El puente argentino que busca llevar el arte a un mercado de US$26.000 millones

Hay mercados en los que una identidad puede convertirse en una ventaja competitiva. El del arte es uno. Estados Unidos es el principal mercado del mundo: en 2025 concentró el 44% de las ventas globales de arte y alcanzó los US$26.000 millones operados, 5% más que un año antes. Las importaciones crecieron 13%. En este contexto, una argentina detectó el interés y puso en marcha Bridgearg, una plataforma que busca llevar arte argentino a Estados Unidos y construir, al mismo tiempo, un negocio alrededor de esa conexión.En 2020, Cecilia Molina se mudó a California por necesidades de la compañía en la que todavía trabaja. “Apenas llegué allá me di cuenta que la gente me preguntaba por mi vestimenta, mis carteras”, recuerda. De esas preguntas surgió una observación que con el tiempo se convertiría en una oportunidad: “Muy rápidamente me di cuenta que ese ‘no sé qué’ argentino tenía un valor agregado en Estados Unidos”.La pandemia profundizó otra característica de su nueva vida. Molina comenzó a funcionar, casi naturalmente, como un puente entre ambos países. La idea inicial no era crear una empresa propia. De hecho, era casi lo contrario: utilizar su situación legal y su conocimiento del mercado estadounidense para ayudar a emprendimientos cordobeses a cruzar esa frontera.El proyecto empresarial llegó algunos años después y en circunstancias menos planificadas. En 2025, Molina comenzó un entrenamiento de liderazgo que trabajaba sobre una transición personal, “el paso del miedo a la confianza”. Ese mismo año, la empresa en la que trabajaba inició un proceso masivo de reducción de personal. Fue entonces cuando la posibilidad de emprender dejó de ser abstracta.“A fines de octubre me encontré diseñando con total seguridad lo que hoy es una realidad: Bridgearg”, cuenta a LA NACION. La premisa era conectar y poner en valor el arte argentino en Estados Unidos. Para hacerlo necesitaba algo más que una plataforma digital. Hacían falta curaduría, artistas, logística, comercio exterior, abogados, contadores y una estructura capaz de operar a ambos lados.Molina presentó la idea ante un evaluador y recibió observaciones que la llevaron a realizar consultas legales e impositivas en Estados Unidos. Después vino la búsqueda del equipo. Un contacto familiar la llevó a la curadora Carmela Gastaldi.“Hubo conexión instantánea. Entendimos que hablábamos en los mismos términos en cuanto a lo que queríamos con el proyecto: seriedad, solidez, crear valor en el arte argentino”, dice Molina. Le entregó a Gastaldi una lista de más de 50 artistas y artesanos y le dio libertad absoluta para modificarla.Gastaldi le preguntó “¿tenés algún compromiso con alguien a quien tengo que dejar?”. La respuesta definió una de las reglas del emprendimiento. “Esto es un negocio, los compromisos quedan afuera. Sólo entran los mejores según tu criterio”.De aquella lista apenas dos o tres sobrevivieron. Gastaldi armó una selección inicial de diez artistas para la etapa MVP —el producto mínimo viable— y comenzó a contactarlos.“Queríamos encontrar diferentes voces, lenguajes y sensibilidades que pudieran mostrar la diversidad de artistas que, desde sus propias búsquedas, pudieran transmitir algo de nuestra identidad, nuestra cultura y nuestra manera de mirar el mundo”, explica la curadora.Para ella, la apuesta no consistía simplemente en vender obras fuera del país, sino que la veía como “la posibilidad de construir un verdadero puente entre dos países, haciendo del arte el lugar de encuentro”.Ignacio Concioni, hijo de Molina y dedicado a la programación. Molina se involucró. En una charla con Fabio Egea, el primer artista con el que se encontraron, Concioni planteó que debían cambiar el concepto original para adaptarse a las necesidades y posibilidades de los artistas.Usaron ahorros familiares para financiar el proyecto después de conversarlo en familia; los otros dos hijos, sin funciones en la empresa, se sumaron a la SAS constituida en la Argentina. Para el branding recurrieron a Parche, una agencia de diseño integrada por dos profesionales cordobesas. La logística la realiza un sobrino de Molina especializado en el tema y con experiencia en una empresa forwarder y, además, se sumó un asesor de comercio exterior especializado en arte.Equipos legales y contables de ambos países comenzaron a trabajar en conjunto hasta constituir Bridgearg LLC en Estados Unidos y ordenar la estructura necesaria en Argentina.La apuesta de la firma es que el valor del arte argentino no termine diluido en una exportación más, sino que pueda convertirse en una marca y en una propuesta comercial. “El arte tiene la capacidad de atravesar fronteras, generar vínculos y acercar culturas”, dice Gastaldi.

Fuente: La Nación