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Pizza y Diego
Dos sorpresas tremendas me impactaron cuando visité Nápoles recientemente. Tenía una expectativa muy grande sobre algo que terminó siendo una gran decepción. La otra resultó una experiencia fabulosa e inesperada. Me refiero, en primer término, a la famosa pizza napolitana: ¡un fiasco! Y eso que la probé en varios lugares, algunos muy recomendados. Dicen que se originó siglos atrás cuando para palear el hambre, a alguien se le ocurrió hornear una masa estirada hecha con harina y agua, con salsa de tomate y un poco de queso por encima. El tamaño de la pizza individual que sirven desborda el plato, aunque es escandaloso el escaso queso que le ponen encima. La nuestra es mucho mejor. Lo que me asombró, pero para bien, hasta conmoverme es la devoción de Nápoles por Diego Maradona, cosa que sabía, pero que nunca imaginé que era tan inmensa, al punto de toparme con murales y pequeños altares en su honor a cada paso. Hay cervezas, bares y el estadio, claro, con su nombre; también un museo con todas sus conquistas futboleras y hasta santerías que ofrecen su estampita. Es una religión.Dejó su huella hace más de 35 años, pero los napolitanos no olvidan las hazañas que hizo por ellos en la cancha.
Fuente: La Nación