Ambos con cáncer, vencieron sus miedos y se convirtieron en un matrimonio aventurero: “Vinimos al mundo a vivir”

En este 2026, Blanca y Agustín cumplieron 55 años de casados y 17 desde que su vida cambió para siempre. Blanca todavía recuerda con nitidez la primera vez que la tierra tambaleó bajo sus pies. Al escuchar el diagnóstico de su marido quedó petrificada. Agustín tiene cáncer, dijeron, y así, en un segundo y con esas simples palabras, el año 2009 marcó el comienzo de una nueva historia.La primera reacción en su entorno íntimo fue de desesperación. Luego, decidieron que era tiempo de abandonar el llanto y acompañar a Agustín, que por entonces tenía 56 años, con entereza. “No es el camino”, se dijo Blanca. “Con esta actitud lo estamos dejando solo”. Y así, con un optimismo renovado, afrontaron juntos el desafío de ganar aquella batalla.Agustín tenía un tumor en el riñón derecho que le extirparon exitosamente. “A los quince días le festejamos un cumpleaños inolvidable”, recuerda Blanca. “Después del tratamiento todo parecía marchar de maravillas y nuestra vida regresó a una cierta normalidad”. El año 2010 llegó calmo y, sin embargo, Blanca sentía que algo en ella no estaba bien. Siguiendo aquel instinto concurrió al ginecólogo, quien le dijo que sus estudios arrojaban resultados normales y que, seguramente, su malestar provenía del susto que le había provocado el cáncer de su esposo. No conforme con aquellas conclusiones, Blanca decidió cambiar de médico y, para octubre, encontraron que tenía un tumor en el endometrio.“Cuando tuve el diagnóstico en mis manos sentí que la tierra se había abierto bajo mis pies”, revela. “Quedé suspendida y lloré. Luego llamé a mi hija y le conté. Del otro lado hubo silencio por varios segundos, hasta que me dijo: mami, vas a poder con esta historia. De igual manera reaccionaron mi hijo y mi nuera. Mi marido, que tampoco tenía dudas de que podía dar pelea, estaba totalmente confundido con todo esto que nos estaba sucediendo a ambos”.El miedo a morirLos tres hermanos de Blanca, que vivían lejos, viajaron para la operación, una actitud que la emocionó profundamente y la fortaleció. El procedimiento había salido bien, pero aquella efímera alegría se extinguió unos meses más tarde, cuando a su marido le encontraron metástasis en su pulmón, lo que les provocó una gran decepción y nuevas amarguras: “Entonces sí tuve temor a que muera”, revela Blanca.Los años pasaron con dificultad y altibajos. Días de cirugías, quimioterapias, pastillas y permanentes cambios de medicación. “Y para mi sorpresa, el año 2016 me esperó a mí con tres tumores en la mama derecha, más cirugías, rayos y quimio”, explica Blanca. “Hasta el día de hoy sigo con ese tratamiento”. El panorama era desolador y la tormenta parecía no querer calmar. Y mientras ella batallaba con todo el coraje posible, al amor de su vida, a su querido Agustín, que apenas sí se estaba recuperando de las metástasis en el pulmón, le detectaron nuevos nódulos en el riñón. Entonces devino el caos, nuevos temores y más intervenciones.De pronto, el miedo a morir se había apoderado de ambos. Y, sin embargo, algo increíble sucedió en sus vidas.Vencer los miedos“Con mi marido siempre nos amamos mucho”, cuenta Blanca emocionada. “De pronto, nos dimos cuenta de que nos había tocado enfrentar juntos esta enfermedad y que el desafío nos había unido más aún. Entendimos que cada día de la vida debíamos luchar juntos por mirar al cáncer a los ojos sin miedo y darle batalla. Y en esta travesía, en este reto inexplicable, un día nos levantamos cambiados, sintiendo que habíamos crecido en todos los sentidos de la palabra. Sucedió que, en un acuerdo de amor, juntos modificamos muchas cosas, hábitos y actitudes ante la vida. Hemos aprendido a disfrutar de cada día como si fuera el último, a no anteponer el valor de lo material y a salir a ver el mundo como jamás lo habíamos hecho”.
Leer nota completa en La Nación →