Alejandro Piscitelli: “La fragmentación puede hacer que el periodismo profesional sea más importante que nunca”

La inteligencia artificial puede ser la revolución tecnológica que domina la conversación de estos tiempos, pero para el filósofo Alejandro Piscitelli el cambio más profundo ocurre en otro lugar. Lo que está en marcha, sostiene, es una “revolución mental” que comenzó mucho antes de ChatGPT y que forma parte de una sucesión de transformaciones cognitivas impulsadas por Internet, los buscadores y, más recientemente, los transformers que están en la base de la IA generativa. Comprender ese proceso exige abandonar conceptos que perdieron capacidad explicativa, escapar de las oposiciones entre tecnofilia y tecnofobia y desarrollar nuevas categorías para pensar una realidad cada vez más compleja.Ese cambio también interpela directamente a la educación y al periodismo. Piscitelli cuestiona la formación disciplinaria tradicional y propone avanzar hacia perfiles híbridos y “antidisciplinarios”: framers, edgers, bridgers y polímatas capaces de conectar campos diferentes, cambiar marcos mentales y operar frente a problemas complejos. En ese contexto, imagina al periodista no solo como alguien que registra el presente, sino como un “diseñador de futuros”, capaz de crear contextos, explicar el trasfondo de los acontecimientos y combinar escritura, tecnología, programación, análisis de datos y nuevas formas narrativas.Lejos de considerar que la IA vuelve irrelevante al oficio, Piscitelli distingue al periodismo de los soportes que históricamente lo distribuyeron. Los periódicos pueden atravesar una crisis y las redacciones tradicionales pueden transformarse, pero recopilar información, entrevistar fuentes, verificar hechos, escribir con claridad y explicar cuestiones complejas continúan siendo, afirma, funciones esenciales. En un ecosistema informativo fragmentado, esas capacidades pueden resultar incluso más necesarias. El desafío, plantea Piscitelli en diálogo con LA NACION, es formar periodistas con alfabetizaciones múltiples, pensamiento contrafáctico y creativo y capacidad para mirar hacia atrás y hacia adelante: entender el pasado para poder imaginar futuros diferentes.-Usted habla de una revolución mental en curso más que tecnológica. ¿Qué está cambiando exactamente en la forma de pensar -no en las herramientas- que todavía no terminamos de nombrar?-La idea está muy asociada a la publicación en 2018 del libro de Alessandro Baricco The Game, quien planteó que el cambio digital responde a una transformación de nuestra mentalidad y deseos, y no al revés. Esta revolución cultural derriba a las élites tradicionales del siglo XX (incluyendo periodistas, intelectuales y políticos) y busca erradicar la mediación institucional (terminando en el anarcocapitalismo reinante en este primer cuarto de siglo que arrasó con los partidos políticos y amenaza a la misma noción de democracia). No casualmente, la obra de Baricco hunde sus raíces a fines de los años 1980, cuando Internet comienza a materializarse como una nueva compuerta evolutiva que divide a la historia en dos (primero Internet, después los buscadores y más recientemente los transformers base de la IA generativa). En ese sentido, entronca con las tres revoluciones cognitivas sucesivas acaecidas en solo tres décadas. Mientras que las dos anteriores: la imprenta había tenido lugar hace 500 años y la tableta cuneiforme hace 5000. ¿Para qué creamos los humanos un entorno digital? Las respuestas instrumentales y monotemáticas que nos hablan de mejoras sustanciales en la velocidad y profundidad de los conocimientos, en la socialización masiva de prácticas democratizantes y en la creación de enormes reservorios de datos e información para mejorar la vida humana, son o bien tautológicas o están sesgadas por motivos geopolíticos y comerciales. Algo (mucho) falló en el camino. La complejidad del pasado parece cómica comparada con la del presente.-Entonces si el problema es conceptual, no técnico, ¿qué nuevos lenguajes deberíamos estar acuñando para interpretar esta transición cultural sin caer en eslóganes?-Las respuestas rápidas y automáticas terminan devorándonos. Tenemos que abandonar clichés como “adicción a las pantallas”, “infoxicación” o “nativos digitales”. No solo porque los millennials y los centennials ya crecieron (hoy hablamos de generaciones Alpha 1 y 2 nacidas entre 2010 y 2025), sino que son términos desgastados, que alguna vez abrazamos, y cuyo poder heurístico hoy es cercano a cero. En The Game, la profundidad tradicional (el libro, el pozo, la especialización) es reemplazada por una navegación fluida donde el sentido se produce en el viaje y la conexión. La densidad la da la trayectoria porque eso hablamos de espesor cinético. Es la capacidad que tienen un grupo de adelantados, de generar significado no hundiéndose en un solo punto (disciplinario), sino hilvanando rápidamente múltiples nodos de información a alta velocidad. Es generar pautas que conectan, pero a una velocidad mucho más rápida que la que caracterizaba a la era analógica. Bloqueados por nuestra imposibilidad de atribuirle estatus real a lo virtual. olvidamos que ya no vivimos en un solo mundo, sino en un sistema de doble estatus ontológico: el mundo físico y el ultramundo digital, interactuando en bucle.