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El arbitraje argentino está acorralado: desaparece el miedo, se agita una revolución en la AFA y el VAR es el “enemigo”
El arbitraje en la Argentina despierta una sensación de hastío como el reflejo más complaciente. Porque también hay sospechas, recelo, suspicacias y bronca. Los hinchas desconfían, las redes sociales alientan operaciones, los periodistas criticamos, los jugadores y los técnicos no disimulan ni mascullan sus reproches y los dirigentes ya no se callan. El ambiente del fútbol argentino perdió la paciencia. “Yo entiendo cómo es esto, yo estuve acá y estuve acá”, bramó Omar de Felippe hace unos días y completó la escena sellándose los labios con un movimiento de la mano derecha. Pero estaba todo dicho: antes, como entrenador de Central Córdoba, lo favorecían por ser un equipo del poder, y ahora, en Talleres, no. Es que los santiagueños habían recibido un increíble penal en el último instante para empatarles 2-2 a los cordobeses. Y por la misma fecha 10, Nicolás Diez, DT de Argentinos, tras caer con Rosario Central, explotó: “Nos robaron un gol legítimo. Buscan cosas que no suceden. Estaba en la misma línea, mostraron algo que no es”, gritó. Es que con el partido en cero, Tomás Molina adelantó a su equipo hasta que intervino el VAR para mostrar una inconsistente posición adelantada. El arbitraje apesta y la aldea futbolística está tan furiosa como indignada. No resiste más. Están las voces que se alzan desde hace tiempo. Antes solitarias, ahora empiezan a cobrar un espíritu de cuerpo. “Veo difícil que mejore el arbitraje. ¿Por qué? Porque la mejora debe ser estructural, pero si no hacés un mea culpa y un análisis de cómo se dirigen los partidos, de cómo interviene el VAR, sino se aúnan criterios… Es mucho más profundo el cambio que se necesita que cambiar uno por otro”, comentó Juan Sebastián Verón recientemente en una entrevista con LA NACION. El pedido de River ante el comité ejecutivo de la AFA lo resume: rediscutir los roles de quienes conducen el arbitraje, definir criterios para las designaciones y auditar los rendimientos a través de un comité independiente. Dinamitar todo, y volver a empezar. Los entrenadores que son expulsados no pueden asistir a la conferencia de prensa posterior a los partidos, pero ahora desafían cualquier sanción y van igual. Como lo hicieron Guillermo Barros Schelloto y Julio César Falcioni. Furiosos. Y más dirigentes ya no le temen al látigo mediático de Pablo Toviggino, tesorero de la AFA y brazo armado del presidente Claudio Tapia, que los espoleaba por X. No se trata solo de River, Estudiantes o Racing. Se quejan los rebeldes y también los aliados, como Nicolás Russo, presidente de Lanús, o cercanos, como Daniel Vila, la referencia de Independiente Rivadavia. Indicadores inapelables del hartazgo que tiene un denominador común: la figura de Federico Beligoy, director nacional de Arbitraje de la AFA desde 2018 y encargado de la evaluación, promoción y designación de los jueces. El fastidio atravesó las dimensiones políticas de la AFA. Los clubes quieren a Beligoy afuera. Las polémicas invaden las fechas del torneo Clausura. Una tras otra. No hay tregua y algunas alcanzan la categoría de escándalos. Tapia es resistido en las canchas, y los arbitrajes son el tema central de la repulsión popular. Las hinchadas no cantan ni contra Beligoy ni contra el árbitro de turno, sino que le apuntan a Tapia. Frente a este escenario, convocados por LA NACION, actores de distintos ámbitos del fútbol volcaron su preocupación, alarmas y también propuestas frente a la crisis arbitral. Un viejo axioma del arbitraje indica que no se puede cobrar lo que no se ve, lo que no existe. Pero el VAR redefinió las reglas y hace lo que se le ocurre. Proyecta líneas, crea perspectivas e induce al juego a una dimensión irreal. Las consecuencias son devastadoras. Pero los atropellos del VAR no terminan en su capacidad de inventiva, sino que redobla la apuesta y en ocasiones no sanciona lo que estalla a los ojos del mundo con sentido común. Ahí, entonces, completa su obra destructiva.El periodista Juan Pablo Varsky ofrece un análisis donde el VAR toma una responsabilidad central. “El arbitraje es un tema complejo, abordable desde varios planos. Hoy, en el análisis no se puede escindir el peso del VAR. Y aquí aparece un punto central: la búsqueda y la detección de hormigas en lugar de elefantes. Entonces, el concepto de error claro y manifiesto se distorsiona. Y lo veo en dos tipos de jugadas muy concretas: para invalidar un gol o para cobrar un penal. Especialmente en estas situaciones ‘se detectan las hormigas’. Y estas acciones, estas intervenciones, determinan resultados. Un escenario así, después, predispone al rechazo ante cualquier zona gris y entonces ya se protesta absolutamente todo. ¿Por qué? Porque existe un caldo de cultivo”.Hace un tiempo, Diego Simeone, en diálogo con LA NACION, propuso justamente un cambio en quienes controlan el VAR para darle transparencia. “No tengo dudas de que va a mejorar el día que no lo manejen los árbitros