SR Fertilizadoras es una firma de Colón, provincia de Buenos Aires, que encontró hace más de tres décadas su lugar en un rubro que fue creciendo a medida que la agricultura argentina comenzó a prestarle cada vez más atención a la nutrición de los cultivos: las fertilizadoras.
“Si sembrás, tenés que fertilizar sí o sí”, resume muy pragmáticamente Ignacio Davini, integrante de la firma que supo acoplarse a esa práctica y hoy sostiene una estructura con unos 80 empleados y una línea de producción operativa.
A una industria la sostiene el consumo y, a pesar de la retracción del mercado de maquinaria en general, desde SR destacan el aumento que hubo en la demanda de equipos de fertilización, sostenida, desde ya, por una necesidad agronómica bastante concreta y un mandato sobre el que una y otra vez vuelven los especialistas: hay que devolver los nutrientes que se extraen al suelo.
“La tierra se está desgastando y hoy necesita urea, fósforo, yeso, fosfato y muchos otros nutrientes”, señaló Davini, que destaca la importancia de reponer parte de aquello que necesitan los cultivos para poder desarrollarse y expresar mejor su potencial.
Las cifras arrojan que una buena fertilización puede marcar diferencias importantes de rendimiento, en algunos casos de hasta el 35%. Es la tan nombrada “brecha” que se pierde en el lote y, aunque varía según el cultivo, el suelo, el ambiente y la estrategia elegida, refleja por qué el productor comenzó a darle más importancia a esa práctica.
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Ese proceso también tuvo su correlato en la maquinaria agrícola. SR fue fundada en Colón en 1990 por Roque Zárate, por lo que en sus comienzos se llamaba San Roque y se dedicaba fundamentalmente a reparar y reformar maquinaria usada. Hacia 1994 comenzó a trabajar específicamente con equipos de fertilización, al adaptar un equipo abonador sobre una sembradora, y por los próximos 30 años se dedicó a su gran metié.
Desde entonces, la oferta fue evolucionando junto con los cambios en el manejo agrícola, pero siempre acompañando a lo que requiere la fertilización. En ese sentido, Davini recuerda que estas máquinas pueden utilizarse en distintos momentos según el cultivo y la estrategia planteada, desde aplicaciones previas a la siembra hasta intervenciones sobre cultivos ya implantados.
Muchas posibilidades, pero una certeza unívoca. “Cada vez hay una mayor necesidad de fertilizar”, afirma.
Mirá la entrevista con Ignacio Davini:
Detrás de esas máquinas, y de la evolución de lo que fuera “San Roque”, hay también una pequeña historia industrial bonaerense: todos los equipos se fabrican en Colón, donde actualmente trabajan entre 75 y 80 personas.
“Colón es una ciudad que tiene mucha industria”, destaca Davini, que celebra que la maquinaria agrícola forme parte de ese amplio entramado fabril. Es valor agregado a nivel local, es industria y empleo, pero también es acompañar lo que ocurre en los lotes.
A fin de cuentas, no hay que olvidar el punto de partida: mientras los suelos demandan una reposición cada vez más cuidadosa e intensiva de nutrientes, en ciudades como Colón esa necesidad alimenta una industria especializada y a decenas de familias.
Agro & Campo
Cuando fertilizar todavía no era una obsesión, en Colón ya apostaban por las máquinas: La historia de SR, la firma que acompañó por décadas el auge de la nutrición de cultivos
Fuente: Bichos de Campo