El paraíso patagónico que triplica su población cada verano

Los locales aman su pueblo. Villa La Angostura está rodeada por el Parque Nacional Nahuel Huapi y es relativamente chica: el centro se encuentra a unos dos kilómetros del lago Nahuel Huapi, la villa linda con el lago Correntoso, el Espejo está a siete kilómetros y hasta se puede esquiar en el cerro Bayo, a solo seis kilómetros del centro. Casi todas sus playas son de arena: como están en bahías protegidas, tienen menor oleaje y retienen los sedimentos finos, como arena y ceniza volcánica, que traen los arroyos y ríos que allí desembocan.Además, están pegados a Chile: salen de visita por la mañana y a la tarde ya están de vuelta. La cercanía es tal que en febrero, el mes de las vacaciones de verano en el país vecino, se escucha mucha tonada chilena en la villa. El flujo de gente es mayor o menor en un sentido u otro según resulte conveniente el cambio de moneda.También llueve más y, como consecuencia, Villa La Angostura es más verde que otras zonas cercanas. La diferencia con Bariloche —que es más seco— se explica por el modo en que la cordillera actúa sobre los vientos húmedos del Pacífico: llegan desde el oeste y, al chocar con ella, ascienden y precipitan. Como Villa La Angostura está más cerca del paso cordillerano y, por lo tanto, más expuesta, recibe más lluvias.Un dato curioso de la idiosincrasia local: para los angosturenses, la medida del tiempo se divide entre antes y después de la erupción del volcán Puyehue, en 2011. El episodio fue tan fuerte por la ceniza, el impacto económico y la alteración de la vida cotidiana durante tanto tiempo que marcó, efectivamente, un antes y un después en la memoria colectiva. Así como el mundo habla de la prepandemia y la pospandemia, aquí parece haber sido más determinante el volcán. “Me instalé dos meses antes del volcán”, “fue más o menos un año después de la erupción” o “en los tiempos del volcán” son frases de referencia temporal que se escuchan con frecuencia.Gracias a la alta ocupación del verano, sumada a la temporada de esquí, la villa recibe turismo durante buena parte del año. Además, Angostura es epicentro de eventos deportivos de montaña que mantienen un flujo constante de visitantes. Se destacan carreras de trail running y trekking como la Travesía de los Cerros, El Cruce −que se hizo aquí por muchos años− y el Desafío Arrayanes, además de pruebas de ciclismo como el Gran Fondo 7 Lagos, que une la localidad con San Martín de los Andes.La avenida Arrayanes es el centro comercial y el corazón del pueblo: en ella predomina la construcción en madera de tipo alpino, y de los faroles de su bulevar cuelgan preciosos maceteros con flores. El centro es pequeño y, durante la temporada de verano, se convierte en un hormigueo de gente.Según el censo de 2022, Villa La Angostura tiene 14.500 habitantes permanentes. Durante la temporada de verano, la población llega a triplicarse: la ciudad se desborda y cambia por completo de ritmo. Incluso ocurre que servicios como el suministro de agua y de luz se interrumpen de manera intermitente.En el pueblo se habla del megaproyecto en el que participa Consultatio −la desarrolladora de Eduardo Costantini−, un barrio abierto que se levantaría sobre más de 200 hectáreas, donde se prevé desarrollar viviendas y espacios comerciales y culturales. Como ocurre con muchas ciudades de la Patagonia, Villa La Angostura está dejando de ser solamente un lugar para pasar las vacaciones: muchos eligen mudarse. Eso, sumado al crecimiento turístico y a la consiguiente demanda de alojamiento, hace que la oferta de viviendas para alquiler permanente sea escasa y muy cara, y que para los locales resulte difícil conseguir dónde vivir. Bustillo y los ParquesEn una visita guiada por el casco histórico, Omar Landi −dueño de Rucan Turismo y radicado desde hace 35 años en la villa− repasa, frente a la capilla de la Asunción, el papel de Exequiel Bustillo en la implementación del proyecto de Parques Nacionales y en la creación de destinos turísticos. Como presidente de la Dirección de Parques Nacionales entre 1934 y 1944, Bustillo puso a su hermano Alejandro al frente de la infraestructura de las áreas protegidas. El arquitecto tuvo una influencia especial en el Parque Nacional Nahuel Huapi: todas las construcciones, incluso esta capilla, están inspiradas en la arquitectura del norte de Europa.La pequeña pero sólida capilla Nuestra Señora de la Asunción fue construida en 1936. Rodeada por un bosque de pinos, cipreses y araucarias, está levantada en piedra y tiene un techo a cuatro aguas cubierto de tejuelas negras de alerce, un campanario y vitrales con motivos religiosos en los ventanales laterales. Su interior es muy sencillo y alberga un fresco cusqueño de más de doscientos años.Distinta es la historia de El Messidor, la imponente residencia cercana. También se encuentra en la zona de los puertos, hoy convertida en casco histórico donde, para fomentar la urbanización, se estableció inicialmente el pueblo con iglesia, escuela, hotel, policía