Cuando el empresario Julio Camsen lo entrevistó hace varios años, le pidió sin vueltas que quería tener un vino de 100 puntos. Lejos de abrumarse y entrar en pánico, José Pepe Morales aceptó sin miedo el desafío. Elaborar un vino que consiga esa calificación era, ni más ni menos, que obtener un vino con la puntuación perfecta, la puntuación más alta que se puede conseguir de un crítico de vinos, reconocido a nivel mundial.
El viernes pasado, durante la presentación del premio en Mendoza, Camsen no dudó en afirmar en público que su enólogo Pepe Morales era “el Messi del vino”, luego de que el miércoles 9 de setiembre el Huentala Calizo Albar Malbec fuera considerado el mejor vino tinto del mundo, en una cata a ciegas en Londres, Inglaterra, donde compitió contra otros 4.500 vinos que se presentaron.
Exultante, la emoción del empresario Camsen era mayúscula, agradeciendo en el acto hasta el último trabajador de su bodega, porque lo que hay que entender es que es un jugador nuevo en el mercado del vino y que el premio caló hondo, asistiendo inclusive el gobernador Alfredo Cornejo. Es que el vino en Mendoza siempre es una cuestión de estado.
Camsen no viene de la vitivinicultura. Lo suyo, es desde la década de 90 la hotelería, donde pisa muy fuerte, siendo propietario en pleno centro de la ciudad de Mendoza de un cinco estrellas de 17 pisos, el Hotel Sheraton (de la cadena Marriot), que al lado tiene al Hotel Huentala, más añoso y de cuatro estrellas superior, que Camsen compró cuando entró al negocio de la hotelería y del que aún es dueño.
Pero esta aventura en el mundo del vino comenzó hace más de 20 años, en 2002, cuando fue un día a pasear y a tomar un té al Valle de Uco, concretamente al paraje de Gualtallary, en Tupungato, una zona agreste en pleno pedemonte, que empezaba a ganar una incipiente notoriedad porque las grandes bodegas habían comenzado allí a plantar viñedos para obtener vinos premium de altura.
En ese tiempo se desató un debate en la vitivinicultura local sobre si los empresarios estaban en su sano juicio, yendo a plantar viñedos a una zona ubicada entre los 1.200 metros y 1.700 metros de altura sobre el nivel del mar, mucho más fría que las zonas cultivadas.
Camsen, como ya lo ha contado en varias ocasiones, se enamoró del lugar y en poco tiempo, frente a los viñedos de la bodega Catena Zapata, que ya estaba instalada, compró 230 hectáreas para montar su propia bodega y elaborar vinos con su marca.
La concepción del proyecto no fue a la ligera. Recién plantó el primer viñedo en 2010, luego construyó la bodega, y entre ambos levantó un restaurante gourmet donde sus vinos serían protagonistas. Pero como Gualtallary está a 80 kilómetros de la capital mendocina, no dudó en llevar su proyecto a la mismísima ciudad.
Y así, al lado de sus hoteles, el Sheraton y el Huentala, construyó otro hotel, que se llama Hualta, un hotel de la cadena Hilton, al que le sumó un restaurante y abajo de este, montó una pequeña bodega muy equipada que elabora vinos en pleno microcentro de la capital provincial, a apenas 200 metros del Kilómetro Cero, de la que también sacó una marca propia: el Huentala Serie Urbana.
Lo hizo así porque si los huéspedes de sus hoteles no pueden ir a Gualtallary a visitar la bodega y probar sus vinos, él decidió llevar la bodega al hotel para que disfruten allí de la experiencia de la elaboración, que se hace con los vinos que llegan de esta codiciada zona de Tupungato.
Este hombre fue quien le pidió al enólogo José Morales hacer un vino de 100 puntos el día que lo contrató, y que “Pepe”, como todos le dicen, aceptó como algo natural de la actividad y de su trabajo.
“Siempre te propones hacer el mejor vino del mundo. De ahí a que salga es otra historia, pero siempre está en la idea, es como un sueño, como una aspiración”, le dice Morales a Bichos de Campo, en un mano a mano en la bodega Huentala del centro de Mendoza.
“Julio me planteó en la primera entrevista que tuve con él, cuando lo conocí, tener un vino de 100 puntos y vamos por eso”. Y va por eso porque, aunque Pepe haya conseguido hacer el mejor vino tinto del mundo, la calificación que consiguió fue de 97 puntos.
“Si bien es una metodología diferente de degustación, que nos digan con este reconocimiento que somos los mejores del mundo en vinos tintos pueden llegar a igualar el nivel de tener un vino de 100 puntos con un crítico, que es nuestro objetivo. Porque queremos -insiste Pepe- que nuestros vinos sean los máximos exponentes del mundo en lo que es apreciación de calidad. Y bueno, ahora nos ha pasado en este concurso”.
El premio Red Champion Trophy al mejor vino tinto del mundo fue otorgado por International Wine Challenge, donde los jurados son master of wines, periodistas, sommeliers, master sommeliers, influencers, incluso compradores de cadenas muy reconocidas, que saben mucho de cadenas de supermercados y de lo que demandan los consumidores.
