Cuando se habla de Neuquén, las primeras imágenes que suelen aparecer son las de la cordillera de los Andes, los lagos, la estepa patagónica o, más recientemente, las explotaciones petroleras. Difícilmente alguien que no conozca la zona piense de inmediato en un olivar.
Sin embargo, a solo 15 kilómetros de la capital provincial, sobre la barda de la localidad de Centenario, hay 70 hectáreas cubiertas de olivos. Allí funciona Praderas Neuquinas, un establecimiento que comenzó a plantar sus primeros árboles en 2009 y que hoy produce seis aceites varietales, además de haber incorporado dos versiones de gin elaborado con peras de la región.
“Centenario tiene un lado que es bien verde, donde están las peras, las manzanas, las nueces y las almendras. Pero el olivar está del lado de la barda. Es meseta, meseta y arcilla”, explicó Agostina Farías, integrante del emprendimiento, durante una conversación con Bichos de Campo en el marco de la última exposición Rural de Palermo.
Mirá la entrevista:
La historia comenzó con un proyecto diferente. En aquel terreno patagónico pensaban producir alfalfa, pero los análisis realizados antes de avanzar con la implantación mostraron que el suelo también ofrecía buenas condiciones para el desarrollo de los olivos. Pese a ser llamativo ese cultivo para al región, no se trata de algo insólito, ya que es frecuente encontrar plantaciones de olivos (aunque más en zonas costeras) en muchos lugares de la Patagonia.
La apuesta, de todos modos, tenía sus dificultades. El establecimiento se encuentra en una zona árida, expuesta a los característicos vientos patagónicos y alejada de otras zonas tradicionalmente asociadas con la olivicultura argentina. El Cuyo para empezar.
Para enfrentar el viento neuquino, para proteger la plantación se instalaron cortinas de álamos y se estudió la orientación de las líneas de cultivo. Aun así, algunas plantas conservan las marcas del ambiente en el que crecieron. “Algunas plantitas han sufrido el viento, así que tienen su inclinación. Son bien patagónicas”, describió la joven productora.
Todo el olivar cuenta con riego por goteo. Los seis varietales se encuentran organizados en cuadros diferentes, lo que permite cosecharlos y procesarlos por separado. Aunque la recolección se concentra dentro de un mismo mes, existen diferencias de una o dos semanas entre la maduración de unas y otras.
Los varietales son Arbosana, Arbequina, Picual, Hojiblanca, Coratina y Koroneiki. “Se probaron seis varietales en un principio, para ver cuál se daba mejor. Y la verdad es que hoy continuamos con los seis porque se dieron muy bien”, afirmó Farías.
Un oasis verde entre canteras: En la meseta de Centenario, la firma Praderas Neuquinas pisa fuerte en la producción de seis variedades de aceite de oliva premium
Bichos de Campo ya había contado en 2024 la historia de este particular oasis verde levantado entre canteras, polvo y viento sobre la meseta de Centenario. En aquel momento, el establecimiento explicaba cómo había conseguido adaptar los árboles, organizar el riego y montar una planta de elaboración en una región que no forma parte de la ruta olivícola tradicional.
La posibilidad de realizar todo el proceso dentro del propio campo es uno de los aspectos centrales del proyecto. Las aceitunas son cosechadas y procesadas durante la misma jornada, evitando que transcurra demasiado tiempo entre la recolección y la extracción.
La separación de los varietales también permite conservar las características particulares de cada aceite.“Es como el vino: tenés Malbec, Cabernet y distintos varietales. Con la aceituna es lo mismo. Tienen distintas características de sabor y aroma”, explicó.
Según la productora, las condiciones del suelo, el clima y los cuidados aplicados en el olivar permiten que los aceites elaborados por la firma tengan una acidez inferior a 0,2.
Luego de consolidar la producción olivícola, en este emprendimiento de Neuquén el desafío pasó a ser comercial. La empresa cuenta con puntos de venta en la capital provincial y Buenos Aires, pero también en el propio establecimiento. Es que el establecimiento también abrió sus puertas al turismo. Allí se puede recorrer el olivar, conocer su historia, observar el proceso de elaboración y finalizar la visita con una degustación de sus distintos aceites.
En ese camino apareció una nueva incorporación que vuelve a conectar al proyecto con la identidad frutícola del valle. Aunque Praderas Neuquinas no produce peras en sus propias tierras, comenzó a utilizar la fruta cosechada en esa región para elaborar un particular gin.
“Nosotros no tenemos peras, pero son peras del valle. Allá tenemos peras y manzanas por todos lados. Buscamos ampliar los productos que ofrecemos”, explicó. La firma desarrolló dos bebidas con perfiles diferenciados. Una es más seca y especiada, mientras que la otra presenta aromas más frutados y florales.
En su tienda oficial aparecen identificadas como Gin Praderas Neuquinas y Gin Agreste. Ambas incorporan pera entre sus botánicos, aunque se diferencian en el resto de los ingredientes utilizados: la primera incluye, entre otros, cardamomo y canela, mientras que la segunda suma hibisco, lavanda y almíbar.
En estos proyectos, Praderas Neuquinas emplea a unas 20 personas entre la producción, la elaboración y sus locales comerciales. Durante la cosecha incorpora trabajadores temporarios para realizar la recolección manual.
Agro & Campo
Olivos inclinados por el viento y gin de peras: Agostina Farías cuenta cómo Praderas Neuquinas logró producir lo inesperado sobre la barda de Centenario
Fuente: Bichos de Campo