General
Nora Cárpena: la operación que la dejó al borde de una depresión, el rol que la trae de regreso a la tele y por qué no piensa retirarse
Está de gira con Viudas e hijas, comedia que estrenó el año pasado y que continuará con funciones hasta noviembre. Y este jueves 24 estrena Sombras, en Net TV, una serie de seis capítulos en la que Nora Cárpena interpreta, por primera vez, a una tirana. “Es una gran oportunidad porque siempre fui la buenita, la heroína”, dice. La actriz agradece estos días tan ajetreados porque así vivió toda su vida. Hija de actores, debutó a los 12 años en un teatro en España, y a los 19 conoció al gran amor de su vida, Guillermo Bredeston, que fue su galán durante más de un año en el Teleteatro Palmolive en el aire. De todo eso habla con LA NACION, un rato antes de subirse al motorhome que la lleva a hacer las funciones del fin de semana, y también recuerda dos personajes que la marcaron en Rolando Rivas, taxista y Paloma hay una sola. Además, cuenta que se está recuperando de una operación de cadera que la dejó al borde de una depresión y que, a los 81 años, hace terapia por primera vez. -¿Qué se viene en estos próximos meses?-En noviembre terminamos la gira y ahí vamos a decidir qué hacemos con Viudas e hijas. Tal vez hagamos temporada. Todavía no estamos decididas porque Iliana (Calabró) conduce un programa de televisión y se complica la cosa, así que vamos a ver cómo nos arreglamos. Me gusta hacer esta obra porque es muy divertida pero, voy a ser sincera: las giras me gustaban mucho más cuando era joven. Ahora me cuesta un poco más, pero se dio y la disfruto; tampoco es una tortura. Por suerte vamos cómodos, en avión o en motorhome si es más cerca, con cama, con su cocinita, con su televisor.-¿Cómo te llevás con tus compañeras? Este es un elenco mayormente femenino, al igual que Brujas que estuvo más de 30 años en cartelera...-En Viudas e hijas el único hombre es Gonzalo Urtizberea, que es el muerto; después están María Valenzuela y Paula Morales, además de Iliana. Si tengo que juzgar por Brujas, que hicimos 33 años, a las pruebas me remito. Y con mujeres nada fáciles, porque estábamos con Thelma Biral, Moria Casán, Graciela Dufau, Susana Campos... Después estuvieron un tiempo Leonor Benedetto y María Leal. Son todas señoras de carácter y, por lo visto, muy mal no nos llevamos sino no hubiéramos hecho tantos años una obra tan fabulosa. También hice Mujeres de cenizas con Mercedes Carreras y éramos todas mujeres. Mi experiencia no ha sido mala, al contrario. View this post on Instagram -Estrenás una serie Net TV, ¿creés que puede ser el primer paso para que la ficción vuelva a la televisión abierta?-Ojalá. Estrenamos en un canal de aire, y después va a ir a una plataforma. Es muy gratificante porque interpreto un personaje que no hice nunca, porque Sombras es un thriller. Cuando me vi con la peluca canosa haciendo esa vieja monstruosa, me dio mucha satisfacción y dije: “¡Qué suerte!”. Porque alguna vez en la vida me tenía que tocar ser mala… Siempre hago las dulces y buenas. Siempre soy la pobre heroína, la santa.-Tenías ganas de hacer de mala…-Tenía ganas, sí. Me dieron una buena oportunidad. Cuando leí el libro me asusté un poco porque dije: “¿Voy a poder hacerlo?”. Y después pensé: “Por qué no… Tengo que intentarlo”. Y la verdad que fue un placer. Trabajé todo el tiempo en la cama... No me moví nunca porque le hago creer a todo el mundo que estoy paralítica. -¿Por qué decís que te dio un poco de miedo? -Porque era un personaje totalmente distinto a los que estoy acostumbrada a hacer. Hice otro tipo de personajes como la jueza de Montecristo que no tenía nada que ver con la Paloma que interpreté de joven, obviamente. O la madre de Padre Coraje. Este de Sombras es realmente muy retorcido. Para mí es una gratificación que me llegue a esta altura de la vida. Me dio mucho placer. Ojalá sea un principio y se sigan haciendo ficciones y se pueda seguir trabajando. Sobre todo para la gente joven que está sin trabajo. -¿Nunca pensaste en parar y descansar un poco?-No, me da una tristeza terrible. Yo estoy sola, no tengo un compañero. Tengo dos hijas y siete nietos maravillosos, y en febrero voy a ser bisabuela de una nena, así que estoy chocha. Nos vemos permanentemente, los domingos comemos toda la familia junta, pero cada uno tiene sus compromisos. Durante la semana soy una mujer que está sola. ¿Y qué hago todo el día en mi casa? Leo un rato. Miro televisión otro rato. Miro una miniserie. ¿Y qué más? Trabajar me energiza. Pero yo creo que a todo el mundo le pasa lo mismo. Bienvenida sea la jubilación porque a todos nos ayuda. Pero no hay que retirarse. La gente jubilada puede hacer otras cosas distintas, o de otra manera, pero tiene que seguir activa. Yo necesito actividad. Cuando nazca mi bisnieta voy a tener a quien cuidar, porque hace mucho tiempo que no hay bebés en mi familia; mi nieto mayor tiene 33 años y ahora se casa otra nieta, en diciembre. La familia se agranda por ese lado.-¿El secreto de verse tan bien, entonces, es seguir en actividad?