Volvió el heavy metal: Jurgen Klopp está de regreso para despertar a Alemania, un gigante dormido

“No me gusta ganar con el 80 por ciento de posesión. Lo siento, eso no es suficiente para mí. Me gusta el fútbol de lucha, no el de la tranquilidad. Lo que en alemán llamamos “fútbol inglés”: un día lluvioso, un campo pesado, un 5 y 5, todos con la cara sucia, que se van a casa y no pueden jugar durante las próximas cuatro semanas”.Dos años, cuatro meses y cinco días fueron suficientes para volver a encontrar la misma cabellera rubia, idéntica sonrisa y similares gestos a los de toda la vida. Un tiempo de descanso en el que amenazó con abandonar la dirección técnica y otro como Jefe de Fútbol Global del grupo Red Bull para confirmar que la acción es lo que lo conmueve y lo administrativo y lo estático le resultan extraños. Jurgen Klopp está de vuelta y aunque para alcanzar el heavy metal falta mucho, los curiosos ojos del mundo futbolero ya se asomaron en su primer concierto.El estreno fue en Amsterdam ante Países Bajos y con el español Xavi Hernández también debutando en el banco naranja. El empate a uno, entregó un resultado a tono con lo visto y unas cuantas conclusiones para el flamante DT de los teutones. En su convocatoria inicial, Klopp tomó una primera medida revolucionaria. Para los primeros cuatro partidos de la Nations League y con la intención de observar el mayor número posible de jugadores, citó a 44 futbolistas y los dividió en dos grupos. Algunos estarán presentes en todos los compromisos pero la idea es poder ver a la mayor parte de los convocados.En un duelo de gigantes de capa caída, la igualdad frente a los holandeses expuso la felicidad de Klopp por volver al campo de juego y la responsabilidad de rescatar a su país del ostracismo de los últimos mundiales. Luego del gol de Gotze para levantar la Copa del Mundo en 2014, un largo período de frustraciones domina a la selección alemana. Dos eliminaciones en primera ronda y la última en dieciseisavos de final ante Paraguay, sacaron a Alemania del rol protagónico al que estaba acostumbrada a competir cada cuatro años.Lejos aún del “Gegenpressing” (contrapresión) que Klopp impuso como sello característico para transformar a su Liverpool en el mejor de Europa y de la Premier desbancando al Manchester City de Guardiola, su equipo se puso en ventaja con un gol de Nmecha y tuvo chances para ampliar la victoria en la primera parte. Sin embargo Adeyemi, en una versión desconocida del que brilla en el Barcelona, dilapidó una acción clara debajo del arco generando esos gestos tan característicos a los que Klopp nos tenía acostumbrados y extrañábamos desde hace un tiempo. Ampuloso, exagerado e intenso se lamentó incrédulo por la chance perdida pero siguió alentando a su tropa. El segundo tiempo fue casi todo del local, que luego de despilfarrar chances nítidas para alcanzar el empate, encontró la igualdad cerca del epílogo gracias a Gakpo, casualmente jugador del Liverpool.Optimista por naturaleza pero exigente al extremo, Klopp sabe que Alemania es una potencia histórica. pero también es conciente de que el pasado tiene fecha de vencimiento cada cuatro años. “El día en que ya no me quieran o piensen que no soy la persona indicada, díganmelo de frente y me marcharé sin pedir un solo euro de compensación”, dijo en su primer contacto con la prensa, dejando en claro que el desafío excede largamente lo económico.Las cuatro estrellas sobre el escudo, sumado a idéntica cantidad de finales perdidas y a otras cuatro en las que la “Mannschaft” se subió al podio en el tercer lugar, dimensionan la entidad futbolística de un grande de todos los tiempos, pero que necesita un evidente golpe de timón. En la mirada hacia adentro, la Bundesliga ofrece un dominio absoluto del Bayern Munich que, si bien es verdad que compite siempre a tope en Europa, tiene como grandes figuras a un inglés (Harry Kane) y un francés (Michael Olise). El ecosistema alemán posee buenos valores pero ninguno ha logrado alcanzar un status que los consagre. Ni Musiala por lesiones, ni Gnabry o Sané por irregularidad completan todo el formulario. Tampoco Havertz en el Arsenal ni Wirtz en el Liverpool pudieron encontrar una consistencia que les de legitimidad y liderazgo en los últimos años. Kimmich es el símbolo de la inteligencia y el método alemán, pero si a eso no se le suma un genio creativo que haga la diferencia, la estructura seguirá incompleta. Finalmente y no por eso menos importante, Klopp tendrá muchísimo trabajo para recuperar esa mentalidad granítica para “saber ganar”, que hizo de Alemania una selección educada como ninguna para lograr inolvidables victorias.Describiendo su matriz de juego alguna vez dijo: “A Arsene Wenger le gusta tener el balón, jugar al futbol, dar pases. Es como una orquesta. Pero es una melodía silenciosa. A mi me gusta más el heavy metal. Siempre lo quiero fuerte”. Klopp está de vuelta y con él, una Alemania llena de adrenalina, emociones fuertes y mucha pasión. Paciencia. Solo es cuestión de tiempo.

Fuente: La Nación Deportes