y una dependencia de Parques. La mansión también estuvo a cargo del arquitecto Bustillo, pero es un castillo de estilo francés, con techo de pizarra negra y torreta circular. Fue un encargo de la aristocrática Sara Madero de Demaría Salas, cuyo sueño era poseer un palacio europeo en la ribera del Nahuel Huapi. Construido sobre la Bahía Mansa entre 1940 y 1942, tomó el nombre de una residencia que la familia de Sara tenía en Mar del Plata. Messidor era, a su vez, el décimo mes del calendario republicano francés, correspondiente al tiempo de las cosechas. Actualmente es la residencia oficial de verano del gobernador de la provincia de Neuquén. Allí estuvo presa durante varios meses María Estela Martínez de Perón, tras el golpe de Estado de 1976. Aunque en una época se hacían visitas guiadas y había conciertos musicales en el parque, hoy solo se puede recorrer su perímetro en auto.Omar Landi explica que esta es la zona donde comenzó a desarrollarse la villa. Cuando la Ruta 40 pasó alejada de la costa, todo el sector comercial se trasladó a la avenida Arrayanes, en la parte más alta. La emblemática ruta atraviesa entonces el centro de la villa, lo que provoca complicaciones y demoras durante la temporada.Antes de ingresar a la villa, después de pasar el acceso al Cerro Bayo, una obra de infraestructura sobre la ruta 40 permanece interrumpida desde hace años. Lo mismo ocurre en el sector más cercano al lago Correntoso. Son los dos portales de entrada a la localidad, que presentan un aspecto deslucido mientras no haya avances en los trabajos. El objetivo es construir un camino de circunvalación del centro para evitar que los vehículos pesados pasen por allí, pero el proyecto está en pausa por un conflicto con la comunidad mapuche.En kayak por el EspejoSalir al lago, tan omnipresente, es un plato fuerte en Villa La Angostura. Lo hacemos con Pablo Beheran, de Patagonia Infinita. Su historia y la de su mujer, Marcela Rojas, no es única, pero refleja muy bien lo que les ocurrió a muchos de quienes llegaron para instalarse. Tenían 32 años cuando, después de unas vacaciones, volvieron a Buenos Aires en marzo. Poco después, el domingo de Semana Santa, decidieron que se mudaban. Recuerdan muy bien ese día porque, aunque pareció un impulso y no lo tenían en absoluto planeado, la partida hacia el sur fue definitiva. “Nos dimos cuenta de que no encajábamos más en la vida que estábamos llevando en la ciudad”, cuenta Pablo, que por entonces trabajaba en un banco.En 2005 fundaron Patagonia Infinita, la agencia con la que Pablo ofrece travesías y aventuras en kayak por lugares únicos de los lagos Nahuel Huapi, Correntoso y Espejo, entre otros. Es guía del Parque Nacional e instructor de kayak de travesía. Muchas veces lo ayuda su hijo Tomi, de 19 años, que también es guía. Son una familia encantadora.La salida se hace con lluvia, nieve o sol; cada clima tiene su encanto. Para Marcela, el invierno es especial: tienen todo el lago a disposición y, con el buen equipo con que enfundan de pies a cabeza a los participantes, más el guisito caliente posterior, se disfruta igual. Hoy hay un sol radiante que atraviesa la transparencia del lago Espejo hasta su fondo claro y genera un color turquesa caribeño que impacta. Después de la erupción del famoso volcán, el lago y sus márgenes quedaron cubiertos de ceniza volcánica; de allí el color. El lago es, valga la redundancia, un espejo literal, y los seis kayaks dobles de la excursión se reflejan perfectamente en la superficie del agua.Remamos pegados a la costa sobre un veril donde yacen coihues caídos, que forman un entramado de troncos y ramas hundidas. Después de unos tres kilómetros llegamos hasta una playita a la que solo se accede por agua; a la vuelta, regresaremos por el centro, más oscuro y profundo. Serán unos siete kilómetros de remo en total: de ida, frente a los cerros Campana y Cuerno; de vuelta, con la vista clavada en los cordones Montes de Oca y Belvedere.Traje de agua, máscara de snorkel y al lago, donde se revela un fascinante mundo sumergido de ramas y colores entrecruzados. Llama la atención la cantidad de almejas de agua dulce clavadas en el fondo. Aunque también es fría, comprobamos además que el agua de este lago es más caliente que la del Nahuel Huapi, cerca de unos cinco grados. Dicen que lo mismo ocurre con el Correntoso; por eso y por su cercanía a la villa, su playa está siempre llena de gente. Tras media hora o más de nado, nos esperan en la playa con un té rojo calentito con frutilla, vainilla, fruta de la pasión y pétalos de rosa, acompañado por unas deliciosas medialunas de manteca.Como la villa también es puro bosque, Pablo nos guiará más tarde en bicicleta por uno de sus senderos. Su logística es tan perfecta que consigue, además de las clásicas mountain bikes, bicicletas con asistencia eléctrica que hacen más fácil la pedaleada.Para quienes también disfrutan de caminar, el pueblo tiene a su alrededor una variedad de senderos de trekking. Los hay fáciles, como lo

Fuente: La Nación