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Juan Lucas Martín, psicólogo: “hay técnicas para bajar el estrés emocional que cada persona puede hacer todos los días sin esperar ir al consultorio”
A los 21 años, mientras estudiaba psicología, a Juan Lucas Martín le detectaron una hepatitis rara, grave e incurable. Estuvo en cama casi siete meses, se deprimió y bajó 15 kilos hasta que, por medio de herramientas de meditación, EFT (Emotional Freedom Techniques) y medicina alternativa, empezó a visualizarse sano, corriendo y retomando su vida normal. “Fue un milagro”, dijeron sus médicos cuando comprobaron que, contra todo pronóstico, se curó. En poco más de un año se recuperó por completo y hasta terminó participando de un triatlón. Hoy, dos décadas después, se especializa en tratar fobias, estrés postraumático y ansiedad a partir de un método que integra neurociencia, psicología y prácticas contemplativas y que, gracias a sus conferencias, ya acompañó a más de 200.000 personas.Hoy Juan Martín vive en los Estados Unidos, pero ahora se encuentra de paso por Buenos Aires donde vino a compartir su experiencia en un espacio que llamó “Sentido”: uno será este miércoles 23 en el teatro de la calle Corrientes - Lola Membrives-, el otro, este viernes 25 de septiembre en la ciudad de Mar del Plata: en el teatro Roxy-Radio City. –Más de 20 años después de tu recuperación, ¿qué sentido le asignás a lo qué te pasó?–Creo que el sentido que le di fue justamente dedicarme a lo que me dedico, porque eso me abrió un panorama y un mundo que no conocía, que era el poder de la mente, el poder de los sentimientos y cómo afecta eso al cuerpo. Si no me hubiera enfermado tal vez hubiese sido un psicólogo, no tradicional, porque nunca me gustó la psicología tradicional, pero hubiese sido un psicólogo en el consultorio, digamos. Lo que me pasó fue un antes y un después, me entregué a esa misión con el objetivo de llegar a la máxima cantidad de personas. Todo se fue dando como un proceso: me recibí, empecé a atender pacientes y a ver cómo con estas técnicas mejoraban rapidísimo, porque entre sesión y sesión lo practicaban. Son técnicas autoaplicables, las podés hacer todos los días, no tenés que esperar al día de la sesión. Ahí empecé a dar conferencias, aunque me daba timidez hablar en público, y al principio obviamente era poquita la gente que iba, 15, 20 personas, y con mucha paciencia, recién ahora, 16 años después de cuando empecé, vienen miles de personas.–¿Por qué cuesta tanto el abordaje más integral, holístico, de las enfermedades y los padecimientos?–Sí, es verdad, lamentablemente, pero está un poco mejor que unos años atrás, porque hay tanto estrés y tantas enfermedades producto del estrés que los médicos están empezando a aceptar la respiración, la meditación y el deporte como algo terapéutico. No quiere decir que todas las enfermedades son por estrés, claro, hay multifactores: mala alimentación, toxinas, malos hábitos, condiciones genéticas, pero ya nadie discute que el estrés crónico te enferma, eso te lo puede decir cualquier médico, por más descreído que sea de todo lo emocional.–¿Y cómo son tus conferencias? ¿Cómo serán las que vas a dar en Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Buenos Aires en septiembre [el 23 se presenta en el teatro Lola Membrives]?