General
Cervezas de culto: de una inspirada en Messi y Maradona, otra que envejece por meses y una combinación inesperada con ramen
Ya no se trata de tener veinte canillas y una IPA de moda. Hay cervecerías con lanzamientos que sus fanáticos esperan durante meses, recetas que cambian con el tiempo, colaboraciones que nacen de una idea en común y cocinas que piensan qué poner en el plato para que cada pinta brille todavía más.Hay una escena que cualquier fan de la birra conoce: alguien llega a un bar y, antes de mirar la carta, pregunta “¿Cuál me recomendás hoy?”. Puede haber una cerveza que estaba esperando hace meses, una que acaba de salir, una que aparece por única vez o esa que alguien le recomendó y ahora quiere probar sí o sí. Y a veces la respuesta cambia el plan.Puede ser una stout añejada en barrica, una sour con frutas, una lager para tomar sin pensar demasiado o una cerveza que pide comida al lado: un ramen, un sándwich de bondiola, algo picante, algo ácido. La gracia está en descubrir qué hay detrás de esa pinta y si vale la pena volver a buscarla.Porque la cerveza artesanal argentina ya no se juega solamente en una buena IPA, una lager fresca o una stout potente. Hay marcas que construyeron un universo alrededor de sus recetas, experimentos que buscan encontrar un sabor propio y clientes que terminaron convirtiéndose en verdaderos fanáticos.Strange Brewing: una birra también puede tener humor, historia y personalidadHay cervecerías en las que simplemente se elige qué tomar y otras en las que, después de mirar la pizarra, también aparece la curiosidad por saber qué se les ocurrió esta vez. Strange Brewing está bastante cerca de ese segundo grupo.En sus latas, la cerveza muchas veces viene acompañada de una historia. “Un pasito para atrás”, una NEIPA, juega desde su etiqueta con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el disco icónico de The Beatles. “Detente, instante! (eres tan bello)”, una Triple NEIPA de alto ABV y mucho lúpulo, lleva a Messi y Maradona en una referencia bien argentina. Y “Salto de fe”, otra NEIPA, recupera en su etiqueta la imagen de Charly García tirándose a una pileta en Mendoza.No hace falta conocer toda la historia para que una lata llame la atención. Pero conocerla suma otra capa a la cerveza.Eso también explica bastante del universo Strange: los nombres, las etiquetas, las referencias al cine y la literatura, la ambientación de sus bares y el humor forman parte de una misma manera de hacer las cosas. Patricio Torres Díaz, de Strange Brewing, cuenta que nunca buscaron deliberadamente diferenciarse de otras cervecerías. “Nuestra búsqueda nunca fue en relación con las otras cervecerías”, explica. El norte fue siempre hacer “birras de altísima calidad explorando la mayor cantidad de estilos posible” y ofrecer en sus bares algo distinto a lo habitual.La experimentación ocupa un lugar importante. Frutas, blends de lúpulos, fermentaciones mixtas y un programa de barricas que empezó junto con la fábrica forman parte del recorrido. También las Imperial Stouts de alto ABV: el tercer batch de Catacumbia, por ejemplo, sumó café de Fuego Tostadores y vainilla de Madagascar.Pero muchas veces una cerveza de Strange empieza bastante antes de entrar en el vaso. Capa y Espada, una Berliner Weisse con Brett, damascos y frutillas, nació del gusto de uno de sus socios fundadores por el licuado de esas frutas. La idea puede ser tan simple como esa y terminar convertida en una receta que después alguien encuentra en una lata, pide en un bar y quiere volver a probar.La misma lógica aparece cuando piensan en quién está del otro lado de la barra: que se anime a pedir un estilo que no conoce, pruebe un plato que normalmente no elegiría o simplemente se lleve una sorpresa.En Strange, una buena birra tiene que estar muy bien hecha. Pero si además consigue llamar la atención desde la lata y despertar curiosidad por lo que hay adentro, mejor.Juguetes Perdidos: cuando una cerveza consigue que la charla gire alrededor de ellaEn Juguetes Perdidos hay algo que no pasa todos los días: gente con el logo de la cervecería tatuado.Ellos mismos tienen una definición bastante gráfica de ese vínculo con su público: “Juguetes no tiene clientes, tiene fans”.Ricardo “Semilla” Aftyka, brewmaster de Juguetes Perdidos, conoce bien la otra cara de esa frase: “Te siguen con el corazón, pero no te perdonan si los defraudás”.Quizás la mejor manera de entender esa relación sea otra frase de la cervecería: “Hay cervezas que acompañan un momento, una charla. Y está bien. Pero nuestra propuesta es que la charla sea la cerveza”.Ahí está una de las claves de Juguetes. No quieren que la birra pase desapercibida.Por eso se definen como una “Cervecería de Frontera” y llevan