Durante décadas, producir manzanas significó trabajar con un puñado de variedades conocidas, probadas en distintas regiones y con mercados ya consolidados. Red Delicious, Granny Smith, Golden Delicious, Gala y Fuji siguen siendo protagonistas de la producción mundial porque ofrecen algo que en el negocio frutícola vale tanto como el precio: previsibilidad.
Pero hace unos 30 años apareció otra lógica. El desarrollo de nuevas variedades comenzó a quedar cada vez más en manos de empresas privadas que patentan sus obtenciones, cobran royalties y organizan clubes responsables de su promoción y comercialización. La promesa era ofrecer al consumidor manzanas con mejor sabor, textura, color y atributos visuales, capaces de diferenciarse en las góndolas.
El modelo tuvo algunos éxitos importantes, pero en manzanas los resultados fueron bastante más desparejos de lo que inicialmente se esperaba.
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La ingeniera agrónoma Betina Ernst explica que las variedades tradicionales mantienen una posición dominante porque presentan menores costos y riesgos. Son materiales que funcionan en numerosas regiones, tienen mercados amplios y permiten concentrar el negocio en tres variables conocidas por cualquier productor: rendimiento, calidad y costos.
Además, las variedades clásicas tampoco permanecieron estáticas. Los clones modernos de Red Delicious, por ejemplo, poco tienen que ver con los materiales originales. Actualmente pueden ofrecer buen color, dulzura, jugo y una textura firme, lo que reduce parte de la ventaja que buscaban ofrecer las nuevas variedades patentadas.
El problema de las nuevas manzanas aparece cuando se analiza el negocio completo. Una variedad patentada puede haber sido seleccionada para determinadas condiciones de suelo y clima, pero la velocidad con la que se lanzan comercialmente muchas de ellas no siempre permite probarlas durante suficiente tiempo en diferentes ambientes. Y eso introduce un riesgo importante para quien decide plantar.
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A diferencia de una variedad tradicional, no alcanza con producirla bien. Hay que saber también dónde venderla.
Ernst señala que las nuevas variedades suelen estar desarrolladas para determinados mercados o consumidores y que su comercialización requiere, en muchos casos, acuerdos con cadenas comerciales. Por eso, antes de plantar, el productor debería tener definido quién comprará esa fruta.
La diferencia no es menor. Una manzana tradicional puede colocarse en un mercado mucho más amplio. Una variedad patentada, en cambio, necesita encontrar un espacio específico en la góndola y justificarlo frente a una oferta cada vez mayor.
Para conseguirlo, debe diferenciarse por su apariencia y, además, ofrecer atributos internos que hagan que el consumidor vuelva a elegirla. Y para que ese consumidor llegue a conocerla, hace falta marketing.
Ahí aparece otra característica del nuevo modelo. El productor ya no solamente paga por producir una determinada variedad. También entra en un esquema de licencias, royalties y condiciones comerciales que pueden elevar significativamente el costo y el riesgo de la inversión.
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Por eso, según Ernst, el negocio de las variedades patentadas termina siendo más accesible para las empresas de mayor escala.
Algunos países incluso comenzaron a desarrollar sus propias variedades para reducir parte de esas dificultades, buscando tener mayor control sobre la adaptación agroclimática, las licencias y la comercialización. Nueva Zelanda y Chile son dos de los principales ejemplos.
Dentro de este nuevo universo, hay una variedad que consiguió algo que muchas otras buscaron sin el mismo resultado. Pink Lady, también conocida como Cripps Pink, fue pionera y se convirtió en la variedad patentada de mayor éxito comercial.
Tiene una presencia importante tanto en Europa como en el hemisferio sur y, entre las variedades comercializadas masivamente, se encuentra entre las que mejor precio obtienen.
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En Chile ocupa el segundo lugar entre las variedades exportadas y representa entre 20% y 25% de los embarques de manzanas, de acuerdo con los datos citados por Ernst.
El caso de Jazz, en cambio, muestra que el éxito inicial no garantiza una expansión permanente. Scifresh, su denominación varietal, tuvo una fuerte implantación en Nueva Zelanda y también fue plantada en Chile, Europa y Estados Unidos. Sin embargo, su crecimiento se frenó y actualmente representa cerca del 5% de las exportaciones neozelandesas. En Chile, sus exportaciones vienen disminuyendo.
Kanzi, o Nicoter, encontró su principal mercado en Europa, especialmente en países como Alemania, Bélgica y Holanda. Tiene una presencia importante en las cadenas europeas, aunque en Chile continúa siendo una variedad de superficie y exportaciones acotadas.
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El comportamiento de las variedades del grupo Crisp es diferente. Honeycrisp, Cosmic Crisp y EverCrisp son especialmente buscadas en Estados Unidos, donde alcanzan buenos precios y despertaron una fuerte expansión de la superficie plantada. En Chile también están creciendo con fuerza y buena parte de esa fruta tiene como destino precisamente el mercado estadounidense.
Según Ernst, en 2025 las variedades de este grupo representaron alrededor del 3% de las exportaciones chilenas.
Otro caso interesante es Envy. En Nueva Zelanda consiguió una posición muy fuerte y en 2025 representó cerca del 12% de las exportaciones de manzanas de ese país. Su principal destino es Asia, donde encontró consumidores dispuestos a pagar por sus características. Chile también apostó por esta variedad, aunque allí todavía representa una proporción pequeña de los embarques, cercana al 0,4%.
El grupo Pacific, integrado por Pacific Queen, Pacific Rose y Pacific Beauty, también fue desarrollado principalmente en Nueva Zelanda con el mercado asiático como objetivo. En conjunto aporta algo más del 10% de las exportaciones neozelandesas. Pacific Queen es la más extendida, mientras que Pacific Rose se destaca por su color intenso y sabor.
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Hay además variedades que buscan diferenciarse no solamente por sabor y apariencia, sino directamente por la forma en que se consumen.
Rockit es una mini manzana concebida como snack saludable. Es dulce, crujiente y resistente a la oxidación, y se comercializa lavada y envasada en tubos u otros formatos portátiles. Su estrategia de marketing apunta especialmente a niños y jóvenes. Representa alrededor del 3% de las exportaciones de Nueva Zelanda, pero consigue precios elevados.
Y existe un último grupo que apuesta a una característica particularmente llamativa: la pulpa roja.
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Kissabel, Redlove y Redmoon son variedades que presentan altos niveles de antioxidantes, fenoles y antocianinas. Su color interior permite una diferenciación inmediata frente a las manzanas tradicionales y varios países están apostando por ellas. El objetivo inicial es colocarlas en los mercados locales a precios superiores a los de las variedades convencionales.
Agro & Campo
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Fuente: Bichos de Campo