El cerdo sigue batiendo récords y vive un presente soñado, pero con una pesadilla amenazando: las importaciones

Una serie de informes conocidos en los últimos días dejan en claro que la onda expansiva que viene teniendo la cadena del cerdo en los últimos años está lejos de encontrar un freno.
Por ejemplo, análisis de la Dirección de Porcinos, Aves y Animales de Granja de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGYP) de la Nación y de la Asociación Pormag, coincidieron en que la producción creció 12,4% entre enero y agosto, alcanzando un récord de más de 592.000 toneladas.
“En este marco, se resalta un consumo de 20 kilogramos por habitante aproximadamente en promedio por año, que representan todo un récord. Más si se toma en cuenta que el consumo porcino casi se triplicó, en base a los datos de las últimas dos décadas”, señaló la SAGYP.
Por su parte, Pormag también resaltó que “el consumo también mantiene una tendencia ascendente”, con un promedio móvil que llegó a 20,36 kilos por habitante por año, con un incremento interanual del 10,7%, confirmando al mercado interno como uno de los principales motores del crecimiento de la cadena.

EL COMERCIO EXTERIOR DEL CERDO: ¿QUÉ PASA CON LAS IMPORTACIONES?
Otro dato positivo, en tanto, viene por el lado de las exportaciones, que acumularon 11.075 toneladas, un 74% por encima de 2025, aunque -como puede observarse- es una porción muy reducida de la producción la que se envía al exterior.
En cambio, Pormag –cuyo informe completo se puede ver AQUÍ– reconoció que “el escenario plantea desafíos por el avance de las importaciones”: desde enero ingresaron del exterior 43.672 toneladas, casi cuatro veces más que las exportadas, con un aumento interanual acumulado del 13,8%, pero y una suba cercana al 64% en el caso específicamente de agosto.
Así, según Pormag, los números muestran “una cadena que produce más, consume más y comienza a exportar más, pero que necesita acompañar ese crecimiento con mayor competitividad, eficiencia, agregado de valor y apertura de nuevos mercados”.
Desde el Instituto de Estudios (IERAL) de la Fundación Mediterránea también aportaron información al debate: el gran tema con las importaciones es que la brecha de precios con Brasil está en niveles excepcionalmente elevados.
De acuerdo con un trabajo de los economistas Juan Manuel Garzón y Valentino Costamagna, en agosto, el capón promedio argentino se ubicó cerca de 62% por encima de la referencia brasileña; es la séptima brecha más alta desde febrero de 2015.

El gran problema es el desplome de precios en Brasil, donde el valor del capón cayó de aproximadamente US$1,46/kg vivo en enero a US$0,89 en agosto, una reducción cercana al 40%.
“Este movimiento coincide con una producción brasileña que continúa expandiéndose y con una creciente necesidad de colocar mayores volúmenes tanto en el mercado interno como en el externo. Argentina está absorbiendo una parte de esa mayor oferta brasileña”, plantearon los investigadores.

Concretamente, entre enero y agosto, Brasil envió 41,4 mil toneladas de carne porcina al mercado argentino, 20% más que un año atrás y más de siete veces el volumen de 2024; es el mayor registro para ese período desde al menos 2010.
Al mismo tiempo, el valor unitario medio de esas operaciones cayó cerca de 10%, de unos US$2.845 a US$2.562 por tonelada.

Garzón y Costamagna sostuvieron que, por ahora, el principal canal de impacto parece ser el precio antes que el desplazamiento físico de producción local.
El guarismo relevante al respecto es que las importaciones equivalen a alrededor de 6,2% del consumo aparente, un porcentaje significativo, pero no inédito, mientras que la producción argentina alcanzó unas 877 mil toneladas en los últimos doce meses y creció 11,5% interanual.

Lo que hace la oferta importada, aunque relativamente pequeña, es que puede actuar como referencia competitiva para frigoríficos, industrias y cadenas comerciales, y limitar la separación entre precios internos y externos.
Por esta razón, la presión competitiva vuelve central la agenda de competitividad de las granjas argentinas y de las condiciones “tranqueras afuera”.
El informe completo del IERAL se puede consultar en: https://www.fundmediterranea.org.ar/images_db/noticias_archivos/4969-Monitor%20Porcino%20Septiembre.pdf
LA MIRADA CORDOBESA SOBRE EL CERDO
En este contexto, en diálogo con el programa Inteligencia Agropecuaria de Radio Continental Córdoba, María Powell, presidenta de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba (CAPPCOR), analizó esta actualidad del sector, haciendo foco en los cambios de hábitos en los consumidores, la rentabilidad en las granjas y la agenda de comercio exterior
—El consumo de carne de cerdo alcanzó un récord de 20 kilos por habitante al año, un crecimiento llamativo considerando que hace 15 años era de apenas 6 o 7 kilos. ¿Cómo analizan desde el sector este momento de la actividad?
—La verdad que el consumo de carne de cerdo viene creciendo de una manera exponencial hace ya muchos años, pero ha despegado en este último tiempo, impulsado principalmente por la brecha que hay con la carne vacuna a nivel precio. Sin embargo, ya estamos viendo que esto se está convirtiendo de a poco en un hábito. Ese es nuestro mayor desafío hoy como sector: lograr que cuando un argentino piense en carne, también piense en carne de cerdo y la elija a la hora de consumir.
Buena, rica y barata: la carne de cerdo se consolida, con un precio hasta 3 veces más bajo que la vacuna

