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Palabras encadenadas: un perverso juego psicológico que se despliega en una trama llena de giros inesperados
Libro: Jordi Galcerán. Dirección, dispositivos escénicos y banda sonora: Guillermo Ghio. Elenco: Ernesto Falcke y Natalia Pascale. Iluminación: Tamara Josefina Turczyn. Vestuario: Pheonía Veloz. Video: Fiero Fuego. Sala: Itaca (Humahuaca 4027). Funciones: sábados, a las 21. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: buena.Esta es la tercera temporada, desde 2024, de Palabras encadenadas, siempre en el mismo espacio en el barrio de Almagro. Esta es, por otra parte, la segunda vez que la obra del catalán Jordi Galcerán -estrenada en Barcelona en 1995- puede verse en Buenos Aires. La primera fue en 2001, en el Teatro Nacional Cervantes, con Esther Goris y Víctor Laplace, y dirección de la inglesa residente en España Tamzin Townsend. También hay una versión cinematográfica, dirigida por la catalana Laura Mañá, de 2003, protagonizada por Darío Grandinetti y Goya Toledo.Pero fue con El método Grönholm (2003) que el nombre de Garcerán se viralizó. Estrenada en más de 60 países, llegó en 2006 a la calle Corrientes (y en 2022 volvió a hacerse). Para la misma época, el director Marcelo Piñeyro filmó El método, la adaptación del texto dramático al cine. En fin, se trata de un autor con un estilo reconocible y muchos adeptos globales.¿Cuál es esa marca? En principio, haber explorado el thriller psicológico, género mucho más transitado por el cine que por el teatro. Su principal procedimiento es el de avivar el suspenso con giros inesperados, los llamados plot twists, para dejar en claro que siempre será el autor el que sabe más que los espectadores: cuando todo parecía así, resulta que, de pronto, es asá. Y a barajar de nuevo. Y otra apuesta. Y otra. Siempre habrá una sorpresa -o una manipulación- más inesperada que la anterior. Si en el policial clásico de Agatha Christie (que está en este momento en cartel con el clásico La ratonera) la médula reside en “quién lo hizo”, en Galcerán se complica al tono contemporáneo porque el foco reside en qué es verdad y qué mentira cuando todos los argumentos son válidos según cómo se perciban y se apliquen. Más que un detective lógico, hace falta un psicólogo o, también, un experto en juegos de ingenio: el título refiere a uno, el que juegan los protagonistas, donde la última sílaba de una palabra debe ser la primera de otra, en una cadena donde pierde quien la rompa. La puesta del director Guillermo Ghío, en una sala pequeña donde a veces se cuelan ruidos de la otra sala, tiene un gran acierto en lo escenográfico. El espacio, incluso las paredes que rodean a la platea, está cubierto de polietileno, como el de bolsas de residuos. La sensación de precariedad y aislamiento está asegurada. El sótano donde Ramón tiene encadenada a una silla a Laura, con una mesa vacía que amenaza sufrimiento, nos ubica de inmediato en un lugar inquietante. Sobre todo, después de ver el video donde Ramón relata a la cámara cómo un hombre común se convierte en asesino. Plantada la perversión, solo queda por ver cómo se sale de eso o, aun más, si puede revertirse. Quizá sí, cuando nos enteramos de que se trata de un exmatrimonio. Quizá no, porque hay muchos resentimientos que piden recompensa. Quizá, también, el riesgo de que este ping-pong oscilante pierda, o no, efecto sorpresa. Lo que sí es seguro es que el juego intercambiable de víctima y victimario parte de una absoluta desigualdad. No se trata de una situación donde cada uno puede mostrar sus luces y sombras, aunque las tengan y queden expuestas. La violencia ejercida de una parte hacia la otra no admite grises ni suposiciones: la víctima es una sola. Por eso, será que el actor, al final de la obra y después del aplauso, hable al público sobre el rechazo a la violencia de género.Los dos intérpretes, Ernesto Falcke y Natalia Pascale, sostienen estos volantazos con solidez en una obra intensa que exige estar muy conectados en sus acciones. Ambos se conocen bien, no solo por la cantidad de funciones que lleva Palabras encadenadas, sino porque también trabajan juntos en Traición, de Harold Pinter, con dirección de Héctor Levy-Daniel. Y gestionan la propia sala, inaugurada por Falcke en 2021, donde Pascale colabora en la curaduría artística.
Fuente: La Nación