Lucas Gagliano, profesor de teatro: “Las clases sirven mucho para sacar el estrés de la rutina, porque venís a hacer algo distinto”

Entre el burnout, las exigencias de la vida cotidiana y la vorágine de la rutina, cada vez más adultos buscan espacios donde aflojar la tensión y recuperar la capacidad de jugar. Lejos del deseo de conquistar marquesinas o consagrarse en la escena comercial, muchos ven a la improvisación teatral como una válvula de escape que los conecta con la salud mental y el bienestar personal.Lucas Gagliano, profesor de teatro especializado en esta disciplina, analiza cuál es el principal motor de sus alumnos a la hora de anotarse: “Salir de la rutina, divertirse también, volverse a conectar con el juego, con la risa, con la diversión. ¿Y qué mejor que venir a las clases de impro? Porque no solo vienen a desarrollar la creatividad, la oratoria y la comunicación, sino que vienen a conectarse con otra persona, consigo mismo, y vuelven a conectarse con el juego”. Hacer teatro, una forma de escapar del estrés El perfil de quienes asisten a sus talleres confirma que el objetivo central traspasa lo vocacional. “La mayoría de mis alumnos no quieren ser actores profesionales o actrices profesionales. Vienen a conectarse con un lugar saludable y de creatividad, de creatividad pura”, señala el docente, que coordina las clases de @tallerdeimpro.En un contexto donde el agotamiento mental se convirtió en una constante, subirse al escenario funciona como una vía de descompresión inmediata. “Las clases sirven mucho para sacar el estrés de la rutina porque venís a hacer algo distinto, venís a conectarte con el juego, con la diversión, con la risa, y eso automáticamente, de manera natural, nos conecta con cosas lindas que nos hacen bien y que hace que nos saquemos ese burnout y ese estrés de la vida cotidiana”, explica. Además de los beneficios individuales, estos espacios generan redes sociales sólidas. “No solamente vienen y conocen gente, se hacen amigos, hacen grupos de salida: salen a ver una obra de teatro, salen a tomar una cerveza... Vienen a hacer una actividad que los reúne en común, pero siempre surgen un montón de amistades”, remarca sobre el espíritu colectivo que se vive en cada clase. Para quienes sienten dudas antes de dar el primer paso o temen a la exposición pública, la recomendación es perder el miedo a equivocarse. “Lo mejor para eso es empezar y animarse. Acá en la improvisación el error lo usamos a nuestro favor, con lo cual eso nos da una gran metáfora para la vida misma, para aceptar de que pueden existir errores y los usamos a nuestro favor”, destaca. El impacto práctico de este entrenamiento trasciende las dinámicas del aula. “Y la mayoría, te diría el 95% de mis alumnos, me dicen que les sirve para sus propios laburos y para su vida cotidiana, porque la improvisación te entrena a trabajar con los imprevistos, y eso es clave para cualquier entrevista de laburo, para la facultad, para todo, para la vida misma”, concluye Lucas.

Fuente: La Nación