La historia oculta del convento de Cautiva y su conexión con el papa Francisco

Pasillos eternos, celdas contiguas, un salón que esconde mil secretos y un parque arbolado impecable. Puertas adentro del convento del momento –el de la serie Cautiva, una de las más vistas– se suceden traiciones, abusos físicos y psicológicos. El drama basado en un hecho real llevó a Lorena Vega y Carolina Kopelioff a vestir hábitos de carmelitas descalzas y a interpretar una historia en la que, además de la trama truculenta, hay un protagonista extra: el edificio.Las escenas se grabaron en el antiguo Colegio Máximo de San José, la locación que encontró en este histórico edificio jesuita de San Miguel el escenario ideal para desarrollar el caso. El complejo tiene además un valor agregado: fue un lugar central en la formación y la vida religiosa de Jorge Mario Bergoglio. Allí, el papa Francisco estudió, enseñó y fue rector durante seis años. El edificio, ubicado sobre la avenida Dr. Ricardo Balbín (hoy también llamada avenida Papa Francisco), ahora puede verse por dentro a través de la ficción.Los pasillos son interminables y las habitaciones, austeras. Los ventanales dejan entrar hilos de luz que conectan los interiores con patios y extensiones verdes. En total, son 10.000 metros cuadrados. La miniserie de seis capítulos dirigida por Paula Hernández y Jazmín Stuart, disponible en Flow, encontró en esta arquitectura la locación ideal para reconstruir el convento de clausura donde transcurre buena parte de la historia. El antiguo Colegio Máximo de San José es hoy el Centro Loyola.Allí transcurre la historia de Clara, una joven que ingresa a un convento siguiendo su vocación religiosa y queda atrapada durante años en una trama de abusos y sometimiento. La paradoja aparece cuando se apagan las cámaras. Porque la institución que en pantalla transmite aislamiento fue concebida, en realidad, como un centro de estudio y formación.En 1930, cuando la Compañía de Jesús se instaló en San Miguel y comenzó a construir el Colegio Máximo de San José, la palabra “Máximo” no respondía a la escala del edificio: en la tradición jesuita señalaba el nivel superior de los estudios de Filosofía y Teología.En 1932, la Compañía creó allí las Facultades de Filosofía y Teología, con aprobación de la Santa Sede y capacidad para otorgar títulos eclesiásticos, desde el bachillerato hasta licenciaturas y doctorados. Durante años fue el único Colegio Máximo de Sudamérica con facultad para conferir esos grados académicos. Esa condición amplió su alcance y atrajo estudiantes de Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Brasil y México, además de laicos y miembros de otras congregaciones religiosas.La huella del papa Francisco Mucho antes de convertirse en Francisco, Jorge Mario Bergoglio recorrió esos mismos pasillos que hoy generan inquietud desde la pantalla. Su vínculo con el Colegio Máximo atravesó distintas etapas de su formación y de su carrera religiosa. Allí estudió Filosofía y Teología, fue profesor y director de la institución, al mismo tiempo que desarrollaba trabajo pastoral en San Miguel y en los barrios cercanos.En 2020, durante la pandemia, el colegio volvió a ocupar un lugar público cuando los jesuitas ofrecieron parte de sus instalaciones al municipio de San Miguel y dispusieron 185 camas para recibir pacientes leves o asintomáticos de Covid-19. El Colegio Máximo funcionó en San Miguel hasta 2017, cuando las facultades eclesiásticas y su biblioteca histórica especializada se trasladaron a Córdoba.Además del Máximo, las locaciones de Cautiva también se ubican en Flores, en un edificio que había funcionado como Iglesia Evangélica Metodista y luego como sede de la Universidad de Flores. Allí se montaron algunos de los ambientes cotidianos del convento: la habitación de Clara, el comedor, la cocina, el despacho de la Madre Superiora y un taller donde las religiosas trabajan con rosarios, imágenes religiosas y alimentos.La producción también instaló una huerta y construyó especialmente el paredón por el que escapa la protagonista. La estructura que en pantalla parece sólida fue realizada con recursos escenográficos, entre ellos cartón. “Hay una pared que construyeron con cartón y no se puede creer; parece un paredón de verdad”, contó Rita Cortese durante el rodaje.El edificio donde sucedieron los hechos reales que inspiraron la ficción pertenece a un convento de Carmelitas Descalzas de Nogoyá, Entre Ríos. El caso se conoció públicamente en 2016 a partir de una investigación periodística, tras la denuncia de la exmonja Silvia Albarenque por torturas y abusos físicos. La causa derivó en un fallo histórico en el que la entonces madre superiora, Luisa Ester Toledo, fue condenada a prisión. Fue la primera vez que una monja recibió una condena penal de este tipo en la Argentina.

Fuente: La Nación

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