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Noelia Pace, la médium que asegura comunicarse con los muertos y llena teatros en todo el mundo
Hay conversaciones que empiezan desde la certeza y otras que necesitan partir de una pregunta. Frente a Noelia Pace, médium, vidente y tanatóloga, la propuesta fue la segunda: sentarse con la mente abierta, una cuota de escepticismo y muchas preguntas sobre un territorio que, para buena parte de las personas, sigue siendo tan desconocido como intrigante.Pace asegura que comenzó a ver y comunicarse con personas fallecidas cuando tenía seis años. Desde entonces, construyó su vida alrededor de una convicción que atraviesa toda su mirada: “La muerte no es el fin, es transformación”. Habla de almas, energía y conexiones entre distintos planos, pero también del duelo y de quienes buscan respuestas después de una pérdida. Su trabajo, sostiene, consiste precisamente en ocupar ese lugar intermedio: “Médium significa eso: mediar”.En esta nueva edición de Conversaciones, Noelia recorre su historia desde aquellas primeras experiencias en la infancia hasta las sesiones que hoy lleva a teatros con cientos de personas. Cuenta los casos que más la marcaron, explica cómo dice recibir los mensajes y cuáles considera que son los límites de su práctica.-Primero quiero saber, para los que no conocemos tanto el tema o que lo único que vimos fue la película Sexto sentido, ¿qué es ser médium?-Ser médium para mí es maravilloso porque es poder unir planos, hacer que la gente entienda que la muerte no les quitó nada, permitirle a un alma manifestarse de manera clara frente a quien queda aquí, muchas veces con ese duelo partido, con esa sensación de abandono. También permitirles a los que están aquí poder terminar de decir todo aquello que nos queda atragantado cuando alguien muere.Y, si lo miro desde el lado de la terapia intensiva o los cuidados paliativos, muchas veces hay personas que atraviesan el proceso hasta la muerte y no pueden hablar, y hay un montón de cosas por decir. Yo soy ese médium que les permite terminar de comunicarse.-¿Médium significa mediar?-Sí. Es quien transmite, quien conecta planos. También me permite, desde la evidencia, que fue lo primero que desarrollé frente a la mediumnidad ya a mis seis años, es esta posibilidad de ver qué pasó con ese ser y, en mi caso, con los años, incorporar el escucharlos, sentirlos, olerlos, incorporarlos, verlos. Eso permite una transmisión más clara y le da confirmación al mensaje, tranquilidad a quienes están aquí y, yo digo, evoluciona las almas.-Todo esto que me contás parte de una creencia principal: la muerte no es el fin. Hay algo después de la muerte.-Hay todo.-¿Qué es ese “todo”?-Hay todo. El ser humano se limita a este cuerpo físico, y lleva siete en total, se limita a lo que puede ver y tocar y, a la vez, necesita creer en algo desesperadamente. Utiliza el escepticismo y el miedo como prevención. Todos lo tenemos.Pero hay algo que el ser humano es, y que la gente no termina de entender todavía, a pesar de que con los años se ha hablado más: es energía. El ser humano es energía. Ocupa este plano terrenal, este cuerpo físico, esta materia, para que esa energía pueda generar este proceso llamado vida.Ahora bien, ¿qué nos pasa frente a esa muerte, frente a ese fin? Cuando voy a mis inicios, tengo que agradecer una familia donde me enseñaron que la muerte no era el fin.-¿Estás hablando de la familia en la que naciste?-En realidad eran los Pace, los Drogo, que eran de parte de mi abuela materna, y los Díaz, de parte de mi abuelo materno. Era una composición donde mitad italianos, mitad españoles vivían los duelos de diferentes maneras, pero intensamente, con un ADN del duelo que te lo transmitían. Por ejemplo, estar de luto: había que estar de luto.Y mi nona, de Calabria, dominaba el ritual de la muerte a la perfección y, sobre todo, lo transmitía. Esto de no tener miedo, de preparar al muerto, de preparar el espacio, de honrar ese cuerpo. Entonces, para nosotros, la muerte era unirnos. No era salir corriendo porque algo estaba mal.Ahí comienza también esto de transmitirle a la gente que no hay abandono, que no hay ausencia. Y cuando me preguntan qué hay después de la muerte, hay más, porque energéticamente estamos liberados de este cuerpo que muchas veces creemos que nos transporta, que nos permite todo, pero que también nos encarcela. -Y algún día nos traiciona y se apaga…-No sé si nos traiciona. Creo que dice: “Bueno, hasta acá llegaste”. Tenés ventaja, podés seguir. Y eso es lo que permite esa otra vida después de la muerte. Muerte que vivimos a diario y no nos damos cuenta. -¿Por ejemplo?-Vos te vas a dormir hoy a la noche. ¿Tenés certeza de que mañana te despertás?-Ninguna. Y me angustia.-No te preocupes, viví plena. Porque el punto es este: lo que vos estás viviendo hoy ya pasó. Energéticamente, tu doble cuántico está viviendo otras vidas a otras velocidades.-¿Mi doble cuántico, que es otra Carola Gil?