregó, las agresiones no son una problemática ajena. La trabajadora aseguró que ocurren episodios tanto con alumnos como con sus familias y señaló especialmente las situaciones protagonizadas por padres. “Acá se viven bastante hechos de violencia, principalmente de los padres hacia los docentes, más allá de que de parte de los alumnos ya es algo habitual. Pero de los padres hacia los docentes fue incrementando desde 2024”, sostuvo.En Ciudadela, partido de Tres de Febrero, la Escuela de Educación Secundaria Técnica N° 4 estaba prácticamente vacía. La directora se encontraba allí, aunque no quiso hablar con este medio. Una auxiliar indicó que la mayoría de los docentes había adherido al paro, pero que unos pocos habían asistido. Fue una de las variaciones que mostró la recorrida: frente a la adhesión casi completa observada en los establecimientos anteriores, allí hubo una presencia minoritaria de trabajadores que decidieron concurrir.El siguiente destino fue Virrey del Pino, en La Matanza. En la Escuela de Educación Primaria (EEP) N° 67, situada sobre Isaac Newton al 400, la directora tampoco quiso responder las consultas de LA NACION. Desde la calle podían verse aulas y pasillos sin estudiantes y no llegaban desde el interior las voces características de una jornada escolar.A pocas cuadras estaba la última escuela del recorrido. En la Escuela de Educación Secundaria (EES) N° 120, sobre Osiris 455, los patios que podían observarse desde afuera estaban vacíos. Un auxiliar, sin embargo, dio una versión diferente de lo que sugería esa imagen. “En la escuela no faltó nadie, es todo normal”, aseguró.Fue entonces cuando la recorrida cambió de tono. Mientras el equipo de LA NACION permanecía en el exterior del establecimiento, el director se acercó y pidió los datos de los periodistas. También objetó que se tomaran fotografías de la fachada de la escuela e intentó fotografiar la credencial del fotógrafo. Cuando se le indicó que no lo hiciera, el intercambio se volvió más tenso.El episodio continuó cuando el director se dirigió hacia el vehículo en el que se trasladaba el equipo periodístico. Antes de que LA NACION dejara el lugar, registró la patente del auto.
Fuente: La Nación