Vendieron su casa, cambiaron de vida y encontraron en las sierras algo que no sabían que buscaban

“Adelantamos lo que queríamos hacer de jubilados: no sé si más tarde hubiéramos tenido la energía para armar esto”, dice feliz Berenice Grigioni al describir el impulso que la llevó, junto a su pareja Francisco Pesci, a mudarse con sus hijos a Traslasierra y empezar una nueva vida desde cero. De una vida consolidada en La Plata pasaron a instalarse en un terreno de una hectárea sobre un camino rural cordobés, en La Población, una localidad de pocos habitantes donde concretaron el sueño que compartían desde que estaban juntos: crear un complejo de cabañas. Lo llamaron La Singladura.“Con el cambio ganamos principalmente tiempo”, aseguran convencidos. Tiempo para estar. Ella tenía una exitosa carrera corporativa como economista, mientras que él, peluquero, era socio de una peluquería. “Antes, a mis hijos los veía solamente de noche. Acá ganamos tiempo con ellos y también para nosotros, y eso es invaluable”, cuenta Berenice.Dice que en su otra vida “cuando arrancaba el invierno me compraba tres pares de botas; lo mismo en verano con las sandalias. Desde que vivo acá no compré nada. Ya no me interesa y tampoco lo necesito”. Hoy disfruta del tiempo en familia. Además de administrar La Singladura, hace danza, juega al pádel y practica yoga, actividades que antes parecían imposibles de encajar en su rutina.También construyeron una nueva red afectiva. Hicieron muchos amigos y recuperaron una vida social intensa, en buena medida junto a otros que llegaron al lugar con historias similares. “Somos una historia más acá”, dicen. La familia y los amigos de La Plata siguen presentes y las visitas son frecuentes, pero la vida cotidiana encontró otro ritmo. “Acá la vida es maravillosa porque tenemos tiempo para hacer un montón de cosas y trabajamos de algo que nos gusta mucho”.Un lugar claveLa Población se encuentra a 50 minutos de Merlo, San Luis, y a otros 50 de Mina Clavero. Viniendo por la Ruta Provincial 14 desde el sur, se llega después de recorrer varios kilómetros atravesando campos por una recta que corre paralela a las Sierras Grandes. Esa parte del camino y la majestuosidad de la sierra fueron las que, durante unas vacaciones, los impulsaron a detenerse en la inmobiliaria de La Población, que junto con la escuela, la ferretería, la despensa y un restaurante era y sigue siendo de lo poco que se distingue sobre la calle principal del pueblo.A pesar de tener su casa en La Plata, “algo nos dijo que era por acá”, asegura Berenice, pocos años después, desde La Singladura, el proyecto que cambió sus vidas por completo. El nombre no es casual: simboliza el camino recorrido hasta llegar a destino. “Singladura, en náutica, es la trayectoria que recorre una embarcación hasta llegar a su destino”, explica Fran.Todo ocurrió muy rápido. En abril realizaron el primer viaje y en junio regresaron para comprar el lote de una hectárea desde donde se aprecia toda la presencia de la montaña y los atardeceres del valle. En ese momento, Berenice estaba embarazada de su segunda hija y ambos tenían una vida cómoda y organizada, con trabajos estables y una casa que imaginaban para siempre.Aunque la idea inicial era que el terreno se convirtiera en un proyecto a largo plazo, una vez que lo compraron comenzaron a viajar cada vez con más frecuencia para verlo. Y, casi sin darse cuenta, aquel plan lejano fue ocupando un lugar cada vez más importante en sus vidas.“Cada vez nos entusiasmábamos más”, recuerdan. Más allá de sus profesiones, a ambos siempre les gustó recibir y atender gente. Desde que eran novios, cada vez que viajaban imaginaban que algún día tendrían su propio lugar y fueron pensando cada detalle. Y aunque ella soñaba con la playa y Fran con un sitio donde pudiera pescar, el destino terminó siendo muy distinto de lo que habían imaginado. Sin embargo, encontraron en La Población algo que hizo clic en ellos.Mudanza con final felizCuando finalmente se decidieron, su casa en La Plata se vendió enseguida, con fecha de entrega para el 20 de marzo de 2020. El día que todos recuerdan, pero ellos más que nadie. Con el inicio de la pandemia, la operación quedó congelada. Tenían la casa completamente embalada, apenas seis platos a mano y todo listo para mudarse.Recién en julio apareció una oportunidad para concretar la operación y finalmente pudieron avanzar con el traslado.En cuanto estuvieron terminados el lavadero y la cocina de su nuevo hogar en las sierras, se instalaron allí con sus hijos, de 7 y 9 años, mientras supervisaban la construcción de las cuatro modernas cabañas donde esperaban recibir huéspedes en el futuro. “Nosotros construyendo cabañas en plena pandemia, cuando no se sabía qué iba a pasar con el mundo”, recuerdan entre risas al pensar en aquella aventura.Mientras Berenice continuó con su trabajo remoto, Fran descubrió habilidades para la carpintería y fabricó gran parte del mobiliario de las cabañas.¿El resultado? Cuatro suites amplias y luminosas, con grandes ventanales y un estilo rústico contemporáneo que combina piedra de la zona, madera y detalles cálidos. Cada una cuenta con piscina privada y solárium, además de una bañera isla junto a la cama y salamandra para las noches frescas.Están pensadas para parejas o amigos, con camas queen o twin y ropa de cama premium. El desayuno forma parte de la experiencia y se sirve directamente en la suite para disfrutar sin apuro. A la carta, incluye infusiones, frutas de estación, yogur artesanal con granola, pastelería del día y panes caseros, como tostones de masa madre y ciabattas rellenas.Más infoLa Singladura Calle Pública s/n, La Población.Tel.: (3544) 57-9134.Instagram: @lasingladuraSuite doble con desayuno, $220.000. De lunes a jueves, $168.000.

Fuente: La Nación