Más litros, pero menos plata para el tambero: El consultor Marcos Snyder advierte que la industria tendrá que “ajustar los precios” ante márgenes cada vez más estrechos

La producción de leche argentina está creciendo, pero ese aumento de volumen no se traduce en una mejora en las cuentas de los tambos. Es la historia repetida que exhibe desde hace tiempo la industria local, en medio de un proceso de concentración a claras luces irrefrenable.
Así lo evalúa el consultor especializado Marcos Snyder, quien advierte que el productor está enfrentando una combinación de precios rezagados y costos de alimentación en alza, mientras la industria atraviesa un proceso de reconfiguración en busca de mayor eficiencia y escala.

Las cifras del Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA) arrojan que la producción de agosto fue 2,2% superior a la de igual mes del año pasado y creció 6% respecto de julio, con un total de 1.114.792.553 litros de leche. En el acumulado enero-agosto, en tanto, el incremento llega al 4,5% interanual.
Aunque la imagen esté latente, Snyder considera que este crecimiento no debería desembocar en una situación similar a la de la primavera pasada, cuando una oferta extraordinaria de pasto generó un fuerte salto en la producción y dejó mucha leche sin destino comercial. “No creemos que se vaya a repetir este año porque venimos con menos humedad”, explicó.
El escenario también es diferente por el nivel de stocks. El especialista destacó que las existencias de productos lácteos se encuentran en niveles históricamente bajos para esta época del año y que actualmente el mercado interno absorbe alrededor del 70% de la leche producida, mientras que el 30% restante se exporta.
La leche aumentó un tercio de la inflación anual y los tambos deben agradecerles a los granos por evitar una crisis mayor

El problema aparece al mirar cómo se distribuye el valor dentro de la cadena. El consultor señala una una diferencia importante entre la evolución de los precios: mientras el maíz aumentó 40% interanual y los precios mayoristas de los lácteos subieron 18%, el precio recibido por el tambero aumentó apenas 9%. En el mismo período, los precios en góndola aumentaron 23%.
“Hay un diferencial que la cadena no está transmitiendo al productor”, planteó Snyder, que considera que ese fenómeno está relacionado con la reconfiguración que atraviesa la industria, que busca preservar márgenes en un escenario de menor inflación y costos crecientes.

Para los tambos, las cuentas se volvieron todavía más ajustadas, porque aumentaron los costos de alimentación y la relación que anteriormente había -de alrededor de dos kilos de maíz y un kilo de balanceado por litro de leche- comenzó a deteriorarse.
“La industria va a tener que empezar a ajustar los precios porque todo subió”, sostuvo. La expectativa de los productores pasa, en buena medida, por reemplazar parte de los alimentos comprados con pasto, aunque la falta de humedad en algunas zonas ya empieza a limitar el crecimiento del forraje.

En paralelo, la exportación aparece como una válvula para absorber el excedente de leche. Snyder señaló que se están concretando operaciones a valores de entre 3.600 y 3.800 dólares por tonelada y que esos precios todavía permiten negocios exportadores. Brasil está teniendo un papel creciente como destino, mientras que las ventas hacia Argelia se complicaron respecto del año pasado.
Para el cierre de 2026, el escenario productivo dependerá también del clima. Sin considerar un eventual impacto fuerte de El Niño, el consultar estima un crecimiento anual de entre 2% y 3% aunque, si se repitiera un comportamiento climático similar al de 1997, el resultado podría cambiar drásticamente: “Estaríamos terminando el año con 1% a menos que el año pasado”, afirmó.

Más allá de la coyuntura, Snyder asegura que la lechería argentina va hacia una mayor concentración y búsqueda de escala. Los tambos grandes ya vienen creciendo a un ritmo de 4% a 5% anual, mientras que los establecimientos medianos y chicos encuentran más dificultades para expandirse.
“En esta situación hace falta más escala, no solo de parte del productor, sino también en la industria”, afirmó. A su entender, la incorporación de tecnología será clave, pero dependerá de que aparezcan líneas de financiamiento con tasas que permitan que las inversiones se paguen con el propio flujo de fondos del tambo.
La misma transformación deberá darse en la industria, donde existen marcadas diferencias de productividad: mientras las plantas argentinas elaboran entre 1.000 y 1.500 litros por operario, Fonterra, la mayor cooperativa láctea de Nueza Zelanda, trabaja con niveles de entre 5.000 y 6.000 litros.

Automatización, renovación de camiones e instalaciones y mejoras en la recolección aparecen así como algunas de las inversiones pendientes. Pero para Snyder el cambio más importante es dejar de mirar solamente los litros comprados, porque considera que esa es “la principal ineficiencia” hoy en día
La razón es sencilla: aproximadamente la mitad de la leche argentina se destina a queso y el resultado económico depende de cuánto rinde esa leche en la tina. “El volumen tiene que rendir”, resumió, ilustrando que esa búsqueda de eficiencia será determinante en una cadena que ya comenzó a transitar una nueva etapa, con márgenes más estrechos y una competencia creciente por reducir costos.

Fuente: Bichos de Campo