Como en la Argentina, en Brasil existe un Canal Rural que está a punto de cumplir 30 años. Nació como una señal de televisión especializada, pensada para llevar información a productores de un país enorme y con realidades productivas muy diferentes. Pero tres décadas después, su director Julio Cargnino, sostiene que aquella misión ya no alcanza.
¿Qué quiere decir? Que el agro de Brasil, como en la Argentina, aprendió a comunicarse bastante bien hacia adentro. Y que el nuevo desafío es otro: hablarle a quienes viven lejos del campo, no tienen ligazón con la actividad y muchas veces construyen su mirada sobre la producción a partir de discusiones que ocurren fuera del sector.
Los paralelos con la Argentina son muy claros. Mirá la entrevista:
“Nuestro canal nació hace 30 años con el objetivo de llevar información para el campo. Brasil es muy grande, tiene muchas cadenas diferentes y había una necesidad de difundir conocimiento e información rápidamente”, explicó Cargnino en diálogo con Bichos de Campo.
Con los años, el Canal Rural brasileño sumó eventos, plataformas digitales y otros formatos. Pero también apareció otra necesidad.
“Hoy trabajamos en los dos frentes. Le damos al productor los contenidos y la información que precisa, pero el agro precisa que se hable y se conecte con la sociedad”, resumió.
El problema se parece bastante al argentino: una innovación productiva puede difundirse rápidamente entre productores de todo el país, pero explicar luego esa misma tecnología a quienes están por fuera del sector puede resultar mucho más complicado.
Cargnino definió que muchas veces “la sociedad no entiende lo que ocurre en el agro porque no tiene proximidad. Está muy lejos del campo y cada vez hay más distanciamiento de las familias”, afirmó.
Ese diagnóstico encuentra algún respaldo en una investigación realizada en Brasil sobre la percepción social del agronegocio. El estudio, que alcanzó a 4.215 personas de distintas regiones y estratos sociales, encontró especialmente una señal de alerta entre los jóvenes: dentro del segmento con una mirada desfavorable hacia el agro, el 51% tenía entre 15 y 29 años.
Para Cargnino, allí aparece uno de los principales desafíos de comunicación. Cuando desaparece el vínculo familiar o cotidiano con la producción, también se pierde aquel “hilo conductor” que permitía comprender mejor qué ocurre dentro de un establecimiento agropecuario.
En ese escenario, sostuvo, ganan terreno relatos que responsabilizan al conjunto de los productores por problemas ambientales como la deforestación o los incendios rurales. Como en la Argentina, de nuevo, el periodista brasileño no negó que existan problemas ni conductas ilegales dentro del sector, pero cuestionó que sean generalizadas.
Puso como ejemplo los grandes incendios registrados en distintas zonas rurales de Brasil. Según explicó, muchas veces se instaló rápidamente la idea de que los responsables eran los propios productores, cuando en numerosos casos también resultaron ser las principales víctimas del fuego. “Si una hacienda tiene fuego, el suelo del productor es destruido. Entonces no tiene sentido”, señaló.
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Esa defensa corporativa del agro tampoco debería convertirse en el extremo opuesto: presentar al agro como una actividad sin conflictos ambientales o creer que cualquier cuestionamiento responde necesariamente a una operación en su contra.
Para Cargnino, la respuesta pasa por construir información creíble, reconocer los problemas cuando existen y mostrar al mismo tiempo qué hacen quienes producen para resolverlos. “Hay que trabajar fuerte, todos los días, para ocupar los espacios con información correcta”, planteó.
En ese esfuerzo, considera que los medios especializados tienen una tarea particular. Ya no alcanza con proporcionar información técnica, climática o comercial a quienes producen. También tienen que encontrar historias y lenguajes capaces de cruzar la tranquera.
Y allí, paradójicamente, los mejores comunicadores quizás no sean los periodistas. “Tenemos que poner al productor rural, a los hombres y mujeres del campo, como protagonistas de la transformación”, sostuvo Cargnino. “Cuando ellos hablan y asumen ese discurso de protagonistas, nosotros como vehículos de comunicación tenemos personajes verdaderos para mostrar”.
Después de 30 años hablando con el campo, el nuevo desafío del Canal Rural brasileño se parece mucho al de los medios agropecuarios argentinos: conseguir que esa conversación también sea escuchada del otro lado.
Agro & Campo
Brasil también tiene su propio Canal Rural y los mismos dilemas de incomunicación que en la Argentina: “El agro precisa conectar con la sociedad”, resume su director Julio Cargnino
Fuente: Bichos de Campo