La oscura trama arbitral, de Tapia a Toviggino: clubes del poder, lazos familiares y el pacto que empieza a romperse

Juan Sebastián Verón entra a la cancha y le grita “ladrón” a Darío Herrera, que no reacciona. Herrera es mundialista: llegó a la Copa del Mundo cuando parecía que su etapa como árbitro de la FIFA estaba terminada. Acaba de dirigir la final de la Supercopa Internacional, con varias decisiones discutibles que favorecen a Rosario Central, club ligado al poder, frente al conjunto platense, uno de los principales opositores. Minutos después, Claudio Tapia, presidente de la AFA, evita subir al escenario durante la premiación del subcampeón, pero sí lo hace para entregarles las medallas a Herrera y sus asistentes y luego acompañar la consagración de Central. Desde abajo, los jugadores del Pincha aplauden con ironía mientras Chiqui Tapia premia a los jueces. La imagen resume buena parte del clima que rodea hoy al arbitraje argentino.Lo de Verón fue apenas el último episodio de una secuencia que se repite casi todos los fines de semana. A fines de agosto, Nicolás Russo, presidente de Lanús, pidió la salida de Beligoy, máximo responsable de los árbitros, después de una jugada entre Leonel Flores y Sasha Marcich, en la que ni Pablo Dóvalo en la cancha ni Germán Delfino desde el VAR consideraron que el delantero de Boca debía ser expulsado. Al día siguiente, Guillermo Barros Schelotto explotó por un gol que le anularon a Vélez ante Riestra sobre el final y que hubiese significado el 2-1 y la punta en soledad del Grupo A, por una supuesta infracción previa que solo advirtió Diego Ceballos desde el VAR y que Nazareno Arasa terminó convalidando.Una semana después, Daniel Vila trató de “bandidos” a Beligoy y a Nicolás Ramírez por el arbitraje en River-Independiente Rivadavia, en el que el juez omitió una segunda amarilla a Nicolás Otamendi, aunque también una roja a José Florentín. Y al fin de semana siguiente, Julio Falcioni estalló tras la derrota de Atlético Tucumán ante River por la decisión de Andrés Gariano de no echar a Mauro Arambarri por una dura entrada sobre Alexis Canelo. Stefano Di Carlo, presidente del Millonario, englobó el malestar en una frase: “Estamos esperando a que encuentren un límite en términos de la vergüenza”. El club, además, presentó en la AFA un “documento crítico” para revisar la conducción del arbitraje.Empezó a romperse el pacto de silencio que los presidentes de los clubes habían sellado con la dirigencia de la AFA, y que también alcanzaba a directores técnicos y futbolistas. La consigna era discutir internamente, pero los errores que se repiten fecha tras fecha llevaron a varios a hablar públicamente y apuntar de manera directa contra Federico Beligoy, que lleva ocho años al frente del arbitraje y está cada vez más cuestionado. Incluso ya empezó a circular un nombre para sucederlo: Pablo Dóvalo.El fútbol argentino vive en un estado de sospecha. Y ese clima de desconfianza ya no se explica solamente por una jugada puntual, un penal no cobrado, una expulsión polémica o una de esas manos en el área que, fecha tras fecha, vuelven a abrir el debate sobre qué debe sancionarse y qué no. Nace mucho antes de que el juez tome una decisión: empieza por un sistema en el que conviven dirigentes, directores arbitrales, formadores, asesores, representantes gremiales y figuras casi desconocidas para el público, como los quality managers. El mapa comienza en Buenos Aires, con Beligoy como director nacional de Arbitraje, y se extiende al interior del país, donde Gustavo Bassi cumple una función similar en el Consejo Federal. Pero los dos caminos terminan en el mismo lugar: Chiqui Tapia y Pablo Toviggino, en la cima de la pirámide de poder.Hoy son muchos los que creen que el tiempo de Beligoy empieza a agotarse, incluso dentro de la AFA. En un momento especialmente sensible, con investigaciones judiciales abiertas, un ambiente cada vez más tenso en los estadios y críticas desde distintos sectores, entienden que la crisis del arbitraje también debilita aún más la credibilidad institucional.El 11 de mayo de 2018, Beligoy dirigió su último partido como árbitro. Vecino de Villa Ballester, impartió justicia en el triunfo 4-1 de San Martín, de San Juan, ante Chacarita, en San Martín, en la despedida del Funebrero de la Primera División. Junto a él estuvieron Sergio Zoratti y Sergio Viola como asistentes, y su sobrino Sebastián Martínez Beligoy como cuarto árbitro. Apenas 83 días después, Beligoy fue anunciado como nuevo director nacional de Arbitraje en reemplazo de Horacio Elizondo, impulsado por Tapia. Viola lo acompañó y hoy está a cargo de la instrucción y la supervisión del VAR; en 2019, Zoratti asumió como vicedirector de la DNA. Martínez Beligoy, por su parte, protagonizó un ascenso meteórico: debutó en marzo de 2021 en la Primera B y en octubre de 2022 ya dirigía en la elite.La relación también se extendió fuera de la AFA. En octubre de 2025, el Consejo de la FIFA designó a Tapia como integrante de la Comisión de las Reglas de Juego y a Beligoy, como miembro de