muchas de sus elaboraciones hasta terrenos donde no siempre es fácil saber qué va a pasar. Hay inspiración en la cocina, ingredientes inesperados, fermentaciones mixtas y un mundo de microorganismos, bacterias lácticas, pediococcus, Brettanomyces, que hace que algunas cervezas sigan transformándose con el tiempo.Un buen ejemplo es Raíz Cúbica, inspirada en Orval. Fresca puede mostrar un perfil más cercano a una Belgian IPA; con los meses, el lúpulo pierde protagonismo y aparecen nuevos matices. Después de un año, el Brett empieza a darle un carácter más salvaje. Misma botella, distintos momentos.La intención es clara: “Hay que captar tu atención, que no te olvides del sabor, del aroma y dejar marca”, dice Aftyka.Y cuando una cervecería logra que alguien se tatúe su logo, parece que algo de eso funcionó.Okcidenta: cuando la medalla es el resultado y no la metaSi en Juguetes el desafío está en llevar la cerveza hasta la frontera, en Okcidenta hay otra obsesión: hacerla lo mejor posible.Desde su lanzamiento, en 2017, el proyecto puso el foco en la calidad y en el trabajo detrás de cada elaboración. Su maestro cervecero, Marco Málaga, es una figura central en esa búsqueda. Una receta puede nacer de un estilo, de una técnica o incluso de imaginar primero una cerveza que le gustaría tomar y trabajar después hasta llegar a ese sabor.Ese recorrido acumula más de 100 premios internacionales. Pero desde Okcidenta hacen una aclaración importante: las medallas no son la meta, sino la parte visible de un trabajo mucho más grande.Para Marcelo Gil, presidente de Cerveza Okcidenta, esos reconocimientos son consecuencia de un proceso: “Son el resultado de años de esfuerzo, trabajo y transparencia con lo que queremos brindar”.Entre esos reconocimientos está la medalla de plata obtenida en la World Beer Cup 2026 por Paradoja Nocturna, una cerveza añejada en barricas de Malbec argentino. El premio tiene además un detalle particular: llegó en una categoría en la que buena parte de las cervezas compiten con barricas de destilados.Málaga recorre competencias, cervecerías y encuentros alrededor del mundo, y de esas experiencias aparecen nuevas ideas para investigar y pulir.En Okcidenta, la autoría no necesariamente está en hacer algo extraño. También puede estar en hacer algo conocido con tanta precisión que termine teniendo la firma de quien lo creó.Perro Negro: una buena birra también necesita un buen platoHay un momento en el que una cervecería deja de pensar qué comida puede servir junto a la cerveza y empieza a preguntarse qué comida puede hacer que esa cerveza se disfrute todavía más.En Perro Negro, ese camino fue natural. La cocina fue creciendo junto con el proyecto hasta encontrar una personalidad propia. Hoy, cuando recomiendan qué probar, no separan necesariamente una cosa de la otra.Una de sus combinaciones favoritas lo deja bastante claro: Mexican Lager y miso ramen.La cerveza, limpia, refrescante y fácil de tomar, encuentra en el plato otra serie de sabores y texturas. Ahí aparece una idea que atraviesa la propuesta de Perro Negro: la salida se arma entre varias cosas.Diego Di Michele, de Perro Negro, pone el foco justamente en esa combinación: “No es solamente la cerveza, no es solamente la comida y no es solamente la música. Es cómo se combinan todas esas cosas para que la gente quiera volver”.También están los clásicos. El sándwich grillado de bondiola y queso, por ejemplo, sobrevivió a más de una discusión interna sobre si debía salir de la carta. Hasta ahora, siempre ganó.En las nuevas cervezas mantienen una filosofía parecida: experimentar, investigar y discutir, pero sin hacer algo diferente solamente por el hecho de ser diferente. Cada cerveza tiene que tener una razón para existir.La buena cerveza no tiene por qué competir con la comida: puede conversar con ella.De la canilla a la historiaHay cervezas que se esperan, otras que se guardan y algunas que cambian con los meses. Hay colaboraciones que nacen entre amigos y terminan en recetas inesperadas, cocinas que dejaron de pensar en la cerveza como un simple acompañamiento y consumidores que ya no preguntan solamente “¿Qué tenés?”, sino también “¿Qué me recomendás probar hoy?”.Quizás la nueva cerveza de culto no sea necesariamente la más rara ni la que tenga más alcohol. Puede ser esa que alguien recomienda con entusiasmo. La que se probó una vez y después se buscó por toda la ciudad. La que se pide siempre porque ya se sabe qué esperar. O esa que aparece una noche en una pizarra y termina convirtiéndose en el descubrimiento de la salida.Porque una buena birra siempre fue una buena excusa para juntarse.La diferencia es que ahora, cada vez más, también puede ser el motivo por el que vale la pena salir.
Fuente: La Nación