-En su trabajo aparecen categorías como los framers, edgers, builders, bridgers y polímatas. ¿Qué define a cada uno y por qué ese ecosistema profesional reemplaza al especialista clásico?-Según Kenneth Cukier (coautor junto a Viktor Mayer-Schönberger y Francis de Véricourt del libro Framers. La Virtud Humana en la Era Digital), un framer (o estructurador) es una persona que utiliza activamente modelos mentales para interpretar el mundo, resolver problemas complejos y tomar decisiones acertadas. Un edger, según Alfons Cornella y David Boronat, es un profesional inconformista que vive entre el presente y el futuro para impulsar la transformación de su organización desde la frontera del cambio. Un bridger es un profesional que facilita el uso de un puente (o bridge) entre los conceptos y los diseños reales. El término polímata deriva del griego y significa sabiduría que abarca conocimientos diversos. Es la capacidad de abarcar conocimientos aparentemente no relacionados sobre campos diversos, como la ciencia, el arte (humanidades), el diseño y la ingeniería. El ecosistema no los reemplaza sino que debe convertirse en el nuevo horizonte de diseño posible de profesionales antidisciplinarios. Porque el mundo disciplinario vigente cumple con las máximas illichianas de contraproductividad: educación que embrutece, transporte que inmoviliza, salud que enferma, energía que desconecta y con ellas, en vez de resolver los problemas malditos, los agravamos día a día.Los LLM (Large Language Model) no modelan el pensamiento humano, que no es un pensamiento computacional, sino contrafáctico; es decir, un tipo de pensamiento abductivo, que contempla el proceso de formar una hipótesis explicativa, configurando una operación lógica que introduce ideas nuevas-Usted propone tomarnos en serio la idea del periodista como diseñador de futuros. ¿Qué implica eso en la práctica cotidiana de una redacción?-Este periodista es un profesional que transforma la comunicación pasando de registrar el presente a anticipar y construir escenarios posibles para la sociedad. Deja de acumular noticias rápidas (llegando al paroxismo de los influencers) y se convierte en creador de contextos. Explica el trasfondo de los hechos y da sentido a la información para entender el mañana. Ello conlleva necesariamente un perfil híbrido que une la escritura con la tecnología, la programación y el análisis de datos. Crea formatos visuales y digitales innovadores para guiar al lector en temas difíciles sin abrumarlo. Escapa al cortoplacismo y mira en ambas dimensiones temporales hacia atrás y hacia adelante con varios años de anticipación y retrospección. Utiliza herramientas de anticipación para debatir sobre tecnología, ambiente y política. Ayuda a las personas a tomar mejores decisiones frente a los cambios globales. Como bien dice Shazna Nessa -ganadora del Pulitzer y exejecutiva de The Wall Street Journal y AP-, los equipos con los que ha trabajado siempre estuvieron formados por personas que se consideran “híbridas”, en la intersección de dos o más áreas de conocimiento y habilidades. Hoy en las redacciones hay cartógrafos que también son grandes narradores, o ingenieros que trabajan en investigaciones con rigor y curiosidad periodística, o ilustradores que además reportean y escriben narrativas largas.-¿Puede un periodista imaginar futuros sin una base científica sólida o sin una formación humanista profunda?-No puede, ni debe. La IA es una compuerta evolutiva, un suceso que separa la historia entre un antes y un después. Con Turing (abuelo de la IA) adviene la cuarta discontinuidad, porque la inteligencia (computacional) ya no es una propiedad de los seres humanos, sino que es una propiedad más general, de las máquinas o del universo. Turing sutura la inteligencia humana con la maquinal (algún pillo dice que ya lo había hecho Aristóteles tiempo atrás). Cuando usamos ChatGPT, Claude o Gemini sucede algo parecido a cuando manejamos un coche. El Paradigma Centauro implica que una bicicleta nos potencia, ¿o acaso las computadoras no eran bicicletas para la mente según Steve Jobs? Existe así un acople hombre y máquina, y con el coche, también. La gran duda con el chat es si puede aumentar la inteligencia o si solo puede automatizarla. ¿Aumenta las formas creativas de trabajar? ¿O simplemente automatiza las rutinarias y reduce las creativas a estas? Apostamos a que la IA pueda revisar críticamente la información que manualmente no podemos hacer, estableciendo asociaciones novedosas (connecting the dots) y haciendo nuevas hipótesis generativas. Que por otra parte están cambiando el modo de hacer ciencia de modo alucinante (sic).-Venimos de tradiciones tecnofílicas y tecnofóbicas muy marcadas. ¿Qué prejuicios filosóficos siguen contaminando hoy el deba

Fuente: La Nación