“Condenada a la cocaína”: nació en medio de un fuerte escándalo mediático y tuvo grandes amores que moldearon su vida y su carrera

Isabella Rossellini (74) vino al mundo rodeada del terremoto mediático más sonado del siglo XX. La relación de sus padres escandalizó a la sociedad de la época: su madre, la actriz sueca Ingrid Bergman, abandonó a su marido y a la cima de Hollywood para vivir junto al cineasta italiano Roberto Rosellini. Hubo condena del Vaticano, quejas en el Senado de Estados Unidos, insultos de todo tipo y un interés ávido y destructivo de la prensa y el público. En medio del escándalo nació en 1950 el primer hijo de la pareja, Roberto, y dos años después llegaron las mellizas Isabella e Isotta. Cuando sus padres se separaron, Isabella tenía 4 años. Ella y sus hermanos quedaron bajo la custodia de su padre Roberto, pero vivían en una casa independiente al lado de su papá, al cuidado del ama de llaves Argenide Pascolini, que se convirtió en una segunda madre. Ingrid tenía 15 años cuando vivió uno de los momentos más traumáticos de su vida al ser golpeada y violada en una cita. Nunca reveló el nombre del agresor. A los 18, se fue a vivir a Nueva York para trabajar como traductora y periodista. Sin embargo, su rostro magnético y sofisticado no tardó en captar la atención de la alta moda y del séptimo arte. AMORES Y RUPTURAS A los 25, conoció al director Martin Scorsese. Lo entrevistó por El último vals, uno de los primeros trabajos del director. Apenas un año después se casaron en una boda privada. “Años después me dijo que, cuando nos conocimos, ¡era muy importante para él pensar que tenía una relación con la hija de Roberto Rossellini!”, confesó Isabella. Pero la pareja duró poco debido a la adicción a las drogas del director. La actriz contó en su biografía, Some of Me, que su entonces marido se levantaba insultando todas las mañanas. Además, había celos. “Él quería que me quedara encadenada a la cocina y criando hijos”, confesó la estrella italiana en una entrevista con el Irish Independent. Tras la separación de Scorsese, Isabella mantuvo una relación con el modelo y actor Jonathan Wiedemann. Si bien estuvieron poco tiempo juntos, tuvieron una hija, Elettra Rossellini Wiedemann, en 1983. Hubo un encuentro que lo cambió todo, su carrera y también su manera de entender el amor. Con David Lynch se cruzaron de forma casual en un restaurante de Nueva York en 1984 y el director quiso que Rosellini fuese la protagonista de la película que estaba preparando, Terciopelo azul (el papel principal iba a ser inicialmente para Helen Mirren). Ella ya era una modelo cotizada que posaba para Bruce Weber y Richard Avedon, había firmado un contrato millonario con Lancôme y cobraba 15 mil dólares por desfile. Su interpretación de Dorothy Vallens, una cantante obsesiva y sadomasoquista, le valió el Independent Spirit Award. La película se convirtió en uno de los films más emblemáticos de finales de los 80, fue un éxito absoluto y también levantó polémica por su explícito contenido de violencia sexual. “Era una película fuerte que fue un escándalo en algunos sitios. Incluso las monjas de mi colegio me escribieron para decirme que rezaban por mí y ofrecían misas por mi salvación después de lo que habían oído de la película. Fue una experiencia desagradable para mí, pero me alegro de que a partir de ella se reconociera a David Lynch como un director con mundo propio”, contó la estrella en sus memorias. Lynch encontró en Isabella a una musa, y ella encontró en él a un hombre capaz de mirar su belleza desde un lugar completamente diferente. En 1986 iniciaron una relación mientras David seguía casado con su segunda mujer, Mary Fisk. Su romance terminó en 1991, cuando él la dejó por teléfono tras enamorarse de su productora Mary Sweeney. Con los años, Isabella habló de Lynch con cariño y respeto, y el vínculo entre ambos permaneció como una de esas relaciones que pueden cambiar de forma sin desaparecer completamente. En 1993, en el set de Amada inmortal, la italiana conoció a Gary Oldman. Estuvieron juntos durante dos años, pero el actor tomaba demasiado y la pareja trastabillaba todo el tiempo. En ese momento y cuando tenía 41 años, la actriz adoptó un hijo al que llamó Roberto. La maternidad modificó sus prioridades. Y, como ocurre con muchas mujeres que llegan a la vida pública desde muy jóvenes, también la obligó a negociar entre la carrera y el deseo de construir una familia. Isabella eligió, además, un camino poco convencional. Se fue a vivir a una granja, estudió comportamiento animal y llegó incluso a desarrollar proyectos audiovisuales en los que se transformaba, literalmente, en diferentes especies. “Me dijeron que era demasiado vieja”. Esas fueron las palabras que usó Lancôme en 1994 cuando decidió no renovar su contrato como cara principal de la marca (lo había sido durante catorce años). Rossellini, entonces tenía sólo 42, pero para una industria obsesionada con la juventud, su edad se convirtió en un problema. Era el mensaje de una industria que parecía decirle que su rostro ya no encajaba en el lugar que ella había construido. Sin embargo, Isabella hizo algo que terminaría definiendo su vida: no intentó volver atrás. Siguió trabajando. Actuó en cine y televisión, participó en proyectos independientes y comenzó a explorar otras disciplinas. Escribió, dirigió, produjo y se acercó cada vez más al mundo de la ciencia y la naturaleza. Décadas después, la firma volvió a llamarla. La decisión tuvo algo de reparación simbólica. Regresó como embajadora de la marca, demostrando que aquello que alguna vez había sido considerado una desventaja –su edad– podía convertirse en una de sus mayores fortalezas.

Fuente: La Nación