–Interactúo con la gente, no es una conferencia tipo congreso. Primero hay una explicación teórica, científica, para que sepan que esto no es algo en el aire, que está comprobado, que hay estudios, y luego comparto cinco técnicas y les muestro cómo aplicarlas. La gente se va aliviada. Se llama El Sentido y está hecha para el que empieza de cero. No se necesita experiencia en meditación ni en nada. Son técnicas para bajar el estrés emocional (eso incluye muchas cosas, como trauma, miedo, ansiedad, enojo, rencor). Después de que eso sucede –con respiración y con ciertas técnicas que les voy enseñando– la idea es aprender a despertar nuevas redes neuronales para visualizar de aquí adelante. O sea, sano el pasado pero también qué quiero decir a partir de ahora, y ahí entra el poder de la visualización. El nombre de El Sentido, es porque una vez que aliviamos el dolor, podemos encontrarle el sentido a lo que dolió. Si no le encontramos sentido, no se termina de sanar completamente. Hay que pasar del dolor al aprendizaje, del “¿por qué a mí?” al “¿para qué me pasó esto?” Alivia mucho el “para qué”.–¿Por qué algunas personas logran sanar, como vos, que hiciste tu proceso y estás bien, y otras no lo consiguen?–Eso es un misterio de la vida. Hay personas que hacen todo a nivel médico y a nivel psicológico, le ponen toda su actitud, pero no se curan y se van de este mundo. Y uno se pregunta ¿por qué? Si puso todo... Bueno, pero sería muy soberbio decir “todos podemos hacerlo”. No lo sabemos; mucho puede tener que ver la actitud, pero también están las emociones, los hábitos, la alimentación, la genética, hay muchas causas. Lo que yo te diría es que cuanto más te lo creas, más certeza tenés de que va a pasar. Yo le llamo fe y no es una palabra religiosa, es creer en lo que no ves. Yo le doy a la gente ejemplos fáciles: al viento no lo veo, pero existe. Bueno, necesito creer lo máximo posible, practicar lo máximo posible, comprometerme a sanar todo, hasta el último gramo de emoción negativa. El resultado nadie te lo va a garantizar, pero va a ser mucho mejor si pensás y sentís en positivo que si estás en negativo.–¿Por qué seguimos reaccionando a cosas que ya pasaron? ¿Por que experiencias anteriores pueden seguir condicionando nuestras respuestas actuales, incluso cuando creemos haberlas superado?–Cuando no sanás el trauma –por ejemplo un abandono, violencia en la infancia, abuso de todo tipo, una pérdida de alguien, una traición, lo que sea que quedó como trauma–, te pasa algo años después y reaccionás con demasiada emoción. Eso es porque esto actual te está haciendo acordar a eso. Cuando lo sanás, respondés sin carga adicional. No reaccionás, respondés al presente.–Esta es la pregunta del millón: ¿cómo se hace para vivir con más tranquilidad y menos ansiedad en un mundo de conexión constante, exigencia y productividad?–Yo les diría que prueben las técnicas que están gratis en mi web: cuatro meditaciones y un curso. Entonces, les diría que sí, hay que bajar un cambio. ¿Cómo? Haciendo respiración, meditación, trabajando lo que me estresó del pasado, lo que me estresa del presente.–Y en todos estos años de experiencia, ¿qué dirías que es lo que más impacta positivamente? ¿Qué es lo que le trae más alivio y paz a las personas?–Diría dos cosas. Primero, encontrar herramientas que puedan practicar todos los días, cosas fáciles, como respirar y meditar, agradecer. Y también encontrar una vida espiritual. De nuevo: espiritual no quiere decir religioso. Podés tratar con una religión o no, meditando, contemplando la naturaleza, pero una práctica de silencio, de contemplación, para después salir al mundo todos los días y poder mantener esa calma.–¿Qué pensás que tenés que es diferente al resto? ¿Qué motiva tu éxito?–Creo que la gente me cree porque soy transparente, no vendo nada que no soy. Tengo cero ego, practico todos los días las mismas técnicas que enseño desde hace 20 años. Únicamente digo “a mí me sirvió esto”, el que lo quiere está gratis en mi web, y el que quiere saber un poco más puede venir a un curso. Creo que esa es la clave. Otro ingrediente importante es que integro muchas técnicas; algo que tal vez algunos colegas no hacen. Y también me ocupo de empoderar a las personas, al punto de decir: “No me necesitás a mí, necesitas practicar”.
Fuente: La Nación