-Yo me siento bien, y eso que en este momento estoy convaleciente de una operación. Hace dos meses que me operé de la cadera; tuve que hacerme un reemplazo de la cadera izquierda. Estuve un mes sin hacer función y volví, pero en el escenario estoy con bastón, aunque en mi casa no lo necesito. En el escenario, el bastón me da más seguridad, siento que necesito tener un apoyo. Todavía no me animo a largar el bastón. El otro día me animé a sacar un ratito a mi perro, porque mis hijas no me dejan sacar por las dudas, porque me tira, aunque es chiquito. Ahora estoy con ánimo y no lo quiero perder. Es lo único que le pido a Dios. View this post on Instagram -¿Alguna vez perdiste el ánimo y la pasaste mal?-Sí. Cuando salí de la operación, el primer mes me costó mucho. Estuve muy deprimida. Siempre estuve muy activa y un mes dentro de casa me deprimió. -¿Y a qué apelaste para salir adelante?-A un psiquiatra. Y empecé a hacer terapia a los 81 años, porque no había hecho nunca en mi vida. Me está ayudando. Y ya cuando volví al teatro me cambió el ánimo. Si no me daba una tristeza… Me parecía que veía todo negro. Todo me daba una depresión terrible, a pesar de que me venían a visitar todos los días una nieta o una hija. Trabajar es tan maravilloso a cualquier edad. Por eso digo que la jubilación tendría que estar organizada de alguna otra manera bueno; en algunos países la gente jubilada tiene otras actividades para hacer… Que no quede como que se terminó todo y hay que quedarse en casa. Tengo una amiga que le encanta cocinar, por ejemplo, y empezó a vender tortas; encontró una salida, no solamente económica, sino muy placentera porque le gusta cocinar.-¿Y a vos te gusta cocinar?-No, pero he cocinado en mi vida, por supuesto… Comida de todos los días, para mi familia, pero nunca he sido una gran cocinera. Y me he defendido bastante bien, pero como decía Ana María Campoy, a mí me gusta pintarme la cara (risas). -Y lo hacés desde muy chiquita… Siendo hija de actores, ¿te imaginaste alguna vez haciendo otra cosa?-Yo creo que no. Cuando era chica me acuerdo que me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande, y me parecía una pregunta tan absurda porque ya sabía que quería ser actriz. ¿Qué otra cosa iba a hacer? De todas maneras, por mandato familiar, terminé el magisterio y también fui asistente social pero jamás ejercí. En el último año de asistencia social me llamaron para hacer radio teatro.-¿Cómo fue esa primera vez? -Mi padre (Homero Cárpena) había hecho una gira a España con un grupo de actores argentinos en los cuales yo estaba también, pero yo era muy chica… Tendría 12 años en ese momento y trabajamos mucho. Debuté en el Teatro Benito Pérez Galdós en Las Palmas de Gran Canaria. Esa fue la primera vez que subí a un escenario. Siempre estuve metida en un teatro haciendo cositas, dando letra, o haciendo lo que se necesitara. Mi mamá (Haydeé Larroca) trabajaba con mi papá en una compañía de actores y yo hacía vida de teatro y me acostaba tarde como ellos… Perdí un año de colegio porque me llevaron de gira, y mi hermana Claudia era bebé, recuerdo. Esa vida era natural para mí. -¿Y cómo siguió tu carrera?-Un señor que se llamaba Diego Santillán me vio trabajar en Madrid y cuando buscaban a una actriz para la película Bettina se le ocurrió convocarme. “Che, la hija de Cárpena tiene la edad, no trabajó pero la vi en España y da para el personaje, por qué no le hacemos una prueba”, dijo. En ese momento no se decía casting sino prueba. Lo primero que hice en cine, entonces, fue un protagónico que me sirvió para que me viera la gerente de Palmolive y cuando cambiaron la pareja en el Teatro Palmolive en el aire, que en esa época encabezaban Beatriz Taibo y Atilio Marinelli, contratan a Guillermo Bredeston y me probaron a mí.-Y eso te cambió la vida porque no solo debutaste en televisión sino que conociste a tu gran amor…-Sí. Pero recién al año siguiente nos pusimos de novios. En ese momento había contratos de un año y al siguiente nos contrataron otra vez y durante ese año empezamos a noviar. -¿Lo extrañás?-Extraño el compañero, las charlas (se emociona). -Hiciste decenas de novelas y una de ellas fue la segunda temporada de Rolando Rivas, ¿cómo fue entrar en lugar de Solita Silveyra, la pareja del taxista que el público amaba?-Muy difícil. (Alberto) Migré me había llamado para hacer el primer año, pero yo estaba ocupada y no pude. Cuando volvió a llamarme para el segundo año le pregunté qué iba a hacer con Mónica Helguera Paz, el personaje de Solita; si iba a matarla. Porque yo no iba a reemplazar a una actriz sino a una mujer en la vida de Rolando… A ella la amaban y la gente me iba a detestar. Me dijo que no iba a matarla, pero iba a hacer que la gente no la quisiera. En el primer capítulo del segundo año de Rolando Rivas trabajamos las dos. Mónica queda embarazada y decide no tener el chico y suspende el embarazo, y cuando él llega a la casa se entera y sale corriendo desesperado a buscarla y se lleva por delante a un nene chiquitito que está jugando a l
Fuente: La Nación