—¿Qué factores técnicos y productivos permitieron sostener este crecimiento con calidad constante para el consumidor?
—A lo largo de los años se incorporaron distintos avances en la cadena productiva. Se fue tecnificando, mejorando y estandarizando la producción, lo que logra una uniformidad del producto. Eso hace que cuando la gente va a consumir, sepa lo que va a comprar y no haya diferencias en el punto de venta. Esta estandarización y excelencia en la producción es lo que hoy nos permite estar parados donde estamos.
—En algunos cortes específicos, la brecha de precio con la carne vacuna llega a ser de tres a uno. Más allá del factor económico, ¿cómo se reflejó esto en la variedad de cortes y costumbres?
—Lo más interesante que está ocurriendo es que antes la carne de cerdo era solo para el domingo o el asado. Hoy esa diferencia no es solamente en el pechito o la bondiola, sino que se están dando a conocer otros cortes que consumíamos solo de carne vacuna, como la nalga para milanesas o las pulpas para carne picada y hamburguesas. Hoy los argentinos la están eligiendo por la brecha de precios, pero también por descubrir una carne muy versátil y nutritiva.
—Mencionaban también la importancia del respaldo científico en materia de salud. ¿Por qué recurrieron al INTI para certificar las propiedades de la carne porcina?
—Decidimos pedirle a la ciencia que hablara por nosotros y que nos ayudara a empujar esta ola de consumo. Hoy el consumidor en la Argentina ha cambiado mucho y quiere saber lo que consume. Le pedimos al INTI que hiciera un estudio sobre los valores nutricionales para avalar científicamente lo que veníamos diciendo hace un montón de años, demostrando sus propiedades para la salud y ayudando al consumidor a elegir con información certera.

—A nivel comercial, ¿cómo fue la labor con las carnicerías para que le den al cerdo el mismo espacio en mostrador que a la carne vacuna?
—Fue un gran trabajo y desafío que tuvimos desde la Federación Porcina Argentina y desde CAPPCOR, explicándole al carnicero que en la carne de cerdo tiene las mismas posibilidades que en la media res vacuna. En el interior esto se viene dando hace mucho más tiempo que en Buenos Aires y el AMBA, donde antes conseguías tres o cuatro cortes para la parrilla. Hoy los puntos de venta ofrecen un abanico de cortes mucho más amplio
—Pasando a la realidad de los productores, ¿este mayor consumo se traslada de manera directa a la rentabilidad de las granjas?
—Sí, pero nos plantea la necesidad de acompañar este crecimiento siendo muy eficientes y competitivos. Antes había un margen más amplio en la producción, pero hoy el que no es eficiente en su producción le va a costar un poco más aprovechar esta oportunidad que tiene la cadena. Es en la tecnificación y en la estandarización donde los productores vamos a encontrar los beneficios. Desde CAPPCOR los acompañamos para lograr esa eficiencia y acortar distancias en regulaciones y necesidades actuales.
—Sostener la actividad requiere un nivel alto de inversiones y generación de empleo. ¿Cuáles son los principales reclamos y prioridades del sector?
—Atrás de cada kilo de carne de cerdo que producimos hay una inversión, una apuesta del productor, empleados y una cadena gigante de personas relacionadas. El sector está creciendo, pero tenemos los mismos desafíos de siempre. Necesitamos lograr el acuerdo con China de subproductos para poder exportar más y compensar la importación que está viniendo fuerte desde Brasil.
“El gran reto es que la elección del cerdo no sea solo por precio, sino que se convierta en un hábito”

—En materia de comercio exterior se registran aumentos en las exportaciones, pero también inquietud por el ingreso de carne importada. ¿Cuál es la situación real?
—Los porcentajes de crecimiento en las exportaciones se ven altos porque partimos de números históricamente muy bajos. Por el lado de las importaciones, al abrirse el mercado era lógico que sucediera, ya que el costo de producción en Brasil es más bajo que el nuestro. Estamos en alerta; no es una gran preocupación, pero sí es un tema que tenemos bien puesto sobre la mesa y que trabajamos junto a la Federación Porcina y la Secretaría de Agricultura.
—¿Qué impacto tendría concretar el protocolo sanitario con el mercado asiático?
—Si se pudiese firmar ese famoso protocolo de subproductos con China, de alguna manera podríamos equilibrar las importaciones con las exportaciones, dándole a la producción un valor que hoy no podemos sostener. Actualmente, para exportar un productor tiene que vender más barato que en el mercado interno. Por es

Fuente: InfoCampo