Investigadores de la agencia de investigación agrícola y de ciencias biológicas del estado de Texas, Texas A&M AgriLife, se preparan para estudiar los efectos de la radiación solar en semillas de uva que permanecieron seis meses en la Estación Espacial Internacional (EEI), y que pronto regresarán a la Tierra para ser plantadas y puedas a producir.
El proyecto, que forma parte de la plataforma de investigación TAMU-SPIRIT-1 (Texas A&M/Aegis Aerospace Multi-Use Space Platform Integrating Research and Innovative Technology), va en línea con una tendencia que parece ir en aumento, y que apunta a exponer distinto materia genética a condiciones extremas como las que ofrece el espacio. De hecho, Argentina ha tenido experiencias propias con semillas de maíz y quínoa.
La iniciativa texana, en particular, surgió de la mano de los estudiantes de Ingeniería Aeroespacial Coby Arnold y Arvind Subramanyam, y de un especialista en viticultura de esa agencia, Justin Scheiner, con el objetivo de determinar si la exposición prolongada a ese tipo de radiación podía inducir mutaciones genéticas.
Laboratorio en Texas
Para eso, una vez que las semillas regresen de su largo viaje serán plantadas junto a otras semillas de control idénticas, dentro del viñedo de investigación de AgriLife, ubicado en Thomas Ranch. Eso permitirá analizar las diferencias en el crecimiento de las plantas, el desempeño de las vides y sus características genéticas.
Según dieron cuenta desde esa agencia, las variedades de uva seleccionadas fueron escogidas por poseer características y rasgos genéticos nativos de valor para la producción texana, así como resistencia a enfermedades y adaptación a las condiciones de suelo y disponibilidad de agua. Una de las elegidas para la misión fue Lomanto, un cultivar local desarrollado a a comienzos del siglo XX.
Pero el estudio no terminará con el análisis de las muestras. Los investigadores también esperan poder producir vino a partir de las uvas de estas semillas espaciales, que podría convertirse en el primer en su tipo. Es por eso que prevén que el proyecto se extienda por cuatro a cinco años.
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A largo plazo, desde esa agencia especian que la investigación sirva para aportar conocimientos para el mejoramiento vegetal, la resiliencia y la sostenibilidad, tanto en la Tierra como fuera de ella.
Tal y como se mencionó, Argentina realizó experiencias similares. La primera se conoció en 2025, cuando la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) envió semillas de maní argentino a la Estación Espacial Internacional.
La misión comenzó el 1 de agosto de ese año y se llevó adelante junto al Instituto Gulich, la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y la empresa estadounidense Jaguar Space. También participó la Cámara Argentina del Maní, la Fundación Maní Argentino, la empresa AgResearch Consultants Inc.
El objetivo era el impacto de las condiciones de microgravedad, radiación y temperatura, entre otras, en el desarrollo de especies agrícolas de importancia.
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El envío de las muestras se realizó a bordo de una cápsula Crew Dragon tripulada, como parte de la misión Crew-11 de SpaceX. Las muestras retornaron a la Tierra en un vuelo posterior de carga, para su análisis genético en laboratorios de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC.
Tiempo después, en marzo de este año, en el marco de un acuerdo internacional con la Orion Space Generation Foundation, el INTA aportó semillas de quinoa para un envío previsto en el segundo trimestre.
“El espacio funciona como un laboratorio natural de condiciones límites: alta radiación, escasez de agua, suelos minerales pobres y variaciones térmicas extremas. Estudiar cómo reaccionan las semillas frente a estos factores permite identificar mecanismos de adaptación que luego pueden aprovecharse en programas de mejoramiento genético”, explicaron en aquella ocasión desde INTA.
Agro & Campo
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Fuente: Bichos de Campo