que son consecuentes con sus pares. Los que están en el VAR tienen que ser ex árbitros, no tienen que ser pares de los que están dirigiendo en la cancha. Porque puede generar la sospecha de ‘yo no te expongo, vos no me exponés’. Con gente que ya no dirige sería mejor, porque si te equivocás, te saco y pongo a otro, total hay un montón de árbitros”, aportó.Las polémicas y el desprestigio impactan en la platea global, en la audiencia, en los hinchas. El actor Federico D’Elia, fanático de Estudiantes de La Plata, se suma al rastrillaje de emociones de LA NACION. “El arbitraje está mirado de reojo, y yo también lo veo así. Tenemos árbitros buenos, regulares y malos, como en todo el mundo. Sí, creo que hay equipos que son claramente beneficiados. Y aquí sumó al VAR, cuando vemos que se cobran cosas insólitas. No me gusta nada que el árbitro haya perdido la centralidad en la toma de las decisiones; van al VAR y cambian la decisión por una foto, cuando ellos habían visto la acción desde al lado. Y también hay algo de la comunicación entre jueces, asistentes y el VAR que me resulta llamativa. Me preocupa mucho el arbitraje, porque en la medida que pierde credibilidad a mí me van sacando interés. Buscan agujitas en pajares y eso le quita magia al juego, porque nadie nos dijo que el VAR llegaba para eso. El VAR está exponiendo a los árbitros y genera una gran impunidad porque uno ve que cobran algo que no sucedió”. Las designaciones de los árbitros que se conocen los jueves provocan ansiedad en los dirigentes. Y todo tipo de “rosca”, especialmente para evitar tal o cual nombre. Si fallan las negociaciones, las declaraciones públicas, directas o a través de serviles satélites –incluso, algunos que ofenden nuestra profesión-, se encargan de condicionar el futuro arbitraje. Siempre habrá datos para avalar cualquier teoría. Claro que en varias ocasiones las designaciones tampoco ayudan, porque la falta de tacto parece abrir las heridas. Los árbitros no suelen ser sancionados luego de flojas actuaciones. Solo en ocasiones son parados, como Nazareno Arasa después de Riestra-Vélez. Volvió enseguida, incluso casi sin interrupciones, y dirigió San Lorenzo-Boca, el clásico de la fecha 10. Y volvieron las polémicas.Justamente al respecto se expresó Raúl Gámez, hoy con 82 años, presidente de Vélez en tres períodos, 1996-99, 2002-2005 y 2014-2017: “Es malo que se hable tanto de los árbitros, ese nunca puede ser un buen indicador. Es un momento difícil. Nunca tendrían que perder la independencia, pero de esta AFA qué se puede esperar. Sin independencia no hay transparencia. A Beligoy yo lo conozco, bien, de antes… El arbitraje tiene que ser serio, y el primer paso para recuperar seriedad es desde las sanciones. Si un árbitro se equivoca dos o tres veces debe ser parado, no puede haber liviandad desde la AFA. Y lo mismo con los que están en el VAR: si se equivocan tres o cuatro veces, bueno, que estén tres o cuatro meses inactivos. Hace falta rigor ante los errores, sino es joda”. Christian Bassedas, exfutbolista, entrenador y secretario técnico de Vélez, se expresa en una línea similar con respecto a los estímulos para progresar. Todo no puede dar igual. “¿Cómo mejorar? Aquí aparece la responsabilidad de quienes conducen: premiar por mérito a quienes demuestran ser los mejores, porque los mejores se hacen notar desde jóvenes. A esos hay que detectarlos, formarlos, acompañarlos y darles oportunidades. La transparencia se construye hablando claro, explicando decisiones y haciendo comprensibles los criterios que se utilizan”.Para Germán Lerche, presidente de Colón entre 2006 y 2013, hay un inicio, una zona de gestación. Y un actor extra que pocos mencionan: “El arbitraje está envuelto, como nunca antes, en una sospecha generalizada y su embrión debe encontrarse en los torneos del ascenso, y en ese ámbito no sólo se debe poner el foco en los beneficios que hicieron al resultado, sino en el flagelo de las apuestas deportivas”, alertó el exdirigente, sobre quien pesa una condena de tres años de prisión, de ejecución condicional, por administración fraudulenta en Colón.Horacio Elizondo, el primer árbitro que en la historia de los mundiales abrió y cerró el torneo, partido inaugural y final en 2006, le ofreció un singular enfoque a LA NACION hace un tiempo. Desde mayo de 2025 es el director del equipo técnico de la Comisión de Arbitraje en la Federación Méxicana de Fútbol. “Dante Panzeri dijo que ‘se juega como se vive’, ¿no? Bueno, se dirige como se vive también. Es un país con tanto sisma político, con tantos vaivenes económicos, tan frágil y expuesto en temas de seguridad, un país donde lo no deseado te termina entrenando. Desde que vos salís por la puerta de tu casa, hasta que volvés, es increíble la cantidad de decisiones que tenés que tomar debido a todos los problemas que debés enfrentar. Vivimos en una histeria insoportable, donde nada nos parece bueno y sí malo, estamos muy entrenados para apuntar a lo negativo. Somos así, estamos esperado eso, tenemos un morbo muy exacerbado. ¿Cómo se puede vivir
Fuente: La Nación Deportes