Fueron 8 rondas, se evaluaron unos 4.500 vinos de todo el mundo, y el rival a vencer era nada menos que Francia, campeona mundial de las últimas 4 ediciones. La cata fue a ciegas, iba solo la botella, sin marca ni etiqueta, ni precio, ni región, ni siquiera varietal. En ese nivel de competencia, el Huentala Calizo Albar se llevó el trofeo del mejor vino tinto del mundo.
Al hablar del vino campeón, su enólogo lo describe de la siguiente manera: ”Lo defino como un vino que conjuga lo complejo con lo fresco, que para mí es la búsqueda eterna que todos hacemos cuando elaboramos un vino y que en Gualtallary se da casi naturalmente, pero para lograrlo hay que saber interpretarlo y cómo hacerlo”.
“Tiene muy buena intensidad de nariz, tiene frutas, con las notas de madera que acompañan, no la madera encima de la fruta, y tienes las frutas del lugar, frutas negras y también hierbas y todo eso hace que sea un vino memorable”.
Sin embargo, todo este proceso que abunda en calidad, genera como contrapartida una producción escasa en cantidad: “De esta edición ganadora hemos elaborado 1.300 botellas, que en el mercado se está comercializado cada una a 294.000 pesos (196 dólares)”, precisa Pepe sobre el Huentala Calizo Albar.
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El enólogo no trabaja solo sino con un equipo que nombra uno por uno: “Agustín Muñiz, que me acompaña en la bodega de Gualtallary; Atilio Ortega que está a cargo de la bodega del centro; después está Mauricio Levi, que es el encargado de la finca y Federico Leguizamón, a cargo de la producción, pero bueno, a la hora de hacer los cortes participamos todos”.
Y destaca especialmente a “Daniel Pi, que es uno de los directores de la bodega y es consulta gratis, fue el director enológico de Bodegas Trapiche mucho tiempo y es un crack, para mí una leyenda de la la enología argentina y súper generoso con el conocimiento, yo le puedo llamar y él me aporta todo lo necesario para un buen trabajo”.
El nombre del vino, Huentala Calizo Albar, no solo se refiere a la bodega Huentala Wines, sino a la composición de la tierra que dio este vino. Pepe Morales lo explica: “se llama Calizo porque la mayoría de nuestros suelos en el viñedo tienen carbonato de calcio, o sea, piedra caliza, y Albar se refiere al color, porque el color del carbonato es blanco, algo que tiene sentido porque también elaboramos otro Calizo, que es el Carmín, que se llama así porque el carbonato es rosáceo”.
Lo notable de esta piedra caliza, de este carbonato, es que juega un papel clave en el resultado del vino, un impacto, que con mucha honestidad Pepe afirma que no han podido descubrir, pero que se nota en el producto final.
“¿Cuánto le aporta esa piedra caliza? No lo sabemos con precisión. Nosotros, químicamente le hemos hecho 1000 análisis y lo más profundo que podíamos, y nunca vimos una diferencia química entre un vino que venía de suelo calizo con uno que no es de suelo calizo”.
“Pero hay una realidad -continúa-, cuando vos tenés una uva que está en la planta, desarrollada en suelo calizo, te da un vino diferente en la parte organoléptica. No sabemos cómo ni por qué, pero sabemos el resultado. Evidentemente, cambia el metabolismo de la planta, pero yo creo que afecta mucho en la textura de los vinos”.
Pero además no solo esta diferencia influye sino también la cantidad de caliza disponible porque la distribución del carbonato no es pareja: “Dónde tenemos más carbonatos tenemos este Calizo Álbar, donde tenemos menos carbonato, tenemos un suelo tipo para un vino como Gran Sombrero (otro vino de la casa) que son más fluidos, con más fruta, con otra textura y eso es real”.
“Sin embargo, cuando se analiza una muestra y la otra, la química no te dice nada, pero hablo de la química profunda, de analizar con un espectrofotómetro de fase líquida, donde hacemos la radiografía del vino, de sus componentes y no hay nada que te diga, ‘esto viene de suelo calizo y esto no’, pero sí lo notas claramente en la en la degustación”.
¿Para hacer un vino de 100 puntos o uno reconocido a nivel mundial, hay que ser una gran bodega con capital o puede ser cualquier bodega y es la mano del enólogo la que define? Para Pepe Morales el dato es otro. “Creo que la clave es encontrar y saber interpretar el lugar. Un vino campeón no puede salir de cualquier lugar. Hay lugares que te van a dar vinos campeones y otros que no. Una vez que vos tenés eso, el resto es muy artesanal. De hecho, nosotros hemos trabajado estos vinos con una microvinificación”.
“Si bien tenemos tecnología ultra en la bodega, lo mejor -explica-, en este caso avanzamos con la microvinificación, que es cuando vos separás una parcela o un conjunto de plantas por alguna singularidad, que puede ser el suelo, la temperatura o lo que fuere, y lo que hacés es agarrar una barrica, le sacás el fondo y la llenás de uva a la barrica, la dejás parada, y fermenta ahí”.
“Haces todo el proceso ahí, después lo sacás de la barrica y lo volvé
Agro & Campo
“El Messi del vino”: Un empresario hotelero lo contrató para hacer una etiqueta de 100 puntos y el enólogo Pepe Morales logró reposicionar a Mendoza con el mejor tinto del mundo, desplazando a los franceses
Fuente: Bichos de Campo