El riesgo país subió 18% en el mes: las tres preocupaciones de los inversores sobre la economía de Milei

Durante buena parte del año, los inversores que siguen a la Argentina miraron el tablero con cierta tranquilidad. La inflación bajaba, el superávit fiscal se sostenía y el dólar se movía sin sobresaltos. Pero en las últimas semanas el clima cambió, y el termómetro que mejor lo refleja es el riesgo país, que acumula una suba de 18% en septiembre y opera en 600 puntos, el nivel más alto desde principios de abril.En las mesas de dinero y en los informes de las consultoras aparecen tres preocupaciones que se combinaron en poco tiempo y que se retroalimentan.La primera es un contexto internacional menos amigable. La guerra en Medio Oriente mantiene el petróleo en niveles altos —el Brent sigue cerca de los US$100 por barril después de que Donald Trump rechazara la propuesta de paz de Irán— y eso presiona sobre la inflación en Estados Unidos, que según casi todos los indicadores ronda el 3,5% anual.Con ese panorama, la Reserva Federal (Fed) subió su tasa de interés 25 puntos básicos, al rango de 3,75% a 4%, el primer incremento desde julio de 2023, y el mercado no descarta que vuelva a hacerlo antes de fin de año. El rendimiento de los bonos del Tesoro norteamericano a 10 años llegó a 5,24%, y el de 30 años tocó 5,5%.Con esos rendimientos en los activos más seguros del mundo, el dinero se vuelve más caro y más selectivo con los países de mayor riesgo. Si el nerviosismo no es mayor, explican en el mercado, es porque la economía estadounidense sigue fuerte, en parte por las mejoras de productividad que muestran las empresas con la incorporación de la inteligencia artificial. Ese impulso sostiene a Wall Street, pero también le da a la Fed argumentos para no aflojar.Para la Argentina, el problema es el momento. En 2027 deberá refinanciar vencimientos de deuda por US$25.000 millones, en un año de elecciones presidenciales y legislativas que ya de por sí carga con su propio riesgo político. “Esta combinación implica un dólar más fuerte y menos apetito por riesgo, lo que le pega de lleno a la Argentina”, dice la consultora Econviews.La segunda preocupación está atada a la primera. Cuando el riesgo país rondaba los 400 puntos, en enero y en junio, el Gobierno no aprovechó esas ventanas para salir a colocar deuda en los mercados internacionales. Hoy, por encima de los 604 puntos, ese camino está prácticamente cerrado, y también se complicaron las colocaciones en dólares en el mercado local. El AO29, el bono que el Tesoro emite en la plaza local, rinde casi 13%, una tasa que el Gobierno no está dispuesto a convalidar.Sin crédito, la alternativa es que el Banco Central (BCRA) compre más dólares para que el Tesoro pueda pagar. Pero las compras se frenaron justo ahora. En agosto, la entidad adquiría en promedio US$39 millones por día, según Banco Galicia. En septiembre, el ritmo cayó a US$14 millones, y la semana pasada apenas promedió US$6 millones diarios, con una rueda sin compras. En el mercado interpretan que el BCRA compra menos para no presionar sobre el tipo de cambio y no afectar la desinflación, que en agosto llevó el índice de precios a 1,7% mensual.Las cuentas son ajustadas. Al 24 de septiembre, el Tesoro tenía US$2230 millones depositados en el BCRA, frente a vencimientos de Bonares y Globales por US$4400 millones en enero y pagos al Fondo Monetario Internacional (FMI) por unos US$2000 millones de acá a fin de año, según cálculos de la consultora Outlier. Si no consigue financiamiento, deberá recurrir a las reservas, que la semana pasada cayeron US$960 millones, hasta US$48.845 millones.La confianza, en bajaLa tercera preocupación es la actividad. En julio, la economía cayó 2,9% respecto de junio, la mayor baja mensual desde abril de 2018 si se excluye la pandemia. Para evitar dos trimestres seguidos de caída —la definición más usada de recesión técnica—, la actividad debería crecer a un ritmo de 3% mensual en agosto y septiembre, algo que no se vio en los últimos 20 años, según Outlier.El petróleo, la minería y el agro crecen, pero la industria, el comercio y la construcción siguen en baja. “El empuje de los sectores más dinámicos no derrama sobre los demás: son intensivos en capital, generan relativamente pocos puestos de trabajo”, explicó la consultora LCG. La desocupación subió al 7,9% en el segundo trimestre y la pobreza, al 32,3% en el primer semestre.Ese deterioro le resta competitividad electoral al Gobierno y empieza a verse en las encuestas. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, uno de los indicadores que los inversores siguen más de cerca porque suele anticipar la intención de voto, cayó 5,9% en septiembre, a 1,94 puntos. Es el mismo nivel que tenía en septiembre de 2025, cuando el oficialismo perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Desde diciembre, el índice acumula una baja de 21,4%, y el componente que más cayó este mes fue la percepción de que el Gobierno se preocupa por el interés general.“El panorama se deterioró antes y más rápido de lo que esperábamos, y eso le achica al Gobierno el tiempo para esperar que la recuperación llegue sola”, advirtió Econviews. El dilema, coinciden los analistas, es que cualquier estímulo para reactivar la economía obliga a resignar alguno de los pilares que el Presidente considera innegociables: el equilibrio fiscal o la desinflación.

Fuente: La Nación