la Comisión de Árbitros.Al asumir, Beligoy dejó trascender que nadie le diría lo que tenía que hacer y anticipó que las designaciones de los árbitros volverían a hacerse por bolillero y no a dedo. La idea, explicó entonces, era transparentar el sistema. Ese método duró poco. Antes de la temporada 2019/2020, la AFA informó que Beligoy había resuelto que las designaciones de la Superliga pasaran a hacerse por “designación directa”. En 2021 regresaron los sorteos para todas las categorías, transmitidos por las redes de AFA, pero el sistema volvió a abandonarse en 2022.Beligoy es, además, el secretario general de la Asociación Argentina de Árbitros, uno de los tres sindicatos reconocidos. Asumió en 2013, en reemplazo de Alejandro Toia y durante la presidencia de Julio Grondona, y fue reelegido en 2019, ya con Chiqui Tapia como presidente de la AFA. Pero el vínculo entre ambos venía de mucho antes: cuando Tapia presidía Barracas Central y era miembro titular de la Mesa de la Primera B. Beligoy está de los dos lados del mostrador. Por un lado, maneja el arbitraje argentino; por el otro representa, gremialmente a buena parte de quienes dependen de sus decisiones. En los hechos, es empleador y representante de sus propios afiliados. Si un árbitro denunciara presiones de la AFA para favorecer a un equipo, tendría que planteárselo al mismo Beligoy.En junio de 2023 quedó expuesta esa doble función. Diego Abal fue apartado después de un grave error en Gimnasia La Plata-Sarmiento: desde el VAR advirtió un supuesto offside en una jugada en la que el futbolista estaba fuera del campo y Ariel Penel terminó anulando un gol lícito del equipo platense. Afiliado a la AAA, Abal cuestionó a Beligoy por haberlo sancionado desde su rol en la AFA y no haberlo respaldado desde el sindicato. Debajo de Beligoy y Zoratti, a su vez tesorero de la AAA, están Viola y Alejo Castany, que además de ser secretario adjunto del sindicato es responsable del plantel arbitral juvenil. Pero Castany cumple también otra tarea importante: es rector de la escuela de árbitros de la AAA y, por lo tanto, tiene incidencia directa en la formación y promoción de buena parte de los jueces que luego llegan a las categorías superiores, muchos de ellos surgidos de la misma escuela.En un escalón similar estaba Marcelo Habib como secretario administrativo, pero fue desplazado hace pocas semanas. Habib había sido asistente de Héctor Baldassi, primero dentro de la cancha y luego durante la etapa en la que el cordobés fue diputado nacional por el PRO. Por esos días, el nombre de Baldassi empezó a circular como posible sucesor de Beligoy en caso de que Tapia decidiera removerlo. Aunque era una posibilidad difícil de imaginar, sobre todo por la identificación política de la Coneja, dentro del mundo arbitral sospecharon que Habib había impulsado esa alternativa y terminó pagando con su salida.Además de esos cargos, la Dirección Nacional de Arbitraje tiene también un área técnica. Fernando Rapallini fue presentado en 2025 como nuevo gerente técnico arbitral en reemplazo de Ángel Sánchez, quien había llegado a la AFA en 2017 como secretario técnico junto a Elizondo y, con la llegada de Beligoy, pasó a ocupar esa función. Rapallini se encarga de la formación y el desarrollo de los árbitros: coordina la capacitación, la instrucción y el seguimiento de todo el grupo.En Ezeiza lo señalaban, además, como uno de los nombres que podía reemplazar a Beligoy. Finalmente, Beligoy decidió sumarlo a su equipo de trabajo y tenerlo bajo su órbita.De Rapallini dependen también áreas más específicas. Vigliano es jefe técnico arbitral y Ezequiel Brailovsky, jefe técnico de asistentes. El caso de Vigliano es particular: sin haber tenido una trayectoria del nivel de otros jueces de su generación, llegó a ser considerado por Conmebol como el mejor árbitro VAR de Sudamérica y uno de los mejores del mundo. Hoy, ya retirado, es uno de los encargados de formar y evaluar técnicamente a los réferis principales. En la final entre Rosario Central y Estudiantes apareció además vestido de civil junto a Darío Herrera, mientras Verón y varios jugadores del equipo platense intentaban increpar al árbitro.Dentro de la DNA funciona además un numeroso grupo de exárbitros que se reparten tareas como instructores, quality managers y asesores arbitrales.Los instructores se ocupan de capacitar y evaluar técnicamente a los jueces y de bajar los criterios que luego deben aplicar en la cancha. Los asesores son los antiguos veedores: analizan la actuación de los árbitros después de cada partido, elaboran informes y los califican. Entre ellos también hay nombres conocidos, como Antonio Amato, Marcelo Azpiolea, Luis Bongianino, Walter Cuello, José Rabinovich, Francisco Rocchio, Ramón Tornero y Néstor Febes Verna.Hasta hace poco, en ese grupo también aparecían Ricardo Casas y Ernesto Taibi, despedidos junto con Marcelo Habib. Taibi llevaba tiempo enfrentado con Beligoy, mientras que Casas quedó involucrado en el escándalo de Riestra-Vélez. Formaba parte del equipo

Fuente: La Nación Deportes