-Es otra Carola en energía superior que ya tiene esto resuelto, armado, divino. Esto ocurre porque tenía que ocurrir y vos ya estás programando otra cosa. Vamos a llamarle futuro, aunque para lo cuántico es el ahora: no es ni pasado ni futuro.Pero lo más importante es entender que esta energía, que nos permite en este plano terrenal ocupar un cuerpo físico, nos permite desarrollarnos y evolucionar. Somos una conciencia superior. El alma todo lo puede, todo lo ve, todo lo lleva adelante y te permite que vos hagas esta experiencia.-Entonces ya partimos de dos supuestos: que la muerte no es el fin...-Es transformación.-Y que hay algo que se llama alma.-Alma que tenemos todos, pero que en cuerpo físico la llamamos espíritu, porque para activar la materia necesitamos respirar. Cada inspiración y cada exhalación hacen que las células se activen y el alma se aloja en los microtúbulos de las células cerebrales. Todo es en expansión.-¿Qué quiere decir que todo es en expansión?-Nosotros vivimos bajo una conciencia limitada. Acá y ahora vos te levantás, sabés lo que tenés que hacer, el horario que tenés que cumplir… Me gusta, me fascina hablar con los médiums, pero todavía dudo. Me quedo ahí y miro. Está todo armadito en mi cabeza, limitado, correcto, como tiene que ser ante la sociedad. Pero hay una Carola distinta, con expansión, con esa conciencia amplificada que está en la conversación acá y, a la vez, está resolviendo mil temas, está súper intuitiva, quiere conectar con los suyos y necesita saber cómo están. Esa es tu alma.Ahora, cuando estamos en plano terrenal, respiramos. El alma activa esta materia y otros cuerpos (energético, emocional, mental) que permiten esta actividad llamada vida. En realidad, no venimos a vivir: venimos a recordar, a tener otra experiencia más donde el alma te dice: “Che, ¿y si esta la hacés mejor?”-¿En una próxima oportunidad o en esta misma?-En esta misma. ¿Te ha pasado tener déjà vu?-Sí, muchas veces. -Esta es tu alma. Y eso es cuando tu conciencia, alma pura, está en expansión, haciendo una mirada como de 360 grados, y vos sos la que decide cómo querés vivir esto ahora.-Una que sabe más que yo, evidentemente. Tiene menos prejuicios.-Exacto, pero te está probando. Hasta cuándo te vas a mantener en esos prejuicios y hasta cuándo te vas a limitar.-Lo que me decís del déjà vu es muy básico. A vos te sucedió algo mucho más fuerte y a una edad mucho más temprana. ¿Nos podés contar cómo fue?-Lo único que hice fue contárselo a mi mamá.-¿Pero qué pasó en ese momento?-Yo estaba en mi habitación. Tenía seis años. Miraba y veía a un hombre parado ahí que me hablaba. Me quería mostrar cosas, me pasaba imágenes como si estuviera mirando la televisión. Era una mezcla de: “Tengo miedo, ¿esto qué es?”, pero también: “Dame más, yo quiero saber”. Empezó a darme toda la información que necesitaba.Me levanto, le digo a mi mamá que había un hombre y mi mamá me decía: “No hay nadie”. “Sí, hay un hombre que dice así...”. Yo le expliqué todo lo que me decía y lo que me dejaba ver. Lo veía como un hombre común y corriente parado ahí.Cuando termino de hablar, mi mamá me escuchó muy atenta, me miró firme, como diciendo: “No jodas con esto”. Pasaron unos días y cae mi abuela Lucrecia, la madre de ella.-¿Esta era la nona de la que me hablaste?-Esta era la hija de la nona. Se sienta, vuelve a preguntarme, me muestran fotos y me dicen: “¿A quién viste?”. Y les digo: “A este”. Mi mamá me dice: “Es mi hermano, el que murió antes de que vos nacieras”.-Un tío.-Un tío. Ahí mi mamá empezó a tomar cartas en el asunto. Primero me llevó a todos los médicos especialistas que te puedas imaginar.-¿Se asustó un poco?-Yo creo que se asustó, pero que a la vez algo le atrapó. Después me llevó a todo curandero que te puedas imaginar, espiritista... hasta que resolvieron. Esto llevó unos cuantos años. Mi papá, imposible. Él no quería saber nada. Negado, hombre de campo, que creía en la Llorona, pero que no le vengan a hablar de que la piba hablaba con un muerto. Pero mamá acompañó.Y mi médico de cabecera, el doctor Tabaco, de Lanús, ahí donde me crié, hizo todos los estudios y le dijo: “Nora, no tiene nada. Está bien”. Y mientras él le decía eso, yo, sentadita arriba de la camilla, le empecé a dar un mensaje de su madre. En medio de eso recuerdo que le dijo: “Bueno, mirá, Nora, si vos no la querés, me la quedo yo, porque está bien”.A partir de ahí fue que mamá relajó y empezó la otra etapa: “¿Qué hago con esta piba?”. Así que nos escapábamos juntas para ir a mesas de espiritismo.-¿Cómo encontraba tu madre por dónde empezar?-Mi mamá era una mujer... Es un ser elevado. Una mujer, en plano terrenal, sumamente inteligente. Sagitariana, accionaba rápido, no perdía tiempo en absoluto y enseguida resolvía. Entonces buscaba y nos íbamos a encuentros espiritistas, que a papá obviamente no le contábamos. Pero fue maravilloso.-¿Y qué mundo se abrió para vos?-Un mundo difícil. Un mundo de pruebas, un mundo donde la gente te señala. Ahí sí mi mamá me preservó mucho. Imaginate: escuela de monjas.-Claro. Partimos de algo que para el cristianismo, el catolicismo, no está bien.-Una Noelia muy centrada, muy cerra